Enlaces accesibilidad

Jaime Martín ('Sangre de barrio'): "Los jóvenes de la periferia estábamos abandonados en una especie de purgatorio"

  • Se reedita el clásico del cómic español sobre la juventud sin futuro de los años 80
  • Más noticias sobre cómic e ilustración en El Cómic en RTVE.es
Ilustración de cómic con cuatro jóvenes varones corriendo juntos por una acera, con expresiones sonrientes y vestimenta variada, en un entorno urbano con edificios al fondo.
Detalle de la portada de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma) 5

Considerado uno de los grandes clásicos del cómic español de los años 80 y 90, Sangre de barrio (Norma editorial), fue la primera obra en solitario de Jaime Martín, la que lo consagró como autor y con la que consiguió el Premio al Autor revelación del Salón del Cómic de Barcelona de 1990. Un tebeo barriobajero ambientado en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), en el que retrataba a una generación de jóvenes de la periferia que no tenía ningún futuro, que intentaba buscarse la vida como podía y que pasaba de hacer gamberradas con los colegas a meterse de lleno en el peligroso mundo del crimen. Ahora Norma publica un integral que recoge los tres álbumes originales.

"Creo que tenemos idealizados los años 80 -nos comenta Jaime Martín- Yo, como todo el mundo, recuerdo cosas malas y buenas. Suelo centrarme en los recuerdos más positivos, en mi época de estudiante en el instituto, descubriendo el cine de Almodóvar como algo muy innovador y que me inspiró mucho. Y, además, veo un cierto paralelismo con el contenido de las historias de El Víbora en aquella época. Todo me parecía parte del mismo universo y me resultó muy inspirador para escribir mis primeros guiones. Además, había una explosión de creatividad lógica, porque veníamos de esa sequía de libertad y se podía cantar, dibujar y filmar cualquier cosa. Así que eso lo recuerdo de una forma muy positiva".

"La parte negativa es que yo vivía en en L’Hospitalet de Llobregat, una ciudad gris, dura, con muy pocos atractivos para los adolescentes -continúa el dibujante-. Además, éramos una familia de cinco viviendo en un piso de 38 metros cuadrados, mi colegio era frecuentado por los delincuentes juveniles de la época, nuestras familias no tenían un duro... Los jóvenes estábamos abandonados en una especie de purgatorio. Nos sentíamos estigmatizados porque a todos los que éramos de fuera de Barcelona nos veían como una especie de salvajes que vivían en la selva y que tenían costumbres extrañas. También pasaba con otros municipios de las afueras de Barcelona. Por ejemplo, el Prat de Llobregat era casi peor que L’Hospitalet".

Un purgatorio del que tenían tenían pocas esperanzas de escapar, como nos cuenta Jaime: "Teníamos como la convicción de que pertenecíamos a ese mundo y no íbamos a poder salir de ahí porque no se nos permitiría; porque nunca tendríamos el conocimiento ni los medios para escapar. Pensábamos que íbamos a estar ahí a perpetuidad. Recuerdo la rabia de algunos amigos míos, que traté de reflejar en Sangre de barrio. Por ejemplo, mi colega Mario, que, en cuanto tuvo 18 años comenzó a trabajar en el camión de la basura. Estaba siempre cabreado por lo duro que era el trabajo y por el salario de mierda que tenía. Cuando íbamos a una zona mejor de la ciudad y veía a los pijos se cabreaba mucho porque decía: "Qué fácil lo tienen estos cabrones". Estaba enfadado, con razón o sin razón, porque pensaba que la vida le había tratado mal. Durante una época se escapaba de vez en cuando con unos conocidos, que ya estaban más en ese punto de delincuentes juveniles, y supongo que se desahogaba. Esa impotencia, esa rabia son algunas de las cosas que intenté plasmar en el cómic".

Página de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma)

"La juventud de ahora es menos crítica que la de nuestra época"

Viendo esa falta de oportunidades de los jóvenes de los ochenta, no podemos evitar pensar que nos recuerda a lo que, 37 años después, afronta la juventud actual. "Creo que hay algo en común en esa falta de oportunidades -asegura Jaime-. Soy profesor en la Escola Joso y, por lo que hablo con los alumnos y alumnas de veintipocos años, no ve un futuro ni a mediano ni a largo plazo. Dan por hecho que van a vivir casi toda su vida compartiendo piso, en el mejor de los casos. No ven un futuro muy halagüeño. La gente con la que me juntaba en los ochenta tampoco veíamos un gran futuro, pero, a diferencia de los chavales de hoy en día, si creíamos que, al final las cosas tendían que irnos bien. Porque así había sido con nuestros padres y antes con nuestros abuelos, que siempre habían conseguido prosperar. Por eso queríamos pensar que, a largo plazo, las cosas iban a mejorar".

También preguntamos a Jaime si cree que la juventud de ahora es menos rebelde que la de los ochenta. "Creo que sí. Y desde mi punto de vista, tiene una explicación sencilla. Los que teníamos 16 años en los 80, teníamos a unos profesores que habían vivido una dictadura y que hacían lo indecible para que supiéramos en todo momento de dónde veníamos y que gozábamos de una libertad que ellos no tuvieron cuando fueron jóvenes. Un día, a los 14 años, un profesor nos hizo salir de clase y compramos periódicos de todo el espectro político para comparar la misma noticia. Compramos El Alcázar, El País, La Vanguardia... Gracias a esos profesores todos éramos conscientes de quien había sido Franco y de la dictadura que instauró durante 40 años. Y, además, en la escuela se hablaba sin ningún tapujo y se lo catalogaba como lo que era: un dictador y un asesino".

"Por eso creo que en las escuelas de ahora se debería enseñar a los jóvenes a contrastar la información que obtienen en redes y, sobre todo, a ponerla en contexto, porque, cada vez más, la información les llega de forma más reducida, como píldoras muy llamativas, pero muy reducidas y sacadas de contexto. De forma que retienen ese mensaje y no se preocupan demasiado en averiguar de dónde salir. Además, adquieren ese hábito de consumir vídeos muy cortos o textos muy cortos. Por lo tanto, si un día hay un tema que les interesa, no se van a poner a leer un artículo largo para ver qué hay de cierto en ello. Ni van a ver un documental de media hora siquiera porque ya no tienen ese hábito adquirido. Por eso me da la impresión de que esa falta de rebeldía de los jóvenes es consecuencia de un trabajo lento, que viene de lejos y que al final ha hecho mella. Y que los está convirtiendo en personas cada vez menos críticas, porque no han desarrollado las habilidades para ello".

Página de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma)

"No es una historia autobiográfica"

Sangre de barrio nos cuenta la historia de Vicen, un chaval que se muda con su hermana y su madre a L’Hospitalet de Llobregat huyendo de un padre maltratador y un futuro incierto. Pero el barrio que se encuentra es aún más desolador (paro, drogas, violencia...), lo que obligará a Vicen a madurar a marchas forzadas y a buscarse la vida.

Preguntamos a Jaime qué tiene Sangre de barrio de autobiográfico: "Yo no soy Vicen, no me veo reflejado en él y tampoco es una historia autobiográfica. Lo que pasa es que a los que dibujamos, consciente o inconscientemente, nos resulta más fácil hacer algo que se parezca a nosotros. Por eso hay muchas escenas basadas en cosas que he vivido yo y, sobre todo, amigos míos o conocidos. Pero todo está procesado y mezclado con partes inventadas. Por ejemplo, el tío que está traficando con material robado en el piso de Vicen, la prostituta y su hija, que trabajan en el piso de encima de Vicen, o los alumnos que prenden fuego a la clase con el profe dentro... Todo eso está sacado de vivencias reales que me contó mi pareja o mis amigos".

Hoy Empieza Todo - Entrevista a Jaime Martín autor de "Sangre de barrio"

"En cuanto a mí -añade-, recuerdo que la parte de la salida en coche para descubrir que había más allá de nuestra ciudad, también es real. Cuando un amigo se sacó el carnet, a los 18 años, su padre le dejó el Seat 850 y nos fuimos a ver cómo eran los barrios pijos de Barcelona. ¡Y flipamos! Un día fuimos a la zona del Camp Nou donde se ponían las prostitutas... Si había cosas sórdidas por descubrir mejor. Hoy veo esas escapadas como un episodio de violencia que ejercimos contra las trabajadoras que había allí. Porque íbamos a verlas como el que va al zoológico".

En Sangre de barrio, Jaime Martín también refleja la violencia doméstica, algo que, por increíble que parezca, estaba bastante aceptado socialmente en esa época. "Si, era muy habitual en las familias. También por temas de alcoholismo o drogas. Cuando me documentaba para el cómic escuché testimonios de lo más escabrosos en ese sentido. Pero me corté a la hora de reflejarlo en el cómic. Por ejemplo, mi mujer estuvo trabajando en un lugar donde había una cadena de restaurantes y a un chaval que trabajaba allí, un amigo le dijo que fueran al local donde trabajaba su madre porque la cerveza les saldría gratis. Cuando llegaron allí, resulta que la madre hacía un espectáculo pornográfico en una sala mítica porno de Barcelona. Esa anécdota podía haber salido en Sangre de barrio, pero al final tienes que dosificarte, porque si no parece que estás delirando".

Página de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma)

Un cómic con la energía de la juventud

Cuando leemos Sangre de barrio, 37 años después, tenemos la impresión de que es pura energía de juventud, pura rabia desatada. "Es verdad -nos confiesa Jaime-. Y en la forma de trabajar los guiones supongo que hay algo de visceral. Reconozco que no sé si si es bueno o si es malo, pero lo acepto como tal. A lo mejor alguien te diría que esa visceralidad puede ser poco profesional en el sentido de que, por ejemplo, cuando escribí Siempre tenemos 20 años, ese no iba a ser el final. Pero cuando ya tenía el guion escrito me encontré con un amigo al que hacía tiempo que todos habíamos perdido la pista y que es ese personaje que aparece y que cuenta que estuvo trabajando en un restaurante. Y decidí añadir esa parte hacia el final de la historia".

"Cuando acabé, le di a leer el borrador a Josep Maria Beà (Historias de Taberna Galáctica), y me comentó que el final era muy duro y triste. Así que reflexioné y le di una vuelta, para intentar que fuera un final un poco más esperanzador. Ahora todo el mundo me comenta siempre cuánto lloró en esa parte, pero la idea era como transmitir un mensaje de esperanza. La cuestión es que sí que tengo esa parte visceral de que me da un pronto y lo cambio todo de un día para otro. ¿Funcionan así mis historias? No siempre. Pero en muchas ocasiones pasa eso".

Página de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma)

A diferencia de las dos primeras partes, que son costumbristas, la tercera se convierte en un thiller en el que Vincen acabará metido en una mafia. "Si, hay una ruptura de esa tendencia al costumbrismo y que se debe a eso que comentaba de que funciono con impulsos. Por ejemplo, cuando estaba con la segunda parte, alguien muy cercano me comentó que en su vida había aparecido un tipo detestable, que era pareja de su madre. Y me contó cosas sobre él que me llevaron a meterlo como el padrastro de Vincen. Y la cosa funciona muy bien porque sigue siendo algo costumbrista".

"Pero antes de hacer la tercera parte -añade-, conocí a alguien que se dedicaba al tráfico de drogas. Y gracias a eso tuve información de primera mano que me daba para hacer una historia diferente. Pero, al final, decidí desarrollarlo en Sangre de barrio, que cuenta la historia de un grupo de adolescentes que está caminando por ese filo de la hoja de afeitar que si te desplazas para la derecha caes en un pozo de perdición y si caes hacia la izquierda quizá puedas llevar una vida medio normal. Y encajaba. Pero tenía el problema de que no podía narrar lo que me habían contado de forma reconocible. Al tipo no lo podía dibujar, ni que se pareciera remotamente, porque no quería acabar en un contenedor de basura con las piernas rotas".

"Además, en esa época había recopilado mucha información sobre sectas y sobre la recuperación de gente enganchada a la heroína a través de las sectas. Había leído algún libro de Pepe Rodríguez, un periodista de los 80 especializado en esos temas y quería hacer algo con eso. Así que lo junté todo para camuflar al tipo del narcotráfico. Y eso hizo que se perdiese ese costumbrismo, lo que no es bueno ni malo. Pero con el paso del tiempo creo que no debiera haber hecho esa mezcla, que me tenía que haber centrado en la historia del narcotráfico. Preguntar al tipo si me daba permiso y hasta donde podía contar. pero no lo hice y creo que esa tercera parte se ve un poco descolgada. Porque, como decía, a mí me gusta trabajar con material cercano, con las historias de gente tal como las ha vivido. Y me gusta sacar, si es posible, sus caras, sus nombres y sentirlo como mío. Y ahí no pude hacerlo. Y perdió esa parte tan cercana que le da ese toque de costumbrismo".

En cuanto a la parte gráfica, Sangre de barrio empieza inspirándose en los grandes maestros del cómic español de la época, como Carlos Giménez o Alfonso Font, pero ya en la segunda parte aparece la influencia del Manga. "Sí, me pilló leyendo Akira y de ahí esas líneas cinéticas. Y en la tercera parte ya empecé a trabajar el dibujo con herramientas informáticas, aunque me di cuenta de que no tenía mucho sentido hacer cambios radicales en el dibujo, porque iba a romper la unidad de la historia. Así que en la tercera parte usé herramientas informáticas, pero de forma muy cautelosa. En esa época ya trabajaba la tinta y el color en digital, pero no quise llegar a esos extremos para que no hubiera una ruptura tan brutal en la parte gráfica".

Página de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma) 5

Una banda sonora que incluye a Ramoncín, Barricada, Burning...

Ya os habréis dado cuenta de que el título de Sangre de barrio es un homenaje a una de las canciones más icónicas del cantante Ramoncín, que forma parte de su disco Arañando la ciudad (1981). Un himno a la rebeldía y supervivencia en los barrios callejeros. Además, el cómic incluye numerosas letras de canciones que acaban formando parte de la ambientación e incluso del argumento. "La música que yo escuchaba en aquellos años y que sigo escuchando de vez en cuando era rock urbano: Ramoncín, Barricada, Burning, La Polla Records... Para mí era algo que funcionaba en las dos direcciones. Había letras que me inspiraban alguna escena y escenas en las que pensaba: "Aquí esta canción iría de perlas". Por ejemplo, una canción de Barricada que se llama "Ten cuidado con el perro" y que aparece en una en una escena de Sangre de barrio"

"Sobre Ramoncín - nos comenta Jaime-, lo conocí en un concierto que dio en Cornellá. Fui a su camerino y me dijo que había leído el álbum y le había gustado. El conoce muy bien el mundo del cómic e incluso colaboró en la revista Rambla, en aquellos años, haciendo alguna reseña de cómic".

Viñetas de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma)

En cuanto a sus proyectos, Jaime nos anuncia que: "Llevo poco más de un año trabajando en un nuevo álbum. Tengo el guion escrito y ya he dibujado algunas páginas. Es una historia que conecta con la trilogía de los 20 años. Estoy dibujando mi barrio, el barrio de Santa Eulalia, en L’Hospitalet de Llobregat, tal como era en los años 50. Porque la historia está narrada desde el punto de vista de mis padres, que serían unos críos de ocho o nueve años. Cuento cómo eran los niños de la época, a qué jugaban y cómo era su relación con esos adultos que acababan de vivir una guerra civil, que tenían las secuelas de la violencia, la guerra, el alcoholismo... Cómo era el tema de la represión, los delatores que aún había en el barrio y que seguían delatando a gente que había defendido la República".

"En aquella época era un barrio extremadamente pobre con muchas barracas. De hecho, mi padre vivió en una de ellas hasta los 12 años. Y es una historia que comparte con Sangre de barrio que no es un relato lineal, sino que se trata más de recrear el ambiente de cómo era el barrio en ese momento de la historia reciente de España. Es complicado, sobre todo gráficamente, porque en el año 50 la ciudad de L’Hospitalet de Llobregat no tenía nada que ver en absoluto con lo que es hoy día. Pero la gente que lleva el archivo fotográfico del Ayuntamiento de L’Hospitalet me está echando una mano. Tienen muchas fotos que han donado los vecinos de la ciudad. La mayoría las han digitalizado y las que no me las buscan en los cajones".

Portada de la edición integral de 'Sangre de barrio' (Norma) 5