Lemoiz: la central nuclear que será una piscifactoría
- Construida hace cuatro décadas, la central nuclear de Lemoiz nunca se llegó a utilizar
- El lehendakari ha presentado el proyecto de piscifactoría para criar lenguados
"Una herencia incómoda y muy compleja". "Nos evoca un pasado de dictadura, terrorismo y desarrollismo salvaje". Así se ha referido el lehendakari Imanol Pradales a la central nuclear de Lemoiz, que nunca llegó a funcionar como tal, al presentar el proyecto que dará nueva vida a sus instalaciones: una piscifactoría.
Situada en la costa de Bizkaia, su herencia se resume en 55.000 metros cuadrados con ocho millones de metros cúbicos de cemento y mil toneladas de hierro que no se pueden mover. Con su nuevo uso, aspira a ser un referente a nivel internacional, sostenible económica y medioambientalmente. La puesta en marcha de la piscifactoría contará con una inversión público-privada de más de 170 millones euros en los próximos diez años.
Una piscifactoría de lenguados
Aprovechando su acceso directo al mar, las nuevas instalaciones se dedicarán al desarrollo, genética, cría, engorde, preparación y transformación del lenguado. El proyecto va a contribuir a recuperar la zona y generará 20 empleos directos altamente cualificados. Los primeros lenguados "made in Euskadi", como ha dicho Pradales, estarán listos para 2030.
Todo ello, de la mano del Pacto por el Océano de Europa, que establece la denominada economía azul como sector clave para la soberanía alimentaria, la descarbonización y la protección de la biodiversidad. La piscifactoría va a trabajar de forma conjunta con las universidades y centros de investigación del País Vasco. Su objetivo es generar riqueza y nuevas oportunidades para la zona.
Lemoiz: historia convulsa
La central de Lemoiz se empezó a construir en 1972, dentro de los planes de Franco para desarrollar la energía nuclear. Diez años más tarde se paralizaron las obras tras intensas protestas sociales y varios atentados terroristas. A consecuencia de ellos, tres trabajadores fallecieron. Además, el ingeniero-jefe José María Ryan fue secuestrado y asesinado por ETA.
Nunca llegó a recibir material nuclear. Su silueta de cemento gris en la cala de Basordas ha permanecido durante todo este tiempo como recuerdo de lo que no pudo ser. Ahora se abre un nuevo ciclo, para que Lemoiz sea, en palabras de Pradales "un símbolo de transformación colectiva y no la cicatriz de tiempos oscuros"