Valerico, Flora, Felipe, Casimiro, Luis: las familias recuperan a 25 víctimas identificadas en las criptas de Cuelgamuros
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El equipo de investigadores que trabajan desde 2023 en las exhumaciones de víctimas de la Guerra Civil y la represión franquista en la basílica del Valle de Cuelgamuros ha conseguido hasta el momento, y a pesar de las muchas dificultades, identificar genéticamente a 25 víctimas.
Entre ellas hay republicanos represaliados y también soldados que lucharon en el bando sublevado por convicción o por obligación. Sus restos han sido entregados a los familiares que lo habían solicitado, y que han podido así cerrar el duelo y darles sepultura según sus deseos.
Los forenses han examinado ya tres niveles (del cero al dos) de la cripta de la capilla del Santo Sepulcro, y han recuperado 602 cuerpos procedentes de 21 localidades.
La Caja 198: los primeros identificados
En 2003, vecinos de Pajares de Adaja (Ávila) abrieron una fosa en la cercana localidad de Aldeaseca, donde sabían que habían sido enterrados los suyos, fusilados en agosto de 1936. Encontraron algunos huesos y objetos, pero los restos no estaban.
La investigación en los archivos históricos les llevó a descubrir que habían sido trasladados a Cuelgamuros, junto con los de otros fusilados, vecinos de Navalmoral de la Sierra, que originalmente fueron arrojados a una fosa en Fuente el Saúz. Todos fueron depositados en una misma caja y trasladados en 1959 al entonces Valle de los Caídos por decisión de las autoridades locales, sin informar a las familias ni obtener su autorización. La caja fue depositada en la cripta del Santo Sepulcro e identificada con el número de entrada 198.
Tras conocer estos hechos, los familiares iniciaron una batalla legal para recuperar los cuerpos, hasta obtener el permiso 20 años después.
Esta fue la primera misión del equipo forense que comenzó a trabajar en 2023. Por una feliz casualidad, la caja 198 aparece en una de las fotos de Efe, las únicas que existen de la colocación en las criptas, antes de la inauguración. En ellas se aprecia el número de caja y las poblaciones de origen, lo que ayudó al equipo de investigadores a localizarla en el Nivel 0 de la cripta de la capilla del Santo Sepulcro.
La dificultad estribaba en que en esa zona las cajas estaban en muy mal estado, y las de más arriba habían colapsado sobre las de abajo, que se habían hundido.
Colocación de cajas en la cripta del Santo Sepulcro en Cuelgamuros, entre ellas la Caja 198. 23/03/1959, EFE
Finalmente, se encontró la caja 198. Los huesos no estaban en mal estado, y también se hallaron objetos (un reloj, un mechero, restos de alpargatas, hebillas) que ayudaron a contextualizar los restos.
Los cuerpos fueron exhumados y 11 de ellos identificados en el verano de 2023 y entregados a sus familias en un acto de homenaje. Se trata de los primeros restos mortales localizados, exhumados e identificados en el Valle de Cuelgamuros.
Los siete vecinos de Pajares de Adaja fueron fusilados por los sublevados el 20 de agosto de 1936 y enterrados en la fosa de Aldeaseca. Pertenecían a la Casa del Pueblo de la localidad, vinculada a UGT. Eran Víctor Blázquez del Oso (38 años, jornalero y labrador); Valerico Canales Jorge (29 años, jornalero); Emilio Caro García (38 años, jornalero); Román González Enríquez (52 años, jornalero y tratante de ganado); Pedro Ángel Sanz Martín (36 años, jornalero); Flora Labajos Labajos, de 53 años, era ama de casa y costurera; y Celestino Puebla Molinero, de 43, tenía una tienda de ultramarinos.
Valerico Canales Jorge, identificado en la Caja 198. Cedida por su hijo, Fausto Canales
Víctor Blázquez del Oso, identificado en la Caja 198. Cedida por Fausto Canales
Flora Labajos Labajos, identificada en la Caja 198. Cedida por la familia a través de Fausto Canales
Los cinco vecinos de Navalmoral de la Sierra enterrados en Fuente el Saúz eran jornaleros que trabajaban en la siega en la zona de Moraña cuando el 4 de agosto de 1936 fueron secuestrados y asesinados. De ellos han sido identificados cuatro: Gregorio Pérez del Peso (32 años), Raimundo Meneses Redondo (41), Rito Martín Redondo (30) y Fernando Jiménez de la Parra (28 años).
El quinto vecino de Navalmoral no ha sido identificado, aunque la documentación y los recuerdos de los vecinos apuntan a que podría tratarse de Laureano Pérez Piera, que no tuvo descendencia.
El 20 de agosto de 2023, cuando se cumplían 87 años del asesinato de los vecinos de Pajares de Adaja, se entregaron sus restos a las familias y se les rindió un homenaje en su pueblo. "Este es un acto de paz, e invitamos a toda la ciudadanía española para que así lo considere", declaró en el acto Fausto Canales, hijo de Valerico. Para Juan Luis González, nieto de Román González, se cerraba "un duelo nuestro, de familiares y amigos, pero a la vez un duelo universal".
Los represaliados de la fosa de Borja
El 8 de abril de 1959 entraron en la basílica dos cajas colectivas que fueron identificadas con los números 2.034 y 2.035. Fueron depositadas en el Nivel 2 de la cripta de la capilla del Santo Sepulcro. Contenían los restos "no identificados" de 17 víctimas de la represión a manos de los sublevados en localidades de la comarca zaragozana de Campo de Borja, como Magallón, Añón de Moncayo, Borja, Fuendejalón, Trasobares y Bulbuente. Todos ellos fueron fusilados en agosto de 1936 y enterrados en el cementerio de Borja.
Las cajas fueron halladas por los investigadores en 2024, y en 2025 se logró identificar a cuatro víctimas: Esteban Giménez Ezpeleta (jornalero, 30 años), Juan Chueca Sagarra (jornalero, 42 años) y Felipe Gil Gascón (trabajador del campo, 26 años), los tres naturales de Magallón y miembros de UGT; y Pedro Peralta Gil (albañil, 39 años), natural de Añón de Moncayo.
Felipe Gil Gascón, identificado entre las víctimas de la fosa de Borja. Cedida por la familia a través de AFAAEM
Sus restos fueron entregados a las familias y el resto enterrados en un panteón en Magallón, en un acto de homenaje el 12 de marzo de 2025 organizado por AFAAEM (Asociación de Familiares y Amigos de los Asesinados y Enterrados en Magallón 1936-39) y la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. En el cementerio de Borja se instaló una placa para recordar a las 17 personas que habían estado enterradas allí.
Escolástico Gomara Redrado, identificado entre las víctimas de la fosa de Borja. Cedida por la familia a través de AFAAEM
Posteriormente se identificó a otras dos personas más: Escolástico Gomara Redrado (44 años, natural de Añón de Moncayo) y Félix Bona Ruberte (30 años, vecino de Magallón). Ya en 2026 se identificó a Estanislao Bosque Gil (38 años, agricultor de Magallón y vicepresidente de la UGT) y a Benito Barcos Laborda (61 años, sastre, miembro de UGT y natural de Fuendejalón).
Casimiro Muñoz del Valle
Casimiro Muñoz del Valle era natural de Aldea de San Miguel (Valladolid). Falleció el 1 de septiembre de 1937, a los 27 años, en el hospital universitario de Zaragoza, a consecuencia de las heridas sufridas en acción de guerra. Fue enterrado originalmente en la fosa del Cementerio de Torrero, en Zaragoza, pero sus restos fueron trasladados el 8 de abril de 1959 al Valle de Cuelgamuros.
Su hijo, Hipólito Muñoz Adeva, solicitó poder recuperar el cadáver de su padre, que se encontraba en la caja 106, en el Nivel 2 de la cripta del Santo Sepulcro.
Los restos, junto con la chapa identificativa de la caja, fueron entregados a un emocionado Hipólito en un acto oficial y privado el 30 de octubre de 2025, y por fin pudo enterrar a su padre en la tumba familiar en su pueblo.
José Severo Arregui Lasa y Cecilio Ruiz de Loizaga Urigoitia
El balneario de Mondariz, en Pontevedra, fue utilizado durante la guerra como hospital militar. En el cementerio fueron enterrados 21 soldados del Ejército sublevado, posteriormente trasladados a un panteón dedicado a los "caídos". El 27 de marzo de 1959 los restos fueron llevados a Cuelgamuros sin consentimiento de las familias, en cajas individuales numeradas en las que se indicaba el origen.
Dos de las familias solicitaron la exhumación con el apoyo de Gogora - Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos del Gobierno Vasco. Gogora investigó en 2019 el traslado de víctimas vascas a Cuelgamuros, y desde entonces acompaña a las familias para solicitar la recuperación de los restos y para su identificación, financiando el cotejo de las muestras de ADN.
José Severo Arregui Lasa nació en Gabiria (Gipuzkoa), en 1918. Durante la Guerra Civil estuvo alistado en el Regimiento América, nº23, Brigadas de Navarra, del Ejército sublevado. Murió en Mondariz el 2 de febrero de 1938, y sus restos ingresaron en el Nivel 2 de la cripta del Santo Sepulcro en una caja con número de entrada 1.1178.
Cecilio Ruiz de Loizaga Urigoitia nació en Bilbao en 1902. Llevado al frente como soldado de reemplazo por los sublevados, nunca combatió. Trabajó como cocinero en Burgos, donde enfermó y fue trasladado al hospital de Mondariz, donde falleció el 24 de febrero de 1939. Sus restos fueron depositados en la caja con número de entrada 1.1186.
Cajas donde se hallaban los restos de José Severo Arregui Lasa y Cecilio Ruiz de Loizaga Urigoitia. Subdelegación del Gobierno en Gipuzkoa, cedida por Secretaría de Estado de Memoria Democrática
La Secretaría de Estado de Memoria Democrática entregó los restos de José Severo y Cecilio en San Sebastián el 30 de enero de 2026. "La restitución de los restos a sus familias no es sólo un acto administrativo, sino un compromiso ético del Estado con la verdad, la justicia y la reparación", declaró el secretario de Estado, Fernando Martínez.
Entrega a las familias de los restos de José Severo Arregui Lasa y Cecilio Ruiz de Loizaga, San Sebastián, 30/01/2026. Subdelegación del Gobierno en Gipuzkoa, cedida por Secretaría de Estado de Memoria Democrática
Florencio Fernández de Larrinoa Martínez de Zestafe
Natural de Zigoitia, en Álava, Florencio fue movilizado en las filas del Ejército sublevado. Su unidad participó en la ofensiva de Bizkaia, y falleció en acción de guerra el 15 de junio de 1937 en la localidad de Dima, con 26 años.
Sus restos fueron inhumados inicialmente en el cementerio de Santa Isabel de Vitoria, pero el 23 de marzo de 1959 fueron exhumados y trasladados al Valle de Cuelgamuros.
Gogora entregó los restos a sus familiares el 23 de julio de 2026.
Entrega a la familia de los restos de Florencio Fernández de Larrinoa Martínez de Zestafe, Vitoria, 23/07/2026. Gogora - Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos / Gobierno vasco
Constancio Allende Sancho:
Constancio nació en Vallarta de Bureba (Burgos) pero residía en Vitoria, donde trabajaba como obrero. Combatió con la Falange, posiblemente en la 1ª Centuria de Álava. Murió el 2 de noviembre de 1936, durante una acción de guerra en Guadalajara, a los 32 años de edad, y fue enterrado en una de las fosas de la provincia. Sus restos fueron trasladados al Valle el 26 de mayo de 1959.
Sus nietos y nietas recibieron los restos el 30 de julio de 2025, para ser enterrados junto a los de su abuela y esposa de Constancio.
Francisco Etxeberria muestra parte de la caja donde se hallaban los restos de Constancio Allende Sancho, en la entrega a su familia, 30/07/2025. Subdelegación del Gobierno en Álava, cedida por Secretaría de Estado de Memoria Democrática
Luis Domenech Rivas, tejero y miembro de UGT
Luis Domenech Rivas era natural de Alagón (Zaragoza), fabricaba tejas y era miembro de UGT. El 19 de agosto de 1936 se presentó en Alagón un grupo de falangistas procedentes de Ejea de los Caballeros y detuvieron a 27 personas. Fueron fusiladas y enterradas en una fosa al día siguiente en la localidad de Biota. Domenech tenía 25 años.
Los restos llegaron al Valle como parte de un envío de tres cajas colectivas el 8 de abril de 1959.
Es el primer identificado por el ADN de un familiar fallecido: los descendientes dieron permiso para obtener la muestra de una hermana de Luis inhumada en el cementerio de Alagón.
Estas son las 25 víctimas identificadas hasta el momento, pero los investigadores no tienen dudas de que habrá más. Muchas familias esperan aún que los restos recuperados sean cotejados con su ADN, entre ellas la familia de los hermanos Ramiro y Manuel Lapeña Altabás. En 2016, la decisión sobre la exhumación de los Lapeña Altabás marcó un hito e hizo posible que las exhumaciones en Cuelgamuros puedan llevarse a cabo. Era difícil, pero no imposible.