Radiografía de la prostitución en Castilla y León: manipulación emocional y pisos privados
- En Castilla y León cerca de mil mujeres son prostituidas en clubes, a lo que hay que sumar la prostitución en pisos privados
- Las asociaciones alertan de la profunda manipulación a la que se somete a las víctimas para que no denuncien
Según el macro estudio del Ministerio de Igualdad sobre trata y explotación sexual, Castilla y León registra una ratio de 39 mujeres prostituidas por cada 100.000 habitantes, aglutinando cerca de mil mujeres prostituidas en clubes, cifra a la que habría que sumar las que explotan en pisos clandestinos o viviendas turísticas, difícilmente detectables por las fuerzas y cuerpos de seguridad. Detrás de estas cifras se esconde una realidad compleja; actuaciones policiales recientes, como la Operación Cábila que se saldó con once detenidos y trece mujeres liberadas, revelan que el negocio de la explotación sexual ha mutado y se ha desplazado de los clubes a las viviendas.
Del club de carretera a la clandestinidad de los pisos privados
En los últimos años, el escenario de la explotación ha experimentado un cambio drástico. A raíz de la pandemia de la COVID-19 en 2020, muchos clubes cerraron sus puertas y la actividad migró de forma silenciosa hacia los pisos privados. Esta transformación complica de manera notable la labor policial. Según datos del Ministerio del Interior correspondientes a 2025, la Policía Nacional logró liberar a 22 mujeres prostituidas en Castilla y León, trece de ellas en el marco de la Operación Cábila, donde un clan familiar las obligaba a prostituirse en seis pisos de Valladolid bajo amenazas de santería.
La Policía Nacional liberó a 13 mujeres en la Operación Cábila.jpg
Como explica Rocío Rodríguez, Inspectora Jefe de la UCRIF de Valladolid, "el fenómeno de los pisos da una clandestinidad que favorece que pueda haber víctimas de explotación sexual... nos dificulta nuestra labor, porque los clubes son conocidos, publicitados, los pisos no". Esta falta de visibilidad se cimenta sobre promesas falsas de empleo o vínculos sentimentales. Ana Delgado, responsable de intervención de la asociación APRAMP, apunta que las redes operan en los países de origen mediante "ofertas de trabajo engañosas muy beneficiosas, hacer unos estudios en España o una relación sentimental aparentemente idílica, que luego se convierte en una relación de explotación".
Cuando el proxeneta comparte techo: la trata intrafamiliar
Existe la creencia generalizada de que las redes de trata operan exclusivamente a través de organizaciones criminales o mafias impersonales. Sin embargo, la realidad demuestra que el peligro brota a menudo del círculo más cercano, personas que se ganan la confianza de la víctima. Rebeca Collantes, psicóloga de la asociación ACLAD que actúa en las provincias de Valladolid, Palencia y León, advierte: “Los tratantes suelen conocer la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la víctima. Muchas se encuentran en situación económica precaria. Con personas dependientes a su cargo”.
“Mis hermanas me trajeron aquí, me encerraron en una habitación. Por la noche los clientes se desnudaban en la cama y querían que les hiciera cosas“
Esta es la desgarradora realidad que vivió Lucía —nombre ficticio para proteger su identidad— quien sufrió en primera persona la crudeza de la trampa familiar: "Fui una víctima porque mis hermanas me trajeron aquí, me encerraron en una habitación. Por la noche me llevaron en un piso y los clientes entraron ahí. Se desnudaban en la cama y querían que les haga cosas, que yo no quería". Afortunadamente Lucía consiguió salir de ese infierno y pasó a formar parte del equipo de APRAMP, pero no todas tienen tanta suerte.
Los pisos turísticos, un nuevo escenario
Desde APRAMP alertan de un nuevo fenómeno: la prostitución en pisos turísticos. Los proxenetas alquilan una de estas viviendas en plataformas online, llevan a las chicas y tras un breve periodo de tiempo explotándolas allí, se las llevan. Todo antes de que la policía pueda detectar que se está llevando a cabo una actividad ilegal.
Son situaciones en las que muchas víctimas "no saben ni en qué ciudad están, y no pueden pedir ayuda por sí mismas”, según detalla Ana Delgado. Por eso, la colaboración ciudadana es muy importante. Vecinos que alerten a la policía sobre posibles pisos donde las mujeres pueden estar siendo explotadas, pero una vez detectadas, labor de mediación de las propias supervivientes resulta clave.
Andrea y Claudia (nombres ficticios) son supervivientes de la trata y ahora mediadoras de APRAMP
Desde el equipo de la unidad móvil de APRAMP, Andrea y Claudia señalan la importancia de romper la barrera comunicativa: "Nosotras vamos a todos los lugares de prostitución para decirles que sí hay salida", porque aseguran, "no es lo mismo decir soy trabajadora social, a decir: yo pasé por lo mismo que tú".
Manipulación emocional, indefensión y el falso miedo a la deportación
El control que ejercen los proxenetas va mucho más allá de la coacción física; se encarga de manipular a la víctima para que sienta que tiene una deuda no solo económica, sino también moral. Rebeca Collantes detalla cómo opera este mecanismo psicológico en el que los explotadores consiguen que algunas víctimas los vean como salvadores, "Las víctimas sienten que en cierto modo han podido ayudar a su familia, entonces se sienten en deuda”.
“¿Van a creer que yo me enamoré de un hombre, me ha engañado y me ha metido en un polígono?“
Según Ana Delgado el proxeneta lleva a cabo "todo un trabajo de deshumanización de la persona, de arrancarle todo su proceso de humanidad, toda su autoestima". Este impacto emocional genera además profundos sentimientos de culpa y vergüenza, tal como reflejan Andrea y Claudia: "¿Qué van a pensar?, ¿me van a creer que yo me enamoré de un hombre y me ha engañado y me ha traído a España y me ha metido en un polígono? Pues tu sentimiento es que no".
A este laberinto psicológico se suma la vulnerabilidad legal. El Informe de la asociación In Género relativo a 2024 advierte de que el 96% de las mujeres prostituidas son extranjeras, y un 52% de ellas se encuentra en situación irregular. Un caldo de cultivo que alimenta el miedo a ser deportadas si acuden a las autoridades.
“Una mujer víctima nunca debe tener miedo a denunciar. Se va a paralizar automáticamente cualquier expediente de expulsión“
Frente a este temor, los expertos insisten en que los mecanismos de protección jurídica son firmes. La abogada penalista Carmen Hedrosa zanja cualquier duda al respecto: “Una mujer en situación irregular nunca debe tener miedo a denunciar que está siendo explotada sexualmente”. Hedrosa asegura que en estos casos La ley española las protege porque “se va a paralizar automáticamente cualquier expediente de expulsión que tenga abierto”.
De hecho, la legislación española contempla de forma estricta que, si una mujer en situación irregular denuncia ser víctima de explotación sexual, se abrirá un periodo de protección, tanto policial, como social y jurídica, durante el cual se le otorgará un permiso inicial de residencia y trabajo de un año, el cual podrá ser ampliado a cinco.