Enlaces accesibilidad

Incendios en marzo: una anomalía cada vez más frecuente por el cambio climático

  • El incendio en Castellón y Teruel, que ya ha quemado 4.300 hectáreas, sorprende por haber comenzado en fecha tan temprana
  • A medida que aumentan las temperaturas y bajan las lluvias, la temporada de incendios se alarga y ya no se limita al verano

Por
El prematuro incendio de Castellón y Teruel ha quemado ya cerca de 4.000 hectáreas
El prematuro incendio de Castellón y Teruel ha quemado ya cerca de 4.000 hectáreas

El incendio desatado el pasado jueves en Castellón y Teruel ha sorprendido no solo por su virulencia, sino sobre todo por la fecha en la que está teniendo lugar, en marzo, en pleno inicio de la primavera. Fuegos como el actual, que ya ha quemado 4.300 hectáreas y ha obligado a desplazarse a más de mil vecinos, se esperan en lo que -hasta ahora- se consideraba como la "temporada de incendios", los meses de verano, pero esta estación tiene unos límites cada vez más difusos.

Más que este incendio en particular, "lo preocupante es la tendencia actual", apunta a RTVE.es Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal en la Universitat de Lleida. "Nuestros modelos indican que la temporada de incendios se está alargando entre uno y dos días por año, de media. Esto quiere decir que a finales de siglo la estación de incendios será tres meses más larga, y que el concepto de estación de incendios se está diluyendo", advierte.

"El cambio climático, si no a todo el año, a que en algunas zonas del Levante prácticamente solo se salven un par de meses", explica por su parte Fernando Valladares, profesor de investigación del CSIC y director del grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. De pasar de abarcar de junio a septiembre, esta temporada va en dirección a alargarse de marzo a noviembre.

Detrás de este fuego está, entre otros factores, una fuerte sequía y un déficit hídrico especialmente intenso tras un 2022 muy seco y caluroso. "Aunque ahora el monte se ve muy verde, en cuanto rascas un poco el suelo se ve la capa de humedad tan cortita que hay", señala Valladares. Con una vegetación más seca, aumenta el combustible para el fuego, y si a eso se suma unas temperaturas más propias del verano, el riesgo está servido.

El cambio climático intensifica los fuegos

El cambio climático, detrás de los factores que agravan los incendios

El calentamiento global "no provoca los incendios, pero está detrás de las cuatro o cinco cosas clave" para que estos se produzcan, señala el científico del CSIC: mayores temperaturas, humedad relativa baja, velocidad del viento, falta de precipitación en zonas secas y acumulación de combustible seco.

Resco coincide: "Cabe esperar que estas anomalías, los incendios fuera de la estación, vayan a ser cada vez más frecuentes a medida que se agrava el cambio climático", con más olas de calor y mayor escasez de agua.

Cabe esperar que estas anomalías, los incendios fuera de la estación, vayan a ser cada vez más frecuentes a medida que se agrava el cambio climático

No se trata solo de un problema a futuro. El riesgo extremo de incendios forestales se ha duplicado en la cuenca mediterránea en los últimos 40 años y eso implica que la probabilidad de que su impacto sea severo sea el doble, según ha explicado a EFE la directora del grupo de Meteorología del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), Samira Khodayar.

En los próximos años, además, la superficie quemada en el área mediterránea puede llegar a incrementarse entre un 98 y un 187% si la temperatura media global sube unos tres grados por encima de los niveles preindustriales, según un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU. España, como país mediterráneo, está en un "punto caliente" de la crisis climática, donde las temperaturas y los fenómenos extremos serán más altos que la media mundial.

"Las anomalías se van a ir haciendo menos anómalas"

El incendio que ha comenzado en Villanueva de Viver (Castellón) es una "anomalía", apunta Resco. Hay pocos antecedentes de fuegos tan intensos como este en marzo, y hay que remontarse al de 2014 en Roquetas de Mar (Almería), que quemó unas 3.000 hectáreas, para encontrar algo similar, explica.

Sin embargo, con el cambio climático "las anomalías se van a ir haciendo menos anómalas y lo que antes ocurría cada 60 años ahora ocurrirá cada 20, cada cinco o casi cada año", alerta Valladares.

Incendios y cambio climático: ¿cómo será el ecosistema? ¿estamos a tiempo de actuar?

El verano pasado ya fue un aviso de cómo podrá llegar a ser la nueva normalidad en lo que respecta a incendios. La concatenación de olas de calor –incluida una en mayo, pocas veces visto antes- fue también "anómala", pero "esas condiciones serán la norma en el año 2035", señala Resco, experto de la Universitat de Lleida.

Aquellas olas de calor y la falta de lluvias contribuyeron a que 2022 fuera el peor año de incendios desde que hay registros, con más de 300.000 hectáreas quemadas, el equivalente a la provincia de Álava y cuatro veces más que la media de los 15 años anteriores. Castellón, ahora de nuevo castigada por el fuego, ya sufrió otro gran incendio, el de Bejís, con casi 20.000 hectáreas calcinadas.

Prevención frente a "campañas cada vez más trágicas"

"Estamos yendo a campañas de incendios cada vez más trágicas. No hemos aprendido nada del año pasado y no hemos tomado ninguna medida todavía", advierte Resco. Pide "acciones urgentes" para disminuir el riesgo, y esas no pueden ser "solo más aeronaves, como ha declarado la Unión Europea, sino prevención y gestión activa de combustible".

Explica que, para que las actuaciones de prevención sean efectivas, hay que actuar sobre una superficie equivalente a tres veces el área quemada. Si el año pasado se quemaron 300.000 hectáreas, debemos tratar 1.000.000 de hectáreas anualmente, ejemplifica.

Además, señala, citando a los cálculos de los bomberos forestales catalanes, sale más barato prevenir, que tiene un coste de 2.000 euros por hectárea, que extinguir, que cuesta 19.000 euros por hectárea. "Además, podemos obtener un cierto retorno económico, como con la venta de biomasa. Los números están claros", defiende.

La zona que está ardiendo estos días sufre, como tantas otras áreas quemadas en el pasado en España, de problemas de abandono rural y pérdida de la actividad agraria tradicional, que creaba paisajes "en mosaico" que actuaban como cortafuegos naturales, ha explicado en RNE Eva Redondo, directora territorial de Presidencia de la Generalitat Valenciana en Castellón.

Las Mañanas de RNE - Eva Redondo, directora territorial de Presidencia de la Generalitat Valenciana: "Los incendios que teníamos en verano estamos empezando a tenerlos todo el año" - Escuchar ahora

El problema de las quemas agrícolas

Por su parte, Valladares coincide en la necesidad de gestión forestal en ciertas zonas, pero advierte que no hay que caer en "mensajes simplistas" como el de que "los incendios se apagan en invierno", una frase habitual usada para reivindicar más inversión en lo que se ha venido en llamar "la limpieza del monte" y que puede derivar en que estos terminen "estériles, sin vida".

Señala que "un parque natural o un parque nacional tiene que tener bosques entre comillas sucios, porque esa suciedad es lo que permite que se regenere, mantener la diversidad de especies, etc."

Apunta, en cambio, a otras medidas de prevención, como una prohibición más estricta de la quema de rastrojos, que se ha barajado como una posible causa de este incendio, aunque no hay ninguna hipótesis oficial. Los restos agrícolas, para empezar, no se deberían quemar en ningún caso, por las emisiones que genera y los problemas para la salud de los agricultores y la población en zonas cercanas al inhalar el humo que producen, reivindica el científico del CSIC.

Pero hacerlo incluso en "temporada baja", como ocurría tradicionalmente, tiene un riesgo ahora mayor, porque ya no hay "otoño e invierno sin riesgo de incendio por el cambio climático". En su lugar, asegura, deberían o bien triturarse y devolverse al suelo o trasladarse a otros lugares.

El cambio climático trae incendios cada vez más prematuros

El incendio de Castellón, ¿aviso para este verano?

¿Este incendio es un aviso de lo que puede ocurrir a lo largo de esta primavera y, especialmente, este verano? "Si las condiciones meteorológicas no cambian y esta primavera sigue igual de seca que este invierno, los ingenieros forestales estamos temblando por lo que pueda ocurrir este verano", ha afirmado en el Telediario de TVE Raúl de la Calle, del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Oficiales.

A pesar de que las lluvias el pasado diciembre dieron algo de tregua, España lleva en sequía meteorológica desde enero de 2022. Se espera que la primavera sea más cálida de lo normal y las precipitaciones estén en torno al promedio, aunque serán más escasas en la vertiente mediterránea, según la AEMET. Este organismo vaticina además que el riesgo de incendio será elevado en verano.

Con una sequía persistente –y azotando con especial fuerza a Cataluña-, la intensidad de los fuegos en verano dependerá de si se dan olas de calor como las del año pasado, una "bomba para los incendios", según Valladares. Nos dirigimos a escenarios cada vez más similares al del fatídico 2022, añade, y "a no ser que haya un cambio de ciclo climático, tenemos que adaptarnos y anticiparnos".