Cova Dones, la cueva valenciana que los romanos convirtieron en santuario
- Los arqueólogos encuentran más de 120 inscripciones, una misteriosa divinidad y el protagonismo de las mujeres
- También es uno de los mayores conjuntos de arte paleolítico, con más de 110 motivos de hace más 25.000 años
El patrón empieza a repetirse: cada vez que los arqueólogos se adentran en la Cova Dones, en Millares (Valencia), la cueva les sorprende. Una y otra vez. En 2023 fueron las pinturas paleolíticas, más de 110 motivos realizados hace más de 25.000 años. Ahora, el hallazgo se ha trasladado varios milenios hacia adelante en el tiempo. Una sala situada a más de 200 metros de la entrada ha resultado ser un santuario romano en el que se han documentado cerca de 120 inscripciones latinas, la mayoría fechadas entre los siglos I y II después de Cristo.
Los arqueólogos trabajan en el interior de la Cova Dones, identificando y catalogando las inscripciones latinas ENRIQUE PALLÁS / RTVE COMUNITAT VALENCIANA
Un hallazgo en crecimiento
La cifra ha crecido de manera espectacular en apenas dos años. Cuando el equipo identificó el santuario, en 2024, se conocían cerca de una quincena de inscripciones. La campaña arqueológica de mayo y junio de 2026 ha multiplicado ese número hasta llegar a las 120, lo que convierte a Cova Dones de Millares en la cueva-santuario con mayor número de inscripciones latinas conocida, tanto en Hispania como en el conjunto del Imperio romano.
Para Aitor Ruiz-Redondo, arqueólogo, profesor de prehistoria de la Universidad de Zaragoza y codirector del proyecto DONARQ junto a Virginia Barciela, "el contexto ya es muy excepcional por el arte paleolítico encontrado en la Cova Dones, que lo convierte en un conjunto realmente único. Al estar prospectando y haciendo un trabajo arqueológico integral del yacimiento, descubrimos que también tiene una dimensión como santuario romano”.
Pero no son únicamente las inscripciones las que permiten hablar de un santuario. En esa pequeña sala se concentran diferentes objetos que parecen estar relacionados con prácticas rituales: anillos, brazaletes, vasos cerámicos y fusayolas, piezas relacionadas con el trabajo textil. A ellos se suma una moneda romana localizada en 2024. La propia disposición de los materiales dentro de ese espacio refuerza la interpretación de los investigadores.
La Cova Dones es una de las más conocidas desde la antigüedad y ya fue descrita por Antonio Cavanilles en 1795 ENRIQUE PALLÁS / RTVE COMUNITAT VALENCIANA
Las huellas de un culto bajo tierra
Las inscripciones aportan también una información inesperada: las primeras lecturas identifican varios nombres femeninos. El equipo considera que este dato apunta a una participación activa de las mujeres en la vida ritual del santuario, aunque todavía quedan muchos textos por descifrar.
Para Ruiz-Redondo “lo sorprendente es que en las primeras leídas sí aparecen varios nombres femeninos. Entonces, sin llegar a ser muchas, sobre todo en comparación con las más de 100 inscripciones que hay aquí, pero el que ya haya varias es excepcional en sí mismo”.
Cinco de las inscripciones ya interpretadas apuntan al culto a una divinidad femenina denominada Domina EQUIPO ARCHAEOSYMBOL
Cinco de las inscripciones votivas ya interpretadas apuntan además al culto a una divinidad femenina a la que se denominaba Domina, “la Señora”. Tres de ellas contienen la palabra “MALACI”, una advocación hasta ahora desconocida y cuya interpretación definitiva sigue en estudio. Los investigadores plantean que podría estar relacionada con el agua, un elemento muy presente en esta zona de la cueva.
Entre los materiales documentados que se ofrendaban aparecen anillos, brazaletes o recipientes cerámicos ENRIQUE PALLÁS / RTVE COMUNITAT VALENCIANA
La combinación entre las inscripciones y los objetos resulta muy reveladora. No parece tratarse simplemente de personas que entraban ocasionalmente en la gruta y dejaban allí alguna ofrenda. Las evidencias se concentran en una sala concreta, alejada de la entrada, y muestran una práctica ritual organizada. “Estas gentes romanas pedirían algo a sus dioses y, o bien antes de ser concedido o bien después, les ofrecerían como recompensa (...) algún tipo de ofrenda, que podían ser materiales u ofrendas en forma de inscripciones, dedicatorias o ambas a la vez”, explica Ruiz-Redondo.
Entre los materiales documentados aparecen precisamente anillos, brazaletes, recipientes cerámicos y fusayolas. Estas últimas han llamado la atención por su posible relación con ofrendas de husos y, por extensión, con una esfera de actividad tradicionalmente asociada a las mujeres.
Una tortera o fusayola, encontrada en la cueva, es una pieza de cerámica, metal, piedra o hueso que se utiliza como contrapeso, colocado en el huso para hilar ENRIQUE PALLÁS / RTVE COMUNITAT VALENCIANA
De las pinturas de hace 25.000 años a las plegarias en latín
La gran particularidad de Cova Dones es que el santuario romano no aparece aislado, sino que se suma a una historia humana mucho más antigua. En 2023, una investigación reveló uno de los mayores conjuntos de arte paleolítico de la fachada mediterránea peninsular. La cueva conserva más de 110 motivos realizados hace más de 25.000 años, entre ellos una veintena de representaciones animales —ciervos, ciervas, caballos y uros— y numerosos signos y motivos no figurativos.
Aquel descubrimiento tuvo también una explicación sorprendente. Los investigadores tardaron en identificar parte de las representaciones porque muchas habían sido realizadas utilizando arcilla de la propia cavidad en lugar de pigmentos minerales.
Aquellas pinturas convirtieron Cova Dones en un referente para el estudio del arte paleolítico. "Parece que no vamos más que añadiendo excepcionalidades", asegura Aitor Ruiz-Redondo. "Tenemos la excepcionalidad de un conjunto paleolítico realmente grande, amplio, complejo, que preserva unos buenos materiales. Ya se conocía también que los íberos habían frecuentado (la cueva) y ahora tenemos una zona de santuario romano".
Así, este santuario añade otra dimensión extraordinaria: miles de años después de que los primeros grupos humanos dejaran sus representaciones en las paredes, otras personas volvieron a internarse en la misma cueva para realizar sus propios rituales.
Y no fueron los únicos. Los investigadores han documentado restos correspondientes a otros momentos de la Prehistoria y de la Historia, incluida la presencia ibérica. Ruiz-Redondo subraya que la utilización de la cavidad fue mucho más prolongada de lo que inicialmente podían imaginar.
“Han pasado muchas y de manera más continua de la que pensábamos. Es una frecuentación y una relación entre los seres humanos y esta cueva que partió hace miles de años, que no es que sea ininterrumpida, pero que es recurrente y que lo podemos rastrear incluso hasta el siglo XX”.
El dilema de proteger sin excluir
El éxito arqueológico plantea ahora un problema práctico: cómo proteger un patrimonio excepcional sin impedir que la gente pueda conocerlo. El vandalismo sufrido por la cavidad ya había obligado a replantear las condiciones de acceso. En 2026, con financiación de la Generalitat Valenciana y la colaboración del Ayuntamiento de Millares, se han instalado sistemas de seguridad y se han mejorado los accesos. También se ha llevado a cabo una profunda documentación digital de la cueva en dos y tres dimensiones.
Se han instalado cámaras de vigilancia en diferentes puntos de los accesos a la Cova Dones de Millares ENRIQUE PALLÁS / RTVE COMUNITAT VALENCIANA
El objetivo no es otro que proteger el yacimiento y permitir que pueda ser conocido de forma virtual. Para Ruiz-Redondo, no se trata de elegir entre conservación y divulgación, sino de encontrar una fórmula que permita ambas. “Puede ser un equilibrio difícil, pero es un equilibrio necesario. Si se accede a ver este patrimonio, al final vamos a acabar destruyendo parte de él y lo vamos a perder para siempre para la ciencia”.
La vandalización de la cueva ha sido muy frecuente, sobre todo los últimos 50 años ENRIQUE PALLÁS / RTVE COMUNITAT VALENCIANA
La Cova Dones se ha convertido en un archivo subterráneo de la relación entre los seres humanos y un mismo paisaje. O, en palabras de Ruiz-Redondo, un lugar al que los seres humanos han regresado una y otra vez durante miles de años. Y cada nueva incursión arqueológica parece añadir una página más a esa historia.