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FNAL DE HEREDEROS. María Reyes

RTVE.es

Claudia intentaba abarcarlo todo con la mirada, la aversión que toda la gente que conocía tenía por ese lugar contrastaba con la atracción que ejercía sobre ella. La finca le resultaba un pequeño paraíso. Una sonrisa se dibujo en su rostro al tiempo que se aproximaba a la entrada de la cocina. Casi podía distinguir la silueta de la persona que venía buscando. Sigilosa se dirigió a su encuentro, procurando no ser descubierta. Al llegar a la puerta arrastró sus pasos, echó una ojeada adentro y estuvo a punto de hablar pero su anfitriona se le adelantó.

- Ya te habías tardado en venirme a saludar.

- ¡Tata! - contestó ella decepcionada para luego arroparla con sus brazos ¿ siempre me descubres.

- ¿Qué quieres? Es mi trabajo estar al tanto de todo ¿ acarició el rostro de la muchacha- tenía tantas ganas de verte, pero que bonita estas.

Claudia se dejo mimar.

- Anda que no nos vamos a poner nostálgicas, ¿sabes que me pienso quedar una larga temporada?

- ¿De verdad?, pero ¿y la universidad?

- Me acabo de matricular en una aquí mismo en Madrid, que ya estoy cansada de tanto viaje y tanta Suiza, que ya está bien.

- ¿Y tu madre?

- Mamá hace meses que vive en Cuba, dice que ahora sí encontró al amor de su vida, no quiero ser agorera pero a mi ese tipo no me da buena espina y mira que se lo he dicho pero nada, está igual que con Cristóbal.

- ¿El chileno? Pues vaya que le ha gustado Sudamérica.

- Y que lo digas, está convencida de que su príncipe azul está escondido en el Cono Sur, y mira que he tenido paciencia pero hay veces que al tal Bobby me dan ganas de...

- Es tu madre... y tienes que respetarla.

- Que ya lo sé Tata pero es que francamente no entiendo ¿Qué manía con que un hombre la proteja?

- ¿Y tú qué me dices de Ariel?

- No me lo recuerdes, que quiere que nos casemos.

- Y tú no.

- ¡Qué va!, ¿casarme ahora?

- Y yo que pensé que tu madre era la única que se oponía.

- Esa es otra. Siempre diciendo que somos como hermanos. Si dejamos de vernos cuando yo tenía siete, cuando se separó de Andrés, y hasta hace poco.

Mientras la muchacha se desahogaba, la otra se afanaba en preparar el té.

- En fin, hay quien no está contento si no está teniendo problemas.

- Hija, no es por nada, pero eso ya es cosa de tu familia.

- ¿Lo dices por mi tío? ¿respondió Claudia, sonriente.

- ¿Jacobo?

- Pues claro, ya lo conoces está todo loco con su ¿regreso triunfal¿ va a reaparecer en América, la próxima temporada... Además acaba de casarse.

- ¿Otra vez?

- Sí Tata, ¿no lo sabías?

- Las viejas ya no nos enteramos de nada, además, nadie viene a verme.

- No digas eso, ¿y yo qué?

- Tú eres la única ¿sonrió ¿y me bastas.

Las dos se miraron cariñosamente. El silbido de la tetera rompió el momento. Claudia miró a su nana levantarse e ir por ella. Fijando su mirada en la taza sonrió otra vez antes de preguntar.

- A que no adivinas quien fue la afortunada esta vez.

- Cecilia. ¿dijeron al unísono.

- Otra vez.

- ¿Ves lo que te digo?

- Pobre tío. A ver cómo le va con su regreso, a su edad, y con el peso que tiene que perder, lo bueno que hace tiempo que está limpio, ya sabes, él un rato de locura, vuelve a la clínica y ya está, como nuevo.

- Pobre Jacobo mío. ¿suspiró la otra. En fin, a ver si ahora sí.

Claudia dio un sorbo al té.

- Está delicioso como siempre. Gracias.

- De nada ¿se le quedó mirando ¿ Has crecido tanto. Parece que fue ayer cuando eras una pequeñita y ahora, toda una mujer.

- Eso es algo que mi padre debería saber.

- Tu padre ¿meneó la cabeza ¿ ¿qué te ha dicho esta vez?

- No confía en mí. Y no quiere aceptar que puedo ayudarle. A ver, ¿quién le aconsejó que vendiera las acciones de la televisora?

- Bernardo puede ser muy cabezón.

- Lo que pasa es que es un neurótico, si sacara las narices un poco de su oficina.

- Claudia, ya se le pasará. Te quiere mucho... Le has hecho falta por muchos años.

- Bueno, bueno, pero es que yo no tuve la culpa.

- Tenle paciencia hija. Poco a poco.

- Pero es que cada vez está peor. ¿Sabes lo que me dijo el otro día? Que mi abuela está viva.

La otra dejó su taza sobre el plato. Levantó la mirada y sonrió.

- ¿Cómo dice eso?

- Me lo confesó el otro día. Insiste en que todas y cada una de los fracasos que ha tenido son por su culpa, que se está entrometiendo...

- Por Dios ¿dijo ella entre risas ¿ Vas a tener que cuidarlo mucho.

Claudia se rió también. Luego miró fijamente a su nana, acarició su cabello casi completamente blanco.

- ¿Cómo era mi abuela? ¿preguntó al fin.

- ¿Por qué me lo preguntas? ¿le respondió, parecía haberse entristecido.

- No lo sé, toda mi vida he andado de aquí para allá, a mi Mamá...a ella nunca se lo he preguntado, y a mi Padre, ni mencionársela... Tú la conociste desde que eran jóvenes, ¿no?

Meneaba el té con una cucharilla, había bajado la mirada.

- Sí. ¿respondió al fin ¿desde niñas. Ella...Carmen, no tuvo una vida fácil. Al final, sólo quería que todos ustedes estuvieran juntos. ¿suspiró ¿ Y ya ves.

Claudia tomó su mano en silencio, ella la miró.

- Le hubiera encantado conocerte ¿acarició su mejilla. ¿Te pareces mucho a ella.

Había anochecido sin que se dieran cuenta. Las dos caminaban a través del jardín, rumbo a la entrada principal.

- Ojalá no tuvieras que irte.

- No te preocupes, ya te dije que de ahora en adelante voy a venir a verte hasta que te aburras de mí.

- No lo creo, pero tú trata.

- ¿Te acuerdas cuánto me gustaba correr por los jardines cuando era niña?

- Y treparte a los árboles, y esconderte en los rincones, y desordenar las habitaciones...

- No me cansaba de este lugar, ojalá hubiera estado aquí en vez de en ese internado.

Claudia abrió la puerta de su automóvil y echó adentro sus pertenencias.

- ¿No traes chofer?

- No, no me gusta. Quiero conducir yo misma.

- Tú siempre igual.

- Ya verás como vuelvo pronto. ¿No has visto a Nino?

- No. Ya sabes que desde que abandonó la ganadería no le gusta venir, y Lorena está por alumbrar.

- Jo, ¿cuántos llevan? ¿cinco?

- Es el sexto. A ver si éste si le sale torero

- Yo no tendría tantas esperanzas.

- Da igual, ah, y ya sabes, si lo ves, no le vayas a decir que has venido a verme.

- Como siempre ¿ le guiño un ojo - , no te preocupes, es nuestro secreto.

El automóvil salió saludando con el claxon a manera de despedida. La muchacha agitaba el brazo también. Cuando la perdió de vista se dio la vuelta. La finca se levantaba imponente frente a ella. Pausadamente se encaminó de regreso. Entró y cerró la puerta tras de sí. Fue sorprendida por las luces encendiéndose.

- ¿Se ha ido ya?

Volteó y sonrió recuperándose de un ligero sobresalto.

- ¿En dónde te metes Teresa?

- Supuse que querrías estar a solas con ella.

- Que bien me conoces.

- ¿Una taza de café?

- Te lo iba a pedir.

- Sube, que ya te lo llevo

Subió las escaleras apagando las luces a su paso. Llegó hasta su habitación, su hogar, el verdadero lugar en el que reinaba. Cerró la puerta tras de sí. Aspiró el aroma de la familiaridad, sus libros, su ropa, esa que había pasado tanto de moda y que hace tanto tiempo estaba abandonada en su armario. Todo lo que había podido salvarse del fuego. Sonrió al recordar cuánto se había reído con la confusión, al escuchar la lectura del testamento, lo que había disfrutado su casa, al menos los primeros años, y el retiro...que difícil resultaba esa palabra, no podía engañarse, la tentación había sido más fuerte y no podía confiar al cien por ciento en Bernardo, además por más que se quejara ahora, bien que debió haber disfrutado con esas partidas que a distancia libraron en más de una ocasión, ¿que si estaba viva?, pobrecillo, a su edad y con esos complejos. Recorrió el estante con sus retratos. Sus niños, Isabel...se le estrujaba el corazón cuando se acordaba de Isabel. Su conciencia se refugiaba en aquella vez, hacía tantos años que las dos se consolaban mutuamente, "no quiero vivir Carmen", le había dicho. Se había tardado mucho tiempo en cumplir su petición. Estaba segura que ella hubiera estado de acuerdo, no le habría gustado ver a su hermana en la cárcel. Encendió la luz y quedó justo frente al espejo. Se examinó un momento. A ella misma le hubiera costado trabajo reconocerse. Decidida llegó hasta aquel rincón y retiró la tela que cubría su cuadro. Después de tanto tiempo por fin reconocía esa mirada.

- "Claudia" ¿dijo para sí, sonriendo.

- ¿Recordando?

Dio la vuelta y tomó asiento junto a Teresa en la mesita de servicio.

- ¿Qué más me queda?

- No finjas Carmen, que nos conocemos.

- ¿Sabes que Bernardo comienza a sospechar?

Las dos mujeres se miraron y no pudieron evitar una sonrisa.

- ¿Cuándo aprenderás mujer?

- Claudia va a venir la próxima semana.

- Qué bueno, tengo ganas de verla.

- Hay que sacar a la sala ese retrato.

Teresa la miró preocupada.

- ¿El retrato?

- Lo sabe todo, estoy segura.

- ¿Vendrá para quedarse?

- Eso espero.

- Estás pensando en algo...

- Nada que no haya hecho antes. Ella es lo que había estado esperando.

- Tu sucesora.

- Exactamente.

- Carmen, Carmen ¿no estás cansada?

Ella la miró, sonriente.

- Nunca es tarde para volver a empezar.