Trump frente a un Congreso demócrata: vetos cruzados, comisiones de investigación y límites a la política exterior
- Trump estará más limitado a partir de ahora, pero puede seguir gobernando por decreto
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El triunfo del Partido Demócrata en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos (midterms), en las que ha obtenido la mayoría en ambas cámaras del Congreso (Senado y Cámara de Representantes) condicionará los dos años de legislatura que le quedan a Donald Trump, pero no tanto como puede creerse.
Desde luego habrá una diferencia, porque hasta ahora, con el Congreso controlado por los republicanos, el poder legislativo no ha actuado como contrapeso y el único control a Trump ha venido de los jueces, que han declarado ilegales algunas de sus decisiones. El presidente podrá seguir gobernando por decreto, bloquear las iniciativas legislativas que no le gusten y tendrá margen en política internacional mientras no declare una guerra, pero los demócratas pueden promover comisiones de investigación y condicionar el gasto.
"Trump no va a poder campar a sus anchas", ha asegurado José Antonio Gurpegui, director del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares, en RNE. Gurpegui ha calificado lo ocurrido de "vuelco increíble" y de "fracaso de Trump, que vive en su propio mundo". "Trump y los republicanos lo veían venir. El presidente dijo que había habido muchos presidentes que habían gobernado sin tener las cámaras, y es verdad: Clinton, Obama, Bush o incluso Reagan. Pero la situación actual es muy distinta", ha añadido.
"Estos cambios y giros bruscos en la composición del Congreso con respecto a la presidencia son frecuentes en la historia de EE.UU. —recuerda en declaraciones a RTVE Noticias José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid—. Barack Obama perdió 60 escaños en 2010 y en 2012 volvió a ganar".
Vetos cruzados en la legislación
El presidente ha reconocido la victoria demócrata y la ha achacado a que su nombre no estaba en la papeleta electoral. Trump ha difundido mensajes contradictorios sobre su futura relación con el poder legislativo: al mismo tiempo que se ha abierto a "negociar" con los demócratas, ha advertido de que ejercerá su poder de veto.
"Estoy absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados - ha dicho en una entrevista en The New York Times -. Trabajaremos con los demócratas, esperamos trabajar con ellos. Probablemente encontraremos una solución". En cambio, en FoxNews ha anunciado que vetará toda la legislación de los demócratas que considere "loca".
El Congreso puede proponer leyes, pero estas tienen que ser firmadas por el presidente. "Trump ya ha anunciado cuál va a ser su política —ha declarado José Antonio Gurpegui—. Va a vetar todo lo que venga del Congreso, lo va a dejar inactivo, y luego negociará. Pero dudo mucho que sea desde el panorama que está pintando".
Por su lado, Trump está acostumbrado a gobernar a golpe de decreto, sin importarle los contrapesos legislativos o judiciales, y es probable que siga así.
La Cámara de Representantes sí puede limitar el gasto de la administración. Las llamadas "apropiaciones", autorizaciones a instituciones concretas para que gasten dinero, tienen que pasar por el Congreso, así como el presupuesto federal. Ya ha ocurrido en otras ocasiones que la falta de acuerdo entre partidos ha provocado el cierre temporal de agencias federales.
Los demócratas también pueden poner un límite a la capacidad de la administración Trump de endeudarse, en un momento en que la deuda nacional equivale al 100 % del PIB, la proporción más alta desde 1946.
Los demócratas podrán abrir investigaciones y denegar nombramientos
Quizá la acción más importante e inmediata que pueden tomar los demócratas con su nueva mayoría en el Congreso es investigar a la propia Administración Trump.
El control de la Cámara de Representantes les da el control de los comités, que tienen poder para citar a los cargos políticos y pueden poner el foco, por ejemplo, en la actuación de Pete Hegseth, secretario de Defensa, en la guerra de Irán y en los ataques a supuestas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico. O en los negocios familiares de Trump y las acusaciones de corrupción.
Un Senado con mayoría demócrata también puede bloquear nombramientos de la administración, como nuevos cargos o los magistrados de la Corte Suprema si hay vacantes. Aunque el puesto en la Corte es vitalicio, varios magistrados están en edad de jubilación.
Impeachment improbable
Varios representantes demócratas, especialmente en la izquierda del partido, han afirmado que promoverán un impeachment o juicio político del presidente, que teóricamente podría acabar con su destitución. El propio Trump ha comentado esta posibilidad.
Los demócratas ya lo intentaron dos veces en la primera legislatura de Trump, más como una manera de censura pública que como un procedimiento con posibilidades reales.
El impeachment está previsto en la Constitución y se asemeja a la moción de censura de sistemas parlamentarios como el de España. El presidente u otro alto cargo puede ser destituido del cargo por "traición, cohecho o cualquier otro crimen grave o menor".
La Cámara de Representantes es la única que puede iniciar el procedimiento, mientras que el Senado se ocupa del juicio en sí mismo. La acusación en la Cámara necesita mayoría simple para salir adelante, pero la destitución requiere el apoyo de al menos dos tercios del Senado, es decir, 67 de los 100 senadores, algo que nunca se ha producido en la historia de Estados Unidos.
Según las proyecciones, los demócratas tendrán una mayoría cómoda en el Congreso, por encima de los 53 escaños, pero no llegarán a los dos tercios, por lo que necesitarían que un número importante de republicanos se rebelaran contra su partido y apoyaran el impeachment, lo que no parece probable. A pesar de las dificultades, el portavoz de los demócratas en la Cámara de Representantes, Mike Jeffries, ha dicho a la NBC que su partido "no descarta nada".
"Los demócratas lo tienen difícil, a no ser que los problemas en el Partido Republicano sean de tal magnitud que les apoyen, pero no creo que lo logren", ha explicado Gurpegui.
"No creo que los demócratas lo hagan ni que les fuera beneficioso", insiste el director del Instituto Franklin. Trump ha superado dos intentos de impeachment y no ha pasado nada; ha tenido varapalos judiciales que incluso le han repercutido de forma positiva, mostrándose como una víctima del sistema. Así que orgánicamente es difícil, pero aparte los demócratas se lo pensarán mucho".
"No creo que vaya a ocurrir —coincide José María Peredo— porque la derrota ha debilitado a Trump y es probable que los demócratas crean que lo mejor es que la marea termine con el movimiento MAGA y que sean los estadounidenses los que decidan quién sea el presidente en 2028".
Trump, "impredecible" en política internacional
El Congreso también puede ejercer de freno en la política internacional de Trump, sobre todo en futuras acciones armadas.
Trump ha reconocido que la guerra de Irán ha influido en la derrota en las midterms, pero este mismo miércoles ha vuelto a insinuar que va a atacar la República Islámica. Trump insiste en no hablar de "guerra", porque para declarar la guerra el presidente necesita la autorización del legislativo. Un Congreso demócrata puede considerar que la sucesión de acciones armadas constituye un conflicto bélico, forzar a Trump a pedir la autorización y denegársela.
"La derrota va a obligar a Trump y los republicanos a llegar a un acuerdo de paz en Ucrania y en Irán para tener una oportunidad de cara a 2028", ha opinado en TVE Juan Verde, analista político que ha asesorado a varias administraciones demócratas.
Sin embargo, Verde advierte de que el presidente es "impredecible" en política internacional y que "lo peor puede estar por venir".


