Exhuman los cuerpos de cuatro maquis en una fosa común en Sotos (Cuenca)
- Los arqueólogos buscan a las familias de dos de ellos
- Los restos serán analizados en la Universidad Autónoma de Madrid
Era una mañana de agosto de 1950 cuando en un monte de la Sierra de Bascuñana, en Cuenca, murieron abatidos por la Guardia Civil cuatro maquis de la Agrupación guerrillera de Levante y Aragón. Sus cuerpos fueron llevados al pueblo para realizarles la autopsia antes de enterrarlos.
Es la historia que está reconstruyendo Desirée Torralba, investigadora natural de Sotos, quien desde siempre ha oído narrar las historias de los guerrilleros en su zona y que ahora ha colaborado en el hallazgo de los restos. “La historia que hemos desarrollado es esa: cómo se realiza esa batida, cómo se les encuentra, los abaten, después, cómo se realiza todo el proceso de bajada de la Sierra, contactar con todo lo que es médico forense para realizar la autopsia, traer a gente del pueblo también para que los enterrasen…”.
Restos encontrados durante los trabajos de exhumación en Sotos, Cuenca
Localización de los cuerpos
Un equipo de arqueólogos de ArqueoAntro, con financiación de la Federación Española de Municipios y Provincias, se han encargado de los trabajos. La documentación conservada ha permitido la rápida localización de los cuerpos, en el muro sur de la fosa común del antiguo cementerio civil del pueblo.
A dos metros de profundidad, se han hallado los esqueletos de los cuatro guerrilleros. Están tumbados bocarriba y, aparentemente, en buen estado de conservación. Las marcas en los cráneos confirman la historia recogida en la documentación de aquellas muertes según apunta, a pie de fosa y en pleno trabajo de limpieza de los restos, el arqueólogo forense de ArqueoAntro, Miguel Mezquida: “Muestran traumatismos compatibles con proyectiles. Se ven los orificios de entrada y de salida en algunos cráneos. Y, además, como hay diligencias de la Guardia Civil de cuando se hizo la autopsia, en observación estaba anotado que había hecho la autopsia a los restos óseos. Y dos de los cráneos que ya se ven completamente están autopsiados”.
Clasificación de los restos exhumados
Ayuda para encontrar a los familiares
El siguiente paso es la identificación. Son tres resineros y labradores conquenses, y un madrileño. Se cree que los cuerpos pertenecen a Julián Sánchez Huerta, alias Martín, de San Martín de Boniches; Nazario Sáez Montero, alias Sastre o Bernardo, de Alcalá de la Vega; Mariano Pardo Fernández, alias Francisco, de Monteagudo de las Salinas; y Cesáreo Fuentes Ávila, alias Olegario, de Madrid. Las familias de los dos primeros ya esperan las pruebas de ADN. Para los segundos, los investigadores piden la colaboración ciudadana para localizar a sus familiares. “Esto también nos sirve para concienciar a las familias a que busquen a sus víctimas”, dice Torralba.
La malformación que padecía uno de los dos últimos también podría ayudar en la identificación y, por descarte, dar identidad a los cuatro cuerpos. Para todo ello, los restos exhumados serán llevados a la Universidad Autónoma de Madrid para el estudio antropológico en laboratorio. Después, en otra fase y con una nueva financiación, se llevarían a cabo los estudios genéticos.
Seguimiento en la localidad de Sotos
Aunque ninguno de los muertos era vecino del pueblo de Sotos, ni de su municipio, Sotorribas, en esta pequeña localidad de la Serranía de Cuenca, que no llega al medio millar de habitantes, la exhumación ha generado gran expectación en la población.
Las historias de los maquis y las heridas que dejó la Guerra Civil y los años posteriores son todavía para algunos un tema tabú en los pueblos que han vivido de cerca aquella realidad. Por eso, desde el primer momento, el Ayuntamiento ha trabajado con transparencia, según la alcaldesa, Nuria Illana, para dar la mayor normalidad al proceso.
Así, durante la semana de julio que han durado las exhumaciones, se ha invitado a los vecinos a subir al cementerio a ver los trabajos. Uno de los que ha seguido de cerca las exhumaciones ha sido Arsenio Valiente. Antiguo constructor del pueblo, incluso ha ayudado a los arqueólogos a calcular la profundidad de la excavación. Fue él mismo quien, en una reforma posterior del cementerio, se encargó de sellar la fosa en la que, pese a no saberse qué personas estaban ahí, nunca faltó un lugar, cuenta este vecino, donde dejar flores.
También se ha hecho una charla informativa en el pueblo. “Lo único que estamos haciendo es atender las necesidades de unas familias que lo que necesitan es cerrar un duelo y recuperar esos restos”, resume Illana.
En cuanto a los restos de los guerrilleros cuyas familias no fueran encontradas, deberían ser inhumados de nuevo, de forma digna, en el lugar de su descubrimiento. Son los caminos para dar cumplimiento a la Ley de Memoria Democrática. “Sobre todo es dignificar a esas personas que en un momento determinado pierden la vida por una ideología política” concluye Torralba. –