Enlaces accesibilidad
Día Mundial contra el Cáncer de Mama

Volver a reconocerse frente al espejo: la vida después de una mastectomía

  • "Ver tu cuerpo amputado es duro, pero sabes que es la primera parte de un proceso hacia la reparación"
  • Para recuperar el bienestar hay que afrontar la pérdida de la imagen personal, recuerdan los psicooncólogos
Un sanitario tatúa la areola y el pezón a una paciente tras una mastectomía
Un sanitario tatúa la areola y el pezón a una paciente tras una mastectomía Graham Oliver Graham Oliver
JOSÉ MUELA

El cáncer de mama no siempre termina cuando desaparece la enfermedad. Para muchas mujeres, el diagnóstico y el tratamiento marcan el inicio de un proceso físico y emocional que transforma su relación con el cuerpo, su identidad y su imagen. La mastectomía, la reconstrucción y la adaptación a una nueva vida forman parte de un camino en el que cada experiencia es diferente y no existe una única manera de afrontarlo.

Hay pacientes que deciden no reconstruirse el pecho, pero las hay que sí, y detrás de esa reconstrucción hay decisiones médicas, avances quirúrgicos y, sobre todo, emociones que acompañan a las mujeres antes, durante y después del proceso. Porque reconstruir no significa únicamente recuperar una parte del cuerpo, sino también encontrar una nueva forma de reconocerse ante el espejo, sentirse cómoda consigo misma y aprender a vivir con lo que ha cambiado.

Un diagnóstico que lo cambia todo

Georgina se hacía revisiones periódicas porque su madre había tenido cáncer de mama. En uno de esos controles, los médicos detectaron que algo no iba bien. El diagnóstico confirmó sus temores: tenía cáncer de mama.

A la incertidumbre de enfrentarse a la enfermedad se sumó otra noticia: debían extirparle el pecho izquierdo mediante una mastectomía. “Es un momento que tiene un doble impacto: por un lado, tienes una enfermedad y, por otro, te dicen que te tienen que quitar la mama, con lo que eso significa para una mujer”, recuerda.

Con la operación no solo se afrontan las consecuencias físicas de una intervención quirúrgica, sino que también la paciente se enfrenta a una transformación corporal que puede afectar a la autoestima, la identidad y la manera de reconocerse frente al espejo. “A nivel psíquico es difícil de gestionar”, explica Georgina.

En su caso, no necesitó quimioterapia y actualmente está recuperada del cáncer. Sin embargo, el proceso no terminó con la operación ni con la desaparición de la enfermedad. Después llegó el momento de acostumbrarse a un cuerpo distinto y tuvo que iniciar el camino hacia la reconstrucción.

El primer encuentro con el espejo

Hay momentos que permanecen en la memoria de quienes han pasado por una mastectomía. Para Georgina, uno de ellos fue la primera vez que se quitó los vendajes después de la intervención, “la noche anterior fue complicada. Tenía muchos nervios porque no sabía a lo que me iba a enfrentar”. Cuando finalmente se miró, llevaba un expansor, un dispositivo debajo de la piel en el que van inyectando líquido y que permite preparar la zona para una futura reconstrucción. Su primera reacción fue de sorpresa: “Recuerdo que dije: ah, ni tan mal”. Georgina sabía que aquel primer impacto frente al espejo formaba parte de un proceso que iba a ser muy largo.

“La primera vez que te ves en el espejo no sientes alegría, sientes alivio, emoción, pero es un golpe. Ver tu cuerpo amputado es duro“

Georgina Leibovich

La reconstrucción le permitió recuperar progresivamente una imagen corporal con la que sentirse cómoda. “Me ha ayudado a sentirme mujer, a estar bien y a recuperar la vida que tenía, aunque distinta, porque ya no eres la misma, pero la puedes recuperar”, explica. Incluso empezó a imaginar posibilidades que antes no contemplaba: “Me voy a poder poner modelitos que no usaba”, cuenta entre risas.

Reconstruir la mama: un proceso que puede durar meses o años

La reconstrucción mamaria ha experimentado importantes avances y puede plantearse desde el momento de la mastectomía. El doctor Antonio Tejerina, jefe de la Unidad de Cirugía de la Fundación Tejerina, destaca el cambio que se ha producido en los últimos años. Asegura que antes no siempre se ofrecía esta posibilidad y, a día de hoy, la reconstrucción inmediata forma parte de las opciones que se plantean a las pacientes.

Tejerina afirma que en España el porcentaje de reconstrucciones mamarias realizadas en la misma operación supera el 90%, frente a menos del 10% en Japón. Aun así, subraya, reconstruirse no es una obligación: “No todo el mundo debe hacerlo”.

Algunas mujeres prefieren no someterse a más intervenciones y se sienten bien sin reconstrucción, “la indicación de una mastectomía depende de criterios oncológicos y la reconstrucción puede realizarse en la mayoría de los casos”, cuenta el doctor José Fernández Cañamaque, del Hospital Universitario de Getafe.

Existen diferentes técnicas para recuperar el volumen de la mama. Una de ellas es utilizar un expansor que después se sustituye por una prótesis definitiva. Otra opción consiste en utilizar tejido de la propia paciente, normalmente del abdomen, para reconstruir la mama. La elección de la técnica depende de cada caso y de las condiciones médicas de la paciente. Además, el proceso puede prolongarse durante meses e incluso años, un factor que los especialistas consideran importante explicar desde el principio porque afecta a la salud psicológica de las pacientes.

El pezón y la areola: los últimos pasos de la reconstrucción

La reconstrucción no siempre termina con la recuperación del volumen mamario. Para algunas pacientes, recrear el pezón y la areola supone un paso importante para completar el resultado estético: "es la guinda del pastel", afirma el doctor Cañamaque.

Los avances actuales permiten conseguir resultados cada vez más naturales y mejorar la simetría entre ambas mamas. Una de las posibilidades es reconstruir el pezón mediante una pequeña intervención en la que se utiliza la propia piel de la zona para darle forma. Después, una vez cicatrizado, puede realizarse una micropigmentación: una especie de tatuaje para recrear el color y los matices de la areola. La técnica permite crear detalles que contribuyen a dar una apariencia más realista y natural.

Pero antes de llegar a ese punto final, existen prótesis externas de silicona y soluciones temporales que pueden utilizarse durante las distintas fases de la reconstrucción. Para el doctor Tejerina, lograr que la mujer se sienta cómoda con el resultado y pueda mirarse al espejo sin que la cicatriz sea el elemento central de su imagen “es lo más importante”.

El duelo que no siempre se ve

La recuperación de la enfermedad no implica que todas sus consecuencias emocionales hayan quedado atrás. A veces, es precisamente cuando termina el tratamiento y disminuye la intensidad de lo vivido cuando aparece el momento para procesar lo ocurrido. Así lo explica Valeria Moriconi, psicooncóloga, que señala que un diagnóstico de cáncer puede poner en marcha un proceso de duelo que no concluye necesariamente con el final de la enfermedad, “cuando estamos pensando en la reconstrucción es cuando podemos empezar a sentir las emociones del duelo, porque hemos perdido identidad corporal, nuestra imagen, nuestra sexualidad o algunos roles de nuestra vida”, explica.

Durante ese proceso se pueden sentir emociones como el miedo, la vergüenza, la tristeza o la culpa. Todas ellas, recuerda la especialista, son legítimas, “la importancia que tiene la mama en una persona no es universal. Es importante preguntar a cada persona qué significa para ella la mama y cómo conseguir sentirse cómoda con su cuerpo de nuevo”, sostiene.

¿Y qué pueden hacer los familiares y amigos? Para Moriconi, una de las primeras medidas consiste en evitar las frases hechas que, aunque se pronuncien con buena intención, pueden generar presión. Expresiones como “ya verás cómo estás mejor que antes” o “pronto todo pasará” pueden transmitir la idea de que existe un plazo para superar lo ocurrido o una forma correcta de sentirse.

La especialista recuerda que no existe una única manera de vivir este proceso, ni todas las pacientes necesitan el mismo tiempo para adaptarse y destaca la importancia del acompañamiento desde la operación hasta el final de la reconstrucción: “ese tiempo es fundamental porque te permite ir procesando qué te pasa, qué necesitas y hacia dónde quieres ir”, explica.