Doug Wilson, el pastor que no quiere ver votar a las mujeres
- Entrevistamos a Doug Wilson, el teólogo que quiere convertir Estados Unidos en un patriarcado cristiano
- El jefe del Pentágono acude a su iglesia y sus ideas controvertidas ganan visibilidad en la América de Trump
Doug Wilson cree que las mujeres deberían dejar que sus maridos voten por ellas. En su Estados Unidos ideal, las relaciones homosexuales serían un crimen y sólo los cristianos podrían rezar en público. Sus ideas son extremas y marginales, pero están ganando visibilidad en la América de Trump. Pete Hegseth, el secretario de Defensa, lo invitó a dar un sermón en el Pentágono. Allí, ante los militares y las cámaras de televisión del ministerio, Hegseth le dio las gracias públicamente al polémico pastor por ser tan atrevido. Y por ser su mentor. Porque Hegseth, uno de los hombres fuertes de Donald Trump, es uno de sus feligreses.
Wilson, hijo de un pastor evangélico, empezó a predicar en un rincón de Idaho en los años 70. Unas pocas familias estaban buscando un pastor y él se animó a cubrir el hueco. Ahora su congregación, en el pueblo de Moscow, tiene unos 3.000 fieles. Ellos viven como a Wilson le gustaría: como un patriarcado cristiano, donde cada familia funciona como una unidad con una sola cabeza: el marido. Hay otras 170 congregaciones hermanas, calvinistas y ultraconservadoras, repartidas por todo el país. Wilson ayudó a fundar su propia denominación cristiana, la Comunión de Iglesias Reformistas Evangélicas (CREC); su propia red de escuelas cristianas y su propia editorial. Pero sus ideas nunca habían estado tan cerca del epicentro del poder.
En 2025, cuando Trump volvió a la Casa Blanca, Wilson abrió un servicio religioso en la capital, muy cerca del congreso, en un edificio de una fundación vinculada al trumpismo. Pete Hegseth acude allí a escuchar el sermón de los domingos. A veces en la puerta hay un grupo de personas que protestan, ataviadas como las esclavas de la distopía machista y totalitaria de El Cuento de la Criada. Sin embargo, Wilson dice que su sociedad ideal no se parecería a la inquietante teocracia imaginada por la escritora Margaret Atwood, sino al Estados Unidos de los años 70, cuando él empezó a subirse al púlpito del pueblo.
Muchas de las controvertidas ideas que propone se parecen a una vuelta al pasado. Hace solo unas décadas los homosexuales no podían casarse en Estados Unidos. Hace poco más de un siglo las mujeres no podían votar. La enmienda 19 de la Constitución estadounidense, la que reconoce el sufragio femenino, se aprobó en 1920. A Wilson le gustaría revocar esos derechos y cree que los tiempos le sonríen. Hablamos con él por videollamada. Él, en su rincón de Idaho. Nosotros, en la capital donde sus ideas controvertidas han empezado a sonar.
Una veintena de líderes religiosos pide en la Casa Blanca protección divina para Trump y las Fuerza Armadas de EE.UU. Facebook Paula White-Cain
PREGUNTA: Usted ha dejado muy claro que quiere que Estados Unidos sea un patriarcado cristiano. ¿Cómo sería eso en la práctica?
RESPUESTA: Las diferencias más drásticas y evidentes serían que el aborto desaparecería, se anularían los matrimonios entre personas del mismo sexo y se restauraría el matrimonio bíblico tradicional. Cosas así.
P: Y le gustaría quitarles a las mujeres el derecho a votar.
R: Creo que la Enmienda 19 de la Constitución fue un error. Pero hay dos preguntas distintas. Una: ¿cuál es nuestra agenda para los problemas a los que nos enfrentamos ahora mismo? Y la otra: ¿cómo sería mi república bíblica ideal dentro de quinientos años? El sufragio femenino es un asunto a largo plazo. En mi república ideal votarían los hogares, no los individuos. Pero tenemos asuntos mucho más importantes que atender.
P: Entonces, no es lo más urgente para usted, pero en, por ejemplo, 250 años, usted propone un voto por hogar, ¿puede explicarnos en qué consistiría?
R: Sí. Creo que una sociedad sana es una sociedad "molecular". Ahora mismo el hogar no tiene ningún estatus legal en nuestro sistema, y el aborto es un buen ejemplo. En el caso Roe contra Wade, el Tribunal Supremo falló que la decisión de abortar la tomaban la mujer y su médico. El padre no tenía ningún derecho. No era solo el aborto de un niño: esa decisión fue el aborto de la familia estadounidense. Lo que quiero es ver restaurada a la familia como unidad legal y política que actúa en la esfera pública; eso es lo "molecular". Y, por supuesto, si alguien no está casado y se mantiene por sí mismo, puede ser un hogar de una sola persona, y un hogar de una persona, sea hombre o mujer, votaría como tal. Quiero que las familias, los hogares, tengan voto.
P: ¿Y quién toma las decisiones?
Cuando hay un marido, el marido sería el cabeza de familia. Pero en un hogar sano, cuando tienen que decidir a quién van a votar en unas elecciones, lo hablan en familia, alrededor de la mesa. Los adolescentes participan, y luego un representante del hogar va a depositar el voto. Y si se trata de una madre soltera, ella sería la cabeza del hogar y la que votaría.
R: Pero si hay un marido… el que vota es él…
R: El marido es el cabeza de familia, sí.
P: Usted quiere un patriarcado, donde el papel de los hombres es proteger a las mujeres…
R: Proveer y proteger, sí.
P: ¿Y cuál se supone que es el papel de la mujer?
R: En un matrimonio bíblico, el marido asume la responsabilidad de proveer y proteger, y la mujer se somete a él y lo sigue, y es la directora ejecutiva del hogar: ella hace que la casa funcione. Así que sus deberes y responsabilidades son principalmente domésticos. Su lugar no es el hogar, pero su prioridad es el hogar.
P: Para que quede claro, el hogar y el marido son sus prioridades.
R: Correcto.
P: ¿Y qué les ocurre a los que no son cristianos: musulmanes, judíos, no creyentes…? ¿Pueden presentarse a unas elecciones? ¿Pueden votar? ¿Pueden rezar en público?
R: Ahí hay toda una serie de preguntas. Muchos de los problemas que tenemos no tienen tanto que ver con qué vamos a hacer con los musulmanes o los hindúes, sino con la cantidad. Si hace 75 años se hubieran mudado aquí 15 musulmanes, no estaríamos teniendo esta conversación: se habrían asimilado y nos habríamos llevado bien. Pero cuando hay 15 millones es cuando las cosas se ponen difíciles, porque tienes visiones del mundo distintas intentando operar en el mismo espacio, y eso genera conflicto. Así que lo primero que haría es cerrar el grifo de la inmigración procedente de países no cristianos. Me gustaría restringir la inmigración musulmana, la hindú, etcétera. Eso mantendría el problema bajo control. Ahora mismo no lo está. Esa sería una primera cuestión. Otra sería que, si la Constitución es cristiana, quien ocupa un cargo público tiene que jurar que respeta y defiende la Constitución.
P: Entonces un musulmán, ¿no puede presentarse?
R: No podría ocupar un cargo, correcto. Ahora, respecto a su pregunta sobre rezar: creo en la libertad religiosa. No tengo ningún problema con que un musulmán rece, ni con que invite a amigos a rezar a su casa o tenga un lugar donde reunirse a rezar. La mejor forma de ilustrar el principio es esta: sí a las campanas de iglesia y no a los minaretes. Un minarete es una torre de oración que emite una llamada pública a la oración, y a eso diría que no, porque el espacio público pertenecería a Cristo. Las campanas de la iglesia estarían bien porque el espacio público pertenece a Cristo. Hace apenas unos años, Suiza prohibió los minaretes, por ejemplo, y eso no es un acto de tiranía. Es simplemente decir que aquí eso no se hace.
P: Así que los musulmanes tienen que rezar discretamente en su casa.
R: Sí, en sus casas y en sus lugares de culto, y no deberían esperar que se acepte públicamente, pero tampoco deberían ser hostigados ni acosados.
P: ¿La homosexualidad sería un delito?
R: Sí.
P: ¿Y cuál sería el castigo?
R: Variaría de un estado a otro y de una jurisdicción a otra. Llevo casi 50 años siendo pastor, y cuando empecé a ejercer, la sodomía era un delito grave en los 50 estados. Cuando digo cosas como "sí, creo que debería estar prohibida", la gente piensa en El cuento de la criada o en alguna tiranía terrible. Pero no: yo estoy pensando en los Estados Unidos de 1970.
P: ¿Y cómo serían los castigos en su teocracia cristiana? ¿Exilio? ¿Ejecuciones? ¿Lapidación?
R: La lapidación era un método que se usaba en tiempos bíblicos, pero hay una diferencia entre principios y métodos. Creo que habría pena capital para ciertos delitos. Habría exilio para ciertos delitos. No creo que hubiera prisiones ni un sistema penitenciario; en la ley mosaica no existen las penitenciarías. Las únicas cárceles serían para retener a alguien mientras espera juicio. Ahora mismo hay más de un millón de hombres encerrados en perreras en Estados Unidos, lo cual me parece indignante, un horror. Así que creo que las penas deberían ser multas, ejecución, exilio, restitución (pagar a la víctima, no al Estado; por ejemplo, devolver lo robado) y, para ciertos delitos, castigo corporal.
P: Queríamos hablar con usted porque últimamente ha atraído mucha atención en Estados Unidos. El secretario de Defensa Pete Hegseth lo ha invitado a dar un sermón en el Pentágono…
R: Lo conozco porque, cuando trabajaba en la cadena Fox como corresponsal, hizo un documental sobre el estado de la educación en Estados Unidos, y creo que me conoció a través de eso, porque soy reformador educativo. Hemos fundado un montón de escuelas y demás. Soy, digamos, el abuelo del movimiento de escuelas cristianas clásicas. Pete Hegseth descubrió la educación cristiana clásica y quedó tan impresionado que matriculó a sus hijos en una escuela cristiana clásica en Tennessee.
P: ¿Y cuando Trump ganó las elecciones, usted vio una oportunidad?
R: Si hubiera ganado Kamala Harris, prácticamente no habría evangélicos en la administración. Con Trump, aunque él no es cristiano evangélico, su administración está repleta de ellos; hay cristianos por todas partes, incluidas algunas personas de nuestra denominación. Somos evangélicos calvinistas. Bautizamos a los niños y damos la comunión a nuestros hijos, que es una particularidad doctrinal. Y si esos hombres aceptaban un puesto en la administración, pensamos que debía haber una iglesia allí que los atendiera.
P: Y decidió abrir un servicio religioso aquí en Washington. De hecho, Hegseth acude a ese servicio los domingos… ¿está intentando influir en el gobierno?
R: No intentamos influir en políticas concretas. La iglesia no está ahí como base de presión política; no estamos para hacer lobby. Estamos para adorar a Dios. No intentamos conocer a gente importante; intentamos presentar a gente importante a Dios. Básicamente, plantamos una iglesia en Washington D. C. porque había muchos pecadores.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, da la bienvenida al primer ministro de Irak, Ali Al-Zaidi Win Mcnamee / Getty
P: ¿Cree que su modelo de país puede llegar a ser una realidad?
R: No creo que sea realista pensar que pueda ocurrir en los próximos cinco años, pero sí creo que es realista a lo largo del próximo siglo o dos. Sí, ya ha ocurrido antes. No quiero hacer cristiana a América; quiero hacer cristiana a América otra vez. Si llegamos a tener una república cristiana, no sería la primera vez ni algo totalmente nuevo. Sería una restauración.
P: Con tantos evangélicos en el gobierno… algunos conectados con su iglesia… en esta América de Trump, ¿siente que está más cerca del poder que nunca?
R: Sí, pero hay un "pero" importante. Si estás en un viaje de mil millas y has caminado dos, estás más cerca que nunca del final, pero todavía queda mucho. Hay evangélicos, preocupados por el estado del país, que han empezado a organizarse. El peligro, creo, es pensar que estamos más cerca de lo que estamos, así que hay que tener paciencia y jugar a largo plazo.