Órbita Laika

¿Qué pasa si te tragas un chicle? ‘Órbita Laika’ desmonta el mito y explica qué ocurre en tu cuerpo

Eduardo Sáenz de Cabezón y Ricardo Moure descubren qué pasa cuando te tragas un chicle.

Eduardo Sáenz de Cabezón y Ricardo Moure descubren qué pasa cuando te tragas un chicle.

David Montufo Solervicens

¿Quién no ha escuchado alguna vez que, si te tragas un chicle, se quedará pegado en el estómago durante años? Es uno de esos mitos que sobreviven generación tras generación, probablemente mientras seguimos pegando chicles debajo de las mesas. Pero, ¿qué ocurre realmente cuando nos tragamos uno? Órbita Laika se ha ocupado de resolver el misterio y, de paso, de poner sobre la mesa nuestra relación con el plástico.

Desde los años 50 se han producido alrededor de 9.000 millones de toneladas de plástico en el mundo. Un material tremendamente útil y resistente que, precisamente por su durabilidad, puede convertirse en un problema cuando termina en el lugar equivocado. Y aquí aparece el chicle, un producto cotidiano que contiene una parte que nuestro organismo no puede digerir.

¿El chicle se queda en el estómago?

Ricardo Moure ha explicado en Órbita Laika que gran parte de un chicle sí se digiere: los azúcares y los saborizantes, por ejemplo, pueden ser procesados por nuestro organismo. Pero su componente plástico no se digiere. Ahora bien, eso no significa que se quede pegado en las paredes del estómago ni que vaya a acompañarnos durante siete años, como asegura el popular mito.

Entonces, ¿qué ocurre con él? Según ha explicado Moure, el plástico del chicle se comporta de forma similar a las fibras que nuestro organismo no puede digerir. Es decir, continúa su recorrido por el aparato digestivo y termina saliendo del cuerpo junto con las heces, convertido en pequeños fragmentos. Así que no: nuestro estómago no es una colección de chicles históricos.

El problema va más allá de los chicles: consumimos unas 52 tarjetas de crédito anuales en microplásticos.

El problema va más allá de los chicles: consumimos unas 52 tarjetas de crédito anuales en microplásticos.

Peligro más allá de los chicles

Pero el problema del plástico va mucho más allá de los chicles. Boticaria García ha explicado en el programa que nuestra exposición a estas sustancias también puede producirse a través de la alimentación. Un informe publicado en 2024 por PlastChem identificó unas 16.000 sustancias asociadas a los plásticos, de las que alrededor de 4.000 presentan posibles características peligrosas. Además, algunas de estas sustancias ya han sido detectadas en sangre y órganos humanos.

Muchas de ellas son aditivos que se incorporan a los plásticos para proporcionarles propiedades como color, flexibilidad o resistencia a las altas temperaturas. A esto se suma la exposición a los microplásticos, pequeñas partículas que pueden terminar en los alimentos y bebidas que consumimos.

'Consumimos 52 tarjetas de crédito anuales'

Una investigación difundida por WWF estimó que una persona podría ingerir de media el equivalente al plástico de unas 52 tarjetas de crédito al año. Una comparación que suena a ciencia ficción, pero que sirve para visualizar la magnitud del problema. Dicho así, parece que nuestra dieta incluye un nuevo grupo alimenticio: plástico, con extra de tarjeta bancaria.

Así que la próxima vez que alguien diga que un chicle se queda siete años en el estómago, ya tenemos respuesta. No se queda pegado, pero tampoco es invisible. Y quizá la pregunta más interesante no sea cuánto tarda en salir un chicle, sino cuánto plástico estamos incorporando a nuestro organismo sin darnos cuenta.