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'El Cid', el gran clásico del cómic histórico español

  • Se reedita la obra maestra de Antonio Hernández Palacios
  • Un tomo integral recoge los cuatro episodios que completó

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Viñetas de 'El Cid' de Antonio Hernández Palacios
Viñetas de 'El Cid' de Antonio Hernández Palacios

Se da la paradoja de que la Historia de España es una de las más ricas, variadas e interesantes, pero el cómic español (igual que el cine) la ha reflejado fielmente en muy pocas ocasiones. Incluso los dibujantes españoles han dibujado grandes series históricas para los franceses mientras dejaban de lado nuestra propia historia. Con excepciones como la Guerra Civil, de la que hemos leído grandes cómics en los últimos años (mucho mejores que las películas).

Por eso es tan importante la reedición, en un tomo integral, de la que probablemente sea la mejor serie histórica del cómic español: El Cid (Ponent Mon), de Antonio Hernández Palacios, uno de los mejores dibujantes de la historia del cómic que compaginó sus encargos para el mercado francés (Mac Coy) con series más personales como La Guerra Civil (Eloy, uno entre muchos, Río Manzanares, 1936, Euskadi en llamas y Gorka Gudari), Manos Kelly o Roncesvalles.

El Cid es su gran obra maestra, porque fue a la que dedico más cariño y esfuerzo, convirtiéndola en un gran fresco histórico sobre una de las épocas más oscuras y a la vez más apasionantes de nuestra historia.

Portada y página de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios
Portada y página de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios

Portada y página de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios Ponent Mon

Una joya que ahora se reedita en un tomo integral que contiene los cuatro cómics que Palacios llegó a completar (Sancho de Castilla, Las Cortes de León, La toma de Coimbra y La cruzada de Barbastro). Tebeos que deberían ser recomendados en los colegios por su rigor y precisión histórica.

Para documentarse, Palacios se empapó de Las Mocedades del Mío Cid (Guillén de Castro 1605-1615), una obra teatral, inspirada en el ciclo de romances sobre el Cid pero también de cualquier libro de historia que caía en sus manos, desde el propio Cantar hasta las Crónicas Najerenses, los escritos de Menéndez Pidal y más de veinte libros sobre el tema.

A pesar de ese cuidado en la documentación, la principal preocupación de Palacios era que los tebeos fuesen entretenidos y apasionantes. Por eso, aunque quiso hacer un cómic histórico de aventuras, cuando la leyenda le parecía más interesante que la realidad, se quedaba con la leyenda.

Y en la que es su edición definitiva, porque el editor de Ponen Mon, Amiram Reuveni, ha contado con la colaboración de la viuda de Hernández Palacios y de varios aficionados; gracias a los que ha podido acceder a los originales de la obra y a la documentación con la que trabajó el dibujante. Ojalá todos los clásicos tuviesen una edición tan cuidada como esta.

Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios
Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios

Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios Ponent Mon

Un poco de historia

El Cid comenzó a publicarse en la revista Trinca a finales de los setenta. Como nos explica Carlos Uriondo (en la excelente introducción del cómic) Hernández Palacios admiraba esa obra maestra del cómic que es El Príncipe Valiente de Harold Foster, pero para el Cid optó por un enfoque muy diferente, huyendo de lo fantástico para darle un toque realista e incluso sucio, centrándose en la tragedia de la familia de Fernando I de León (1016-1065) y, sobre todo en su hijo, Sancho II de Castilla (1065 -1072) primer Rey de Castilla y, por conquista, de Galicia y de León.

De hecho, podemos decir que el gran protagonista de los cuatro cómics es Sancho, aunque siempre acompañado y protegido por su fiel caballero, el Cid. Y la época en la que se ambienta la historia es cuando el bando cristiano empieza a conseguir sus primeras victorias contra los musulmanes en su lucha por el control de la península.

Viñeta de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios
Viñeta de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios

Viñeta de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios Ponent Mon

Una lucha en la que Hernández Palacios refleja con igual interés a los dos bandos, dando también gran protagonismo a los enemigos de Fernando de León,como a los que derrota en la famosa toma de Coímbra (1064), a la que Palacios dedica un álbum entero.

También destaca el cuidado que Hernández Palacios pone en recrear la vida cotidiana en esas ciudades medievales, sus mercados, calles y castillos. Y su perfecta descripción de cómo eran las batallas en esa época.

La obra

La serie de El Cid se inicia tras la batalla de Graus (1063) en la que Sancho luchó contra su tío, Ramiro I de Aragón y concluye con la muerte de Fernando I el Magno, el 27 de diciembre de 1065.

En el primer tomo (Sancho de Castilla) Palacios narra la triste historia de la doncella Usúa y la toma de su fortaleza por las tropas de Sancho; en el segundo (Las Cortes de León) relata las intrigas previas a las Cortes de León; en el tercero (La toma de Coímbra) reproduce esa famosa batalla; y en el cuarto (La cruzada de Barbastro) describe los acontecimientos que rodearon esa cruzada y la reconquista de Toledo por los cristianos, concluyendo con las exequias de Fernando I.

Viñetas de 'El Cid' de Antonio Hernández Palacios
Viñetas de 'El Cid' de Antonio Hernández Palacios

Viñetas de 'El Cid' de Antonio Hernández Palacios Ponent Mon

Un cómic que también era una reivindicación de hasta dónde podía llegar el Noveno Arte si se hacía con rigor y calidad, ya que algunas de las páginas de este Cid figuran entre las mejores de la carrera de Palacios y eso es decir mucho. Prueba del cuidado que puso en este cómic es que firmó todas sus obras como “Palacios” menos esta, que rubricaría como Hernández.

Lo que pudo haber sido

En una entrevista concedida a mediados de los años setenta, Palacios aseguraba que tenía prevista una serie de 20 a 25 álbumes (unas 1000 páginas) pero desgraciadamente El Cid no tuvo el éxito que se merecía y Palacios interrumpió la serie en el cuarto tomo.

En su última entrevista (1998), Palacios aseguró que tenía casi terminado el que hubiera sido el quinto tomo de El Cid, pero es posible que sólo fuese una llamada desesperada para ver si algún editor se interesaba por el cómic, lo que no sucedió.

Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios
Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios

Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios Ponent Mon

En realidad el artista no había empezado todavía a dibujarlo pero había recogido un montón de notas con una cronología muy detallada sobre la historia de El Cid, que nos dan una idea aproximada de lo que podría haber sido ese cómic y la serie entera. Dos años después (2000) Palacios fallecía sin haber comenzado a dibujar ese quinto álbum.

Esas notas (49 páginas manuscritas) aparecen recopiladas al final de este integral, poniendo el broche de oro a un cómic que nos demuestra que cuando un autor de la categoría de Palacios pone su corazón en un proyecto, el resultado sólo puede ser una obra maestra como El Cid.

Una obra maestra que ahora podemos disfrutar en una edición que le hace justicia.

Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios
Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios

Viñetas de 'El Cid', de Antonio Hernández Palacios Ponent Mon