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LITERATURA Z

¿Por qué ya nadie me habla de libros?

  • "Un libro tiene a su creador o creadora, pero también infinitas motivaciones, temáticas, puntos de vista y momentos de reflexión que poder abordar"
  • ¿Somos la generación que menos lee? ¿Hemos cambiado nuestros hábitos de lectura?
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¿Por qué ya nadie me habla de libros?
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Hace unos días me dio por curiosear en la biblioteca de mi pueblo y me topé con “El infinito en un junco”, de Irene Vallejo. Bajo este título, la autora aborda el origen de aquello que se ha convertido en un objeto que no falta en mi día a día: el libro. En un mundo que quizás sea más cambiante e inmediato que nunca, me dio por reflexionar y plantearme una cuestión: ¿por qué ya nadie me habla de ellos? Y con esto no me refiero a que sea imposible localizar alguna entrevista del autor o autora de moda donde desentrañe el argumento de su último lanzamiento; sino algo que va más allá: ¿cuáles son sus motivaciones? ¿Desde qué perspectiva lo lee nuestra generación? ¿Aborda temas que están en mente de los jóvenes? ¿Su lectura nos aporta algún aprendizaje?

Es evidente que la pandemia nos ha dejado un escenario del que es difícil escapar. Al menos por el momento. Estamos inmersos en una sociedad donde la sobreinformación guía nuestros días: Netflix, HBO, programación a la carta... Todo vale cuando se trata de entretener a nuestra mente eligiendo una de las miles de opciones que tenemos a nuestro alcance. Nos hemos "abandonado" de tal manera que las figuras de booktubers bookgramers se han erigido como perfiles a los que no solo miramos con curiosidad, sino con la necesidad de acercarnos a ellos para que esclarezcan un poco el popurrí de contenido que llegamos a tener en nuestra cabeza y nos proporcionen de manera clara alguna que otra recomendación literaria que pueda nos pueda encajar.

Inmediatez vs. sosiego: ¿estamos cambiando nuestra forma de leer?

La falta de estímulos también ha propiciado que muchos de nosotros percibamos el tiempo más lento, más pesado y que incluso lo hayamos aprovechado para hacer una introspección que hasta ahora no habíamos llevado a cabo. En mi caso, este tiempo para descubrirme a mí misma, saber lo que sentía y ponerle nombre y apellidos, me permitió sumergirme en libros con historias de todo tipo. Me daba igual si era el romance más intenso del mercado, el thriller más crudo de la novela negra o un ensayo sobre las motivaciones del ser humano. Fui consciente de que mi atención pendía de un hilo, así que el músculo de la imaginación tuve que ejercitarlo adentrándome en las páginas de decenas de libros.

Ahora lo miro con perspectiva y, en ese momento, puede que tomase la decisión inconsciente de ir un paso más allá con cada título que adoptaba en mi pequeña colección. Necesitaba conocer el porqué de esa historia, comentarla con más gente de mi edad y plantarme frente a su autor y poder decirle: “¿Qué has querido expresar con esto?”. Es lógico que no siempre resulte sencillo, y menos cuando hablamos de creadores de contenido que llevan media vida dedicándose a las letras. Pero en mi posición de periodista y lectora, no quise desaprovechar la ocasión de dar voz a todos aquellos autores que copan las estanterías de una generación marcada por el hastío, incomprensión, incertidumbre y que (sobre)vive en un mundo donde prima la inmediatez y no el sosiego que genera el hecho de comprender un proyecto de manera 360.

"¿Quién no se ha evadido de su vida sumergiéndose en la de un personaje?"

Pocas frases se me habrán quedado marcadas de mi paso por la universidad, pero no puedo olvidar aquella de Umberto Eco en “Nadie acabará con los libros” donde decía: "El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor”. Quizás a mi “yo” de 20 años le plantó la semilla de lo importante que llegaría a ser la lectura en su vida. Porque seamos sinceros: ¿quién no se ha evadido de la suya a través de la de un personaje? Hombre o mujer, niño o anciana; es igual. Todo vale cuando queremos trasladarnos a un mundo que a priori puede parecer inalcanzable, pero que terminamos haciendo nuestro al leer la última página.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos aquellos que siguen creyendo que detrás de una historia hay solo unos cuantos meses de trabajo. Sería algo así como decir que una casa solo está hecha de cimientos: son necesarios, pero el concepto de “hogar” lo componen factores como el trasiego de quienes lo crean, la vida de la que será testigo e incluso la decoración que marca su estilo. Un libro también es todo esto: tiene a su creador o creadora, pero también infinitas motivaciones, temáticas, puntos de vista y momentos de reflexión que poder abordar. Así que en mi intento por comprender cada obra en su totalidad y entender los motivos por los que un autor decide escoger un título y no otro, por ejemplo, invito a que demos una vuelta de tuerca a nuestro modo de plantarnos ante una lectura y abordemos con la misma ilusión todo lo que se esconde tras ella. Ya lo decía Antonio Basanta en “Leer contra la nada”: “Leer, aún siendo un acto comúnmente sedentario, nos devuelve a nuestra condición de nómadas”. ¿Quién nos diría que 2021 se iba a convertir en el mejor escenario para cumplirlo?