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Soukaina, menor, migrante y sola en España: "El día que me fui sentí mucho miedo"

  • Soukaina, de origen marroqui, participa en el programa de integración 'Superchica' de Save the Children
  • "No sabía que mi hijo estaba en un barco para marcharse a Europa", relata Awa, madre de un chico migrante

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 Soukaina en el patio del Centro de acogida Asistencial de Melilla
Soukaina en el patio del Centro de acogida Asistencial de Melilla Cortesía del Centro Asistencial de Melilla

“Pro-ble-ma". Soukaina se detiene en cada sílaba al pronunciar esta palabra. Acaba de cumplir 17 años, nació en un pequeño pueblo en el norte de Marruecos y en agosto de 2020 decidió enfrentarse a su destino impuesto. Pese a su edad, decidió abandonar su casa y huir en búsqueda de un futuro y una vida mejor. "El día que me fui sentí mucho miedo", reconoce, pero ya no podía volver.

Hace muchos años, su madre decidió volver con los abuelos de Soukaina, dejándola a ella y a su hermano Ousama con su padre. Casi no tiene recuerdo de ella. “Mi padre se casó con otra mujer. Y cuando yo terminé sexto de primaria me obligó a quedarme en casa. No me dejaba estudiar, ni salir, tenía que quedarme encerrada a la espera del día de mi boda”, cuenta a RTVE.es desde el Centro Asistencia de Melilla, conocido en la ciudad autónoma como La gota de leche. Actualmente, convive en esas instalaciones con otros 130 menores, la mayoría varones.

Chicas menores de edad, una excepción en la dura travesía migratoria

Andalucía, Cataluña, Canarias y Melilla son los puntos donde se registra el mayor número de menores extranjeros no acompañados. Durante la primera mitad de 2020, llegaron a España 10.218 menores migrantes, según el Ministerio del Interior, de los que al menos el 10% viajó a Melilla.

Proyecto 'Superchica' para salvar de los matrimonios forzosos y la trata

Las niñas que vienen solas no son ni al 10 % y bajo esta premisa la ONG Save the Children ha desarrollado el proyecto 'Superchica'. La organización especializada en la infancia tiene como principal objetivo, a través de módulos de tres meses de duración, ofrecer un espacio "seguro y de confianza" a estas niñas que sufren una doble discriminación: por ser migrantes y por ser menores. Muchas huyen de la violencia, los matrimonios forzosos y la trata. "Tratamos de reducir su desprotección y reparar su sentimiento de angustia", explica la responsable de Programas en Melilla de Save the Children, Giulia Sensini.

Trabajan con un número muy reducido, 10 chicas adolescentes de entre 16 y 17 años, para dotarlas de herramientas antes de que termine su proceso de acogida, al cumplir la mayoría de edad. “A los 16 años se acaba el periodo de obligatoriedad de los estudios y a los 18 años no tienen garantizada la posibilidad de permanecer en España”, asevera Sensini. El proyecto lleva poco más de un año en marcha y ha atendido a más de 80 niñas: “La mayoría de las Superchicas ha huido de matrimonios precoces y pactados, de la trata y del hilo de la violencia estructural que se ejerce sobre las mujeres”, dice la responsable de la organización.

El nombre busca responder al estigma que hay alrededor del acrónimo MENA para referirse a los menores extranjeros no acompañados, que además invisibiliza a las niñas dentro de este colectivo. “Tenemos que resaltar la valentía, el coraje y su capacidad de construir alternativas, día tras día”, explica la responsable de programas de Save The Children. Hay una voluntad para integrarse, pero también reconoce que “existen estigmas tanto en la sociedad que dejan, como en la sociedad que les acoge".

La cifras de niñas que emigran es tan baja debido a la discriminación que sufren en sus países. Una realidad causada, según el informe Los más solos de Save The Children, por los rígidos roles y expectativas de género que caracterizan a sus sociedades, basados todavía en normas y tradiciones de fuerte enfoque patriarcal que tienden a "infravalorar a las niñas y a restringir mucho su libertad de elección". Además, la vulnerabilidad de las más pequeñas también se refleja en los riesgos que corren durante todo el camino migratorio.

Suprechicas un proyecto maravilloso que me ha hecho confiar y a valerme por mí misma”, asegura con emoción Soukaina, quien tiene muy claro el camino que quiere recorrer: “Quiero construir mi futuro, estudiar cocina y trabajar en lo que sea, no me importa que sea la limpieza. Quiero ser autónoma e independiente". Está segura de que no quiere volver a su tierra sin antes cumplir su sueño de tener papeles y un trabajo. "Me encantará volver a casa para decirles todo lo que he conseguido yo sola. Sin su ayuda”, dice, convencida.

 

Al igual que Soukaina son muchos los menores que no avisan a su familia de querer abandonar su país de origen. De hecho, la menor es consciente de la suerte que ha tenido por contar con la complicidad de un hermano, quién la ayudó a organizar la fuga. “Mi hermano me dio algo de dinero, me compró un móvil y me dijo vete de aquí si quieres un futuro”, recuerda. Se marchó de casa con lo puesto, sin avisar a nadie, solo lo sabía Ousama. La nostalgia la embarga cada vez menciona su nombre.

“No sabía que mi hijo estaba en un barco para irse a Europa” 

Son muchas las madres y padres que se enteran días después de que su hijo ha empredido el viaje. Desde Senegal, Awa Diagne cuenta a RTVE.es como ella se enteró tres días después de que su hijo se montara en una embarcación para dejar Senegal y emigrar a Europa: “Yo no sabía que mi hijo estaba en un barco para marcharse a Europa. Tres días después supe que se fue. Cuando pasaron cinco días me dijeron que había llegado, me llamó por teléfono, me dijo que había llegado bien. Pero fueron días terribles y estuve muy enferma pensando en él”.

Awa vivió este capítulo de su vida hace 14 años, pero aún recuerda su preocupación y las pesadillas de aquellos días. Su hijo se marchó cuando tenía tan solo 14 años- “era la edad para educarle en el buen camino y este proceso se interrumpió con el viaje", relata-. "Me preocupaba por todo, si comía y dormía. Cuando llegó, me llamaba cada semana por teléfono desde el centro de menores y esto me calmaba. Me decía que estaba bien y que no tenía que preocuparme. Me daba miedo que hubiese cogido un mal camino, pero ahora estoy muy orgullosa de él”, afirma.

“En realidad muchos emigran, sea con o sin consentimiento de las familias para buscar un futuro. Esta búsqueda de futuro es la que les mueve”, cuenta Guillermo Fouce, doctor y profesor en Psicología, presidente de psicología sin fronteras. El problema es cuando estas ideas de futuro son idílicas y falsas.

A partir de este momento intentan “buscarse la vida en el límite" con sentimientos que afloran como la desafección, la tristeza y el choque con la realidad.  Fouce considera que son varios los duelos a los que se enfrentan los menores que llegan solos. Es como el Síndrome de Ulises, explica, “vas en un trayecto y van pasando muchas cosas hacía Ítaca. Depende mucho de la edad: para los más pequeños es más fácil, pero cuando son adolescentes la situación es mucho más dura. No tienen redes de apoyo y están desamparados”. No tienen la edad de adultos, pero tampoco tienen la vida de cualquier niño o niña.

En cuanto a la integración, coinciden los expertos, en que tiene que ser bidireccional y se consigue cuando “hay una pata en el recuerdo del pasado y otra aquí”.

Más de 2.600 menores no acompañados han llegado a Canarias 

En los últimos meses, se calcula que han llegado, solo a las Islas Canarias, casi 3.000 menores extranjeros no acompañados. Entre estos tan sólo 17 eran niñas, según la Consejería de Derechos Sociales del Ejecutivo de las islas. Las autoridades autonómicas han alertado en varias ocasiones de la “situación de colapso que hay en el sistema de acogida”, explica a RTVE.es Iratxe Serrano, directora de Protección a la Infancia y la Familia del Gobierno canario. Son un 310 % más que en 2019. Y una cifra no alcanzada durante la crisis de los cayucos de 2006 en la que, según la Consejería de Derechos Sociales, Igualdad, Diversidad y Juventud del archipiélago, el Gobierno insular "nunca tuteló a más de 1.600".

En los últimos meses se han sucedido las llegadas masivas y la situación actual es de desborde, explica Serrano. "Hemos habilitado 26 dispositivos, ya que hemos superado la acogida de más de 2.656 menores no acompañados. Se han generado nuevas plazas y hemos hecho contratos de emergencia y una coordinación con todas las oenegés para poder acoger a estos menores”, dice la directora de Protección a la Familia. Además, reconoce que hay unos 412 menores alojados en tres hoteles del sur y que “no es lo más adecuado, pero no tenemos alternativa que usar estos hoteles. La magnitud es brutal y si las comparamos, la anterior crisis de los Cayucos fue una anécdota. Abrimos un recurso y a las dos semanas lo tenemos lleno”, concluye.

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Ante este escenario desde el gobierno autonómico han hecho un llamamiento a las demás comunidades autónomas para hacer un reparto. “Necesitamos ayuda de personas que vayan a la península. Lo ideal es que hubieran podido salir al menos 500. No vamos a dejar de ser la frontera sur y vamos a seguir recibiendo a personas. Necesitamos que salgan para atender a todas las llegadas, esto es un tapón”, dice. Solo cinco autonomías se han comprometido a recibir a menores que están en Canarias. Aunque solo a 95 en total serán trasladados a Cataluña, Castilla León o Extremadura.

Desde Melilla también se hace hincapié en la necesidad de repartir a los menores. “Llegan a una ciudad pequeña y sin recursos”, asegura Giulia Sensini. Recuerda que en la ciudad autónoma hay unos 500 menores no acompañados en centros de acogida. Casi un centenar se encuentran en la calle. “Abogamos por una corresponsabilidad de todas las comunidades autónomas. El futuro que les espera si no logran la documentación es muy difícil. Son objeto de aislamiento por una parte de la población”, reitera Sensini.

El futuro incierto después de cumplir los 18 años

Las ONGs denuncian que existen redes de trata que hacen desaparecer a las adolescentes del sistema de acogida para poder explotarlas. Muchas veces no son identificadas como menores. “Somos un país adherido a la Convención de los Derechos del Niño. Lo más relevante de la convención es que inaugura la categoría universal del niño o la niña y esto quiere decir que un niño es niño, da igual lo que haga, venga de donde venga, haya nacido o no en España”, recuerda Patricia Fernández, abogada de oficio y miembro de la asociación madrileña Coordinadora de Barrios. Lleva muchos años trabajando en temas migratorios y lamenta que el marco jurídico dista de la realidad.

Añade que España es un país que lleva más de 20 años recibiendo a la infancia migrante a sus costas, “de una forma constante y sostenida”. Fernández considera que no se puede seguir trabajando desde la emergencia “sin entender que es una cuestión sistémica. Esto es uno de los hándicaps a los que nos enfrentamos. El sistema de protección a la infancia está bastante huérfano en España”, sentencia la abogada.

Además, recuerda las trabas administrativas a las que se enfrentan los menores como Soukeina. En muchas ocasiones el enfoque debería ser “no el por qué vienes sino de qué contexto huyes”

Considera, desde su experiencia, que es imprescindible mejorar los procedimientos administrativos y judiciales. “Están pensados para que la gente nos cuente, nos narre, rellenen formularios, no está pensado para que haya huecos, silencios. El niño cuyo relato tiene más contradicciones, más silencios es por mi experiencia el niño que más ayuda necesitado de protección”, concluye.

Una vez que superan estos silencios, van a ser capaces de narrar su camino. Desde la distancia al otro lado de la pantalla, Soukaina termina la conversación con “gracias por hablar conmigo”. Y antes de colgar pregunta “¿puedo decir algo más?”, continúa “que ninguna niña se quede en casa obligada, ni acepte lo que no quiere. ¡Tenemos que rebelarnos!”

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