Estados Unidos pasa examen a la política económica de Trump: el PIB crece, pero la inflación está disparada

  • Trump no ha sido capaz de cumplir muchas de sus promesas, especialmente la de contener los precios
  • La guerra de Irán, los aranceles y las deportaciones han impulsado la inflación
Donald Trump

Donald Trump participa en un mitin de las 'midterms' este domingo en Iowa.Charlie NeibergallAP/Charlie Neibergall

I. P. Chávarri

Menos impuestos, menos inflación, combustibles más baratos, aranceles y el renacimiento de la industria estadounidense. Donald Trump se presentó a las elecciones de 2024 con un buen puñado de propuestas para reactivar la economía del país, pero hoy, dos años después, muchas de sus promesas están lejos de cumplirse. El PIB de Estados Unidos crece y lo hace a muy buen ritmo, un 3,4%, pero otros indicadores, como la inflación, en un 3,6%, hacen mella en el bolsillo del ciudadano medio.

Si la economía fue una de las palancas que permitieron a Trump volver a cruzar las puertas de la Casa Blanca, ahora puede ser el lastre que eche por tierra las expectativas de los republicanos en las elecciones de medio mandato que el país celebra este martes.

En términos generales, la economía de Estados Unidos está resistiendo y con cierta holgura a los shocks globales, algunos de ellos provocados por la propia administración del país, como la guerra de Irán o el pulso comercial desatado por Trump vía aranceles. El crecimiento del PIB, un 3,4% en el tercer trimestre, ha superado todas las expectativas y el desempleo, en un 4,2%, se mantiene en parámetros bajos.

Además, la bolsa está en máximos históricos y la inversión aumenta gracias a la inteligencia artificial, la gran clave que explica el crecimiento del PIB de Estados Unidos, pero las sombras en la gestión económica de Trump abundan. Sobre todo aquellas que ponen en evidencia las promesas electorales que le auparon a un segundo mandato en la Casa Blanca, como señalan los expertos.

Una tormenta perfecta llamada inflación

La inflación ocupa un lugar destacado y muchas de las políticas que ha impulsado Trump han contribuido a su subida. La escalada de precios fue uno de los grandes caballos de batalla que el republicano lanzó contra su antecesor, Joe Biden, y la candidata demócrata, Kamala Harris. Pero dos años después de su victoria, la tasa, en un 3,6%, es superior al 2,9% con la que Biden dejó la presidencia del país.

"Ha sido un fracaso. Además de la inflación, ha subido particularmente el precio de la gasolina y el diésel, que en Estados Unidos son dos variables muy sensibles, porque no hay transporte público", explica a RTVE Noticias Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático Príncipe de Asturias en Georgetown.

Trump prometió bajar el galón de gasolina a menos de dos dólares, pero hoy está en torno a cuatro, recuerda Eszter Wirth, profesora de Economía Internacional de Comillas ICADE. Es decir, ha subido más de un 40%, mientras que el diésel, en 6,3 dólares, ha escalado más de un 70%. "La guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, según un estudio de Yale, han supuesto 1.000 dólares más de coste anual para un hogar promedio estadounidense", destaca Wirth, que pone el foco también en el encarecimiento de las hipotecas, cuyos tipos de interés están por encima del 7%, frente a la promesa de dejarlas en un 3%.

"Drill, baby, drill"

"Drill, baby, drill" ("perfora, cariño, perfora", en castellano) es la frase con la que Trump condensó su política energética durante la campaña. La Administración de Estados Unidos ha apostado por el impulso de la industria petrolera y gasística con el objetivo de convertir al país en el principal productor de energía del mundo. Y, aunque "la producción de hidrocarburos ha aumentado, también lo hizo durante la Administración Biden", recuerda Steinberg, que enmarca esta apuesta en el concepto de energy dominance (dominio energético), impulsado en parte por la guerra que mantiene EE. UU. con China por la inteligencia artificial.

"En Estados Unidos están convencidos de que tienen que ganar la carrera por la superinteligencia y eso requiere, básicamente, mucha electricidad y muy barata", remarca el profesor. De ahí que hayan aumentado las inversiones en energía, pero, al mismo tiempo, ha emergido otro fenómeno que está impulsando el precio de la electricidad: los centros de datos. Y el consumo cada vez mayor de estos empuja, una vez más, la inflación.

De hecho, otra de las promesas de Trump, la de bajar la factura de la luz, también ha caído en saco roto por el boom de estas infraestructuras. Según un análisis del diario Financial Times, los precios de la electricidad en Estados Unidos son ahora "significativamente" más altos, con un incremento entre 2024 y 2026 de un 12%, por la "demanda generada por los centros de datos".

Aranceles, reindustrialización y deportaciones

Otra de las grandes promesas de Trump fue la reindustrialización de Estados Unidos y, ligada a esta, la imposición de aranceles, la mejora de los salarios de los obreros y un control estricto de la frontera. Pero la receta tampoco ha funcionado y, una vez más, las soluciones aplicadas han acabado presionando al alza los precios.

El presidente no ha conseguido uno de los grandes objetivos que perseguía con su guerra arancelaria -anulada en buena parte por los tribunales-, la de enderezar la balanza comercial, el saldo entre importaciones y exportaciones, que en agosto alcanzó los 105.600 millones de dólares en favor de las primeras, ahondando más en la brecha.

"No ha conseguido sustituir las importaciones de bienes baratos por otros producidos aquí. Estados Unidos tiene una ventaja competitiva en productos de alto valor añadido y no hay interés en empezar a producir camisetas o ensamblar teléfonos móviles, cosas que se siguen haciendo en Asia", ilustra Steinberg. A eso se suma que los aranceles han acabado por elevar la inflación por el encarecimiento de las importaciones.

Además, "la política migratoria de deportaciones también ha elevado la inflación porque falta mano de obra poco cualificada en sectores como la agricultura o la construcción", añade el investigador de Elcano. En la misma línea, Wirth vuelve a sacar a colación el estudio de Yale, que cuantifica en 1.100 dólares anuales el gasto extra para las familias estadounidenses a cuenta de los aranceles.

"Prometió que mejoraría el nivel de vida de la clase media obrera americana y que industrializaría el país, pero en estos dos años, al final solo ayudó a una parte muy pequeña de la población americana, que, sorpresa, son los más adinerados", apunta la profesora de ICADE, en referencia a las rebajas fiscales impulsadas por el republicano.

La tasa de paro se mantiene muy baja, pero el detalle de los datos esconde otras realidades. El empleo ha crecido en sanidad y servicios sociales, también el ligado a la construcción de los centros de datos, pero en el sector manufacturero, aquel que Trump prometió revitalizar, la creación de puestos de trabajo se ha estancado. Tampoco el salario de los obreros se ha ajustado a la inflación. "Lo irónico", señala Wirth, "es que el valor añadido del sector sí que ha crecido, pero no ha beneficiado a los trabajadores".