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La presión migratoria pone a prueba a El Hierro: "Está bien ayudarles, pero que no nos abandonen a nosotros"

  • Los herreños viven con incertidumbre la llegada continua de embarcaciones
  • Preocupa la saturación de los poco dotados servicios médicos

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Crisis migratoria El Hierro: La presión migratoria pone a prueba la pequeña isla
Algunas de las barcas en las que llegan los jóvenes africanos a El Hierro, Canarias.

El ruido de una excavadora que tritura un gran cayuco de colores rompe la calma que preside el puerto de la Restinga. Los operarios comentan que es un trabajo que puede durar horas. Los restos de esta barcaza acabarán en el punto limpio. Antes han tenido que limpiar los enseres que quedaban en el fondo de la embarcación tras la larga navegación.

Ropa, comida, botellas o bidones empapados de una mezcla de agua e hidrocarburo. A esa hora el muelle está desierto, hace calor y nadie diría que poco antes han llegado tres barcazas con unos 300 jóvenes africanos, la mayoría senegaleses, pero también gambianos y malienses.

Cruz Roja ha tenido que reforzar el operativo en El Hierro, como nos explica a pie de muelle el director de emergencias de Cruz Roja Española, Íñigo Vila: "dada la frecuencia de las llegadas de estos días, hemos traído a voluntarios de otras islas para poder reforzar al equipo de El Hierro y que pueda tomar descanso". Una vez que termina la intervención, "hay que recoger, reponer y dejar todo listo y preparado para el próximo cayuco".

Inquietud entre los herreños

Aparentemente, los desembarcos de cientos de personas, más de 2.300 desde hace una semana, no alteran la vida en la isla más occidental de las Canarias, pero hay cierta inquietud entre los herreños.

"Que no haya médico en los momentos puntuales en los que llega un cayuco causa cierto miedo en una población muy envejecida y la reacción es de que está bien ayudarles, pero que no nos abandonen a nosotros", apunta Darwin Rivas, párroco y delegado de Caritas en El Hierro.

La presión migratoria está poniendo a prueba los servicios ya de por sí limitados de una isla pequeña, de tan solo 11.000 habitantes, peor preparada que otras para recibir barcazas.

Unos servicios médicos comprometidos

Del Pinar salen los equipos sanitarios que atienden las emergencias. "Muchas veces nos activan y nos tenemos que ir para al puerto porque llega una patera, el equipo sanitario se va y a veces no da tiempo a cubrir el centro de salud", comenta Eva, que es enfermera del Centro de Salud de El Pinar.

Algunos vecinos mayores, y otros no tanto, comparten la preocupación. "El otro día teníamos una cita en el centro de salud y cuando voy, no había médico porque estaba en una emergencia", asegura Berto, que trabaja de camarero en La Restinga.

Crisis migratoria El Hierro: La presión migratoria pone a prueba la pequeña isla

Profesionales de Cruz Roja atienden a los jóvenes que han llegado a El Hierro. MINERVA OSO (ENVIADA DE RNE A EL HIERRO)

Isla solidaria, pero con escasos medios

Tantos rescates en tan poco tiempo causan un gran impacto logístico en una isla tan pequeña. Los voluntarios y profesionales que participan en los desembarcos no tienen relevo y la línea entre la solidaridad y el cansancio puede ser muy fina. La carga emocional de ver llegar a tantos jóvenes, mujeres y niños que han sobrevivido a una travesía tan peligrosa, en la que muere tanta gente, causa un impacto emocional en unos vecinos que saben bien lo que significa migrar.

Es un pueblo solidario, resume Darwin Rivas, porque han sido migrantes, pero hay inquietud porque se recorten unos recursos de por sí escasos.

"Ante la llegada de cayucos, el equilibrio de la isla se rompe en momentos muy puntuales y la gente manifiesta su inquietud, pero también la solidaridad, sobre todo en el caso de los mayores que han emigrado y conocen la experiencia de ir a otro país", añade Rivas.

"¡Llega otro!"

La tranquilidad dura poco en La Restinga, ha saltado un nuevo aviso que rebota por los móviles de toda la isla para activar una nueva emergencia. A veces son los pescadores o los propios vecinos quienes llaman al 112 o el guarda de la reserva marina que vigila desde la montaña. El cuarto cayuco del día está a punto de llegar y el muelle pasa en pocos minutos de la calma a un frenesí de voluntarios de Cruz Roja, sanitarios, traductores, vigilantes de seguridad, técnicos de emergencias, de Protección civil y ambulancias.

La 'Salvamar Adahara' asoma su proa por la bocana, seguida muy de cerca por un cayuco muy grande y sobrecargado que parece imposible que pueda mantenerse a flote. En la embarcación viajan 164 personas, cuatro son mujeres y hay una treintena de menores, algunos son casi bebés. Bajan tranquilos, con claros síntomas de deshidratación e hipotermia, agotados y entumecidos por el largo viaje de al menos una semana. Algunos tienen contusiones, cortes o lesiones en sus partes íntimas y se les ve caminar con dificultad, sus rostros denotan la tranquilidad de haber pisado por fin tierra firme.

Crisis migratoria El Hierro: La presión migratoria pone a prueba la pequeña isla

Varios de los jóvenes que han llegado a El Hierro montan en autobuses. MINERVA OSO (ENVIADA DE RNE A EL HIERRO)

Los traslados a otras islas

Es sábado y no hay ferry, pero el ministerio del Interior ha apostado fuerte por las derivaciones exprés a Tenerife. Cuatro autobuses paran ante el Polideportivo de San Andrés, de donde salen decenas de jóvenes que suben en fila a las guaguas. Ya han podido asearse y visten ropa limpia, uniformados con sudaderas de colores con capucha, pantalones de chándal y zapatillas negras.

Les preguntamos cómo han pasado la noche, de donde son, desde donde vienen y sus razones para embarcar en tan precarias naves, para intentar construir el relato colectivo de un viaje incierto al último pedazo de tierra posible antes de perderse en el océano.