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Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún, unidos en la vida y en la muerte

  • Rafael Rodríguez Rapún fue el último gran amor de Federico García Lorca y el que inspiró la mayoría de sus Sonetos del amor oscuro
  • Ambos murieron un 18 de agosto, pero con un año de diferencia
Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún, unidos en la vida y en la muerte
Laura Odene

Recordar es un ajuste de cuentas con la historia y con la memoria colectiva, un ejercicio que es aún más necesario cuando consiste en recordar las voces que se han intentado apagar. Es una lección que el propio Federico García Lorca llevó por bandera con su Barraca y también con su poesía y sus textos: nombrar trae a la existencia lo que se quiere sepultar en la insignificancia.

Las investigaciones sobre la vida y obra de García Lorca, como las del historiador y biógrafo del poeta Ian Gibson, revelaron el nombre de quien se cree que fue el último gran amor de Lorca y el que inspiró casi la totalidad de sus Sonetos del amor oscuro: Rafael Rodríguez Rapún.

Rafael Rodríguez Rapún Archivo RTVE

"Rafael Rodríguez Rapún era un militante de las juventudes socialistas de Madrid, que estudiaba ingeniería, que era futbolista y que se incorporó al proyecto teatral de La Barraca de Lorca, donde fue designado secretario de la compañía por el poeta. A Lorca le hacía tilín Rodríguez Rapún, y aunque Rafael era un tipo guapetón, con éxito en el ligue con mujeres, las cartas que envió a Lorca reflejan que sentía algo muy profundo por Federico García Lorca también", explica el también poeta y gestor cultural Regino Mateo. "Lorca estaba bastante enamorado, de hecho hay un soneto, el Soneto de la dulce queja, que habla de cómo le dejó dejado plantado en Valencia. Había una representación de Yerma allí con La Barraca, habían quedado en verse, pero Rapún -- las tres erres, como le llamaba Lorca -- le dejó plantado".

Fotografía del 'Soneto de la dulce queja', inspirado en el "plantón" de Rapún a Lorca Laura Odene

Los sonetos "desaparecidos"

Los Sonetos del amor oscuro, inspirados casi en su totalidad por Rafael Rodríguez Rapún, esconden su propia hazaña, puesto que permanecieron ocultos, perdidos, durante décadas, hasta que una filtración anónima los sacó a la luz.

"Hoy sabemos que mayoritariamente piensan en Rapún, pero los dos últimos ya no están pensando en Rapún", añade Regino Mateo. Explica que hay distintas teorías sobre las razones por las que Lorca tomó la fatídica decisión de visitar a su familia en Granada, donde fue apresado y asesinado, en lugar de huir a México cuando tuvo la oportunidad. Se ha contado que el poeta se quedó en España por Rapún, pero las investigaciones llevadas a cabo por Ian Gibson aportaron la teoría de que Lorca y Rapún estaban enfadados, que fue a Granada porque estaba en medio de un desencuentro con Rapún y fue a visitar a la familia y a "curarse las heridas amorosas". "También se ha sabido que los dos últimos sonetos hablaban de un jovencísimo Juan Ramírez de Lucas, que tenía 19 años, todavía menor de edad en aquella época. La teoría explica que Lorca estaba evaluando si huir a México, por el ambiente que había de inseguridad tras el asesinato de Calvo Sotelo, pero quería marcharse con Ramírez de Lucas. Estaban esperando la autorización de los padres de Juan cuando se decidió a ir a Granada", concluye Mateo.

Lorca y Rapún, unidos en la vida y en la muerte

El trágico final que une sus raíces

Lorca y Rapún vivieron juntos, sin saberlo, los que serían los últimos años de sus vidas, vinculados a la actividad cultural de La Barraca, que pasó también por Cantabria. La compañía representó en el Palacio de la Magdalena la totalidad de su repertorio. Además, las misiones pedagógicas en las que participaba el grupo de La Barraca pasaron también por Polaciones y la Casona de Tudanca, e incluso se cree que algunos miembros del grupo, entre los que se encontraba Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca, visitaron Santillana del Mar y cruzaron la Bahía de Santander para conocer Somo. Fue un romance corto el de Lorca y Rapún, interrumpido, en parte, por el asesinato del poeta. Lo que pasó después convive entre los límites de la realidad y la literatura.

"Yo tengo la sensación de que hay bastante de mito, pero que se van sumando una serie de casualidades perfectas que hacen que acaben siendo dos muertes trágicas y románticas al mismo tiempo", argumenta Mateo. "Rapún se alistó como voluntario en el ejército de la República, con rango de capitán, y fue enviado al frente del Norte. No es tanto una venganza por Lorca, sino también una consecuencia de su militancia política", explica el poeta y promotor cultural. Precisamente combatiendo como soldado republicano, Rapún fue herido de gravedad, a la altura de Bárcena de Pie de Concha: "tuvo que ser antes del 16 de agosto, cuando las tropas golpistas tomaron Reinosa, y durante el bombardeo — y aquí sí que hay testigos presenciales que se lo contaron a Gibson—, Rapún se comportó de forma completamente irresponsable. Salió prácticamente a pecho descubierto y hay quien dice que dijo «matadme a mí también»". Sin embargo, Rapún no murió en combate, sino días después. "La parte romántica es que a Lorca lo habían asesinado un 18 de agosto, exactamente un año antes", sentencia Regino Mateo.

Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún descansando y charlando Archivo RTVE

Rapún y el Cementerio de Ciriego

Mito, casualidad o tal vez solo justicia poética, Lorca y Rapún murieron por la misma causa y en la misma fecha, con solo un año de diferencia. "Fue herido, no murió en el acto, tuvo que ir a un hospital y del hospital ya pasó al cementerio. Su padre, diez años después, vino a visitar sus restos, porque Rafael no era oriundo de Santander, y decidió enterrarlo aquí. Quizá porque acarreaba un gran gasto trasladarlo o por el contexto de la guerra", explica María Bolado, directora del Cementerio de Ciriego de Santander, donde descansan sus restos.

Sin embargo, a pesar de que los restos de Rafael Rodríguez Rapún descansaban en el cementerio, no supieron de su identidad hasta el año 2007. "Rapún llega a nuestras vidas gracias a Ian Gibson, que vino a los cursos de la UIMP en el Palacio de la Magdalena y, como no podía ser de otra forma, pasó a visitar la tumba de Rapún", explica Bolado. "Aquello fue la explosión, empezamos después a investigar y a descubrir toda su historia... Y le tenemos como un tesoro muy especial para todos. Porque, además, tengo que decir que hasta el descubrimiento de Rapún, la tumba más visitada siempre había sido la de Carmen Amaya. Y ahora ha pasado a ser la de Rafael Rodríguez Rapún".

A raíz de su descubrimiento, el Cementerio de Ciriego se puso en contacto con la familia viva de Rapún, sus sobrinas, quienes tienen en custodia su sepultura. Para el cementerio, explica su directora, María Bolado, es una reliquia que cuidan con cariño: "Fue el último gran amor de Lorca, por mucho que me digan que ahora están saliendo otros. Yo no digo que no, pero para mí será siempre el último gran amor de Lorca. Y Lorca es el eterno vivo. Porque después de 90 años sigue vivo. Sigue viva su historia, su poesía, su dramaturgia. No va a morir nunca. ¿Y cómo no vamos a cuidar a su último gran amor?". Esa es la función de los cementerios, añade Bolado: "son museos al aire libre, bibliotecas de piedra. Y son el mejor espacio que tenemos dentro de la ciudad de los vivos para conocer su historia".

Visitar la sepultura de Rapún en Santander es un ejercicio de memoria, que grita a voces una historia que quiso ser silenciada y que recuerda también, a su vez, a otros muchos cuyos restos, como los de García Lorca — el último gran amor de Rafael Rodríguez Rapún—, siguen en paradero desconocido.