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El "continente" teme el retorno de la "eurofobia" tras las elecciones británicas

  • La UE mira con recelo una posible victoria del "antieuropeísta" Cameron 
  • Nick Clegg o Gordon Brown son opciones más seguras para Bruselas

Ver también: Especial Elecciones Reino Unido 2010

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Los ciudadanos del Reino Unido son de los más euroescépticos de la Unión Europea

La Unión Europea tiene problemas tan urgentes -salvar al euro, por ejemplo- que apenas ha reflexionado sobre lo que se le avecina en las elecciones británicas: el probable regreso de los "eurofóbicos" conservadores al poder en el Reino Unido.

La esperanza de eurócratas y europeístas es que David Cameron atenúe su hostilidad hacia el proyecto europeo una vez llegue a Downing Street, sobre todo si necesita el apoyo del liberal y europeísta Nick Clegg. En cuanto a Gordon Brown,  incluso los socialistas europeos lo dan, en privado, por amortizado.

Hace unos meses, Bruselas miraba con el ceño fruncido la fecha de las elecciones británicas. La promesa de Cameron de someter a referéndum el Tratado de Lisboa si ganaba las elecciones hacía prever una nueva crisis institucional en la UE y emitía un aroma de divorcio definitivo entre el Reino Unido y el continente.

Como muchos sospechaban, Cameron iba de farol -una vez que todos los estados miembros ratificaron el tratado, se olvidó del referéndum-. La cuestión europea se desinfló en la campaña en el Reino Unido y la cuestión británica se desinfló en la UE.

Los graves problemas de la zona euro -de la que no forma parte el Reino Unido- han hecho que las instituciones europeas presten todavía menos atención a los comicios británicos.  El continente -como decía un supuesto titular meteorológico del Times - parece más que nunca "aislado por la niebla".

La victoria de Camerón, la peor noticia para la  UE

Pero la UE también se juega mucho en las elecciones del 6 de mayo. El Reino Unido, pese a la distancia física y psicológica del Canal, siempre será un grande de  Europa. Y la opinión del próximo 'premier' pesará mucho en el diseño del servicio diplomático europeo, el futuro de la Europa de la Defensa o la negociación de nuevas reglas para los mercados financieros.

Visto desde Bruselas,  la victoria de Cameron será la peor noticia en los tres órdenes. El joven líder 'torie' hace gala de un antieuropeísmo sin complejos.  Y nadie espera de él que ceda soberanía británica a favor de la Política Exterior de la UE o que permita a la Comisión Europea meter sus manos reguladoras en la City londinense. De sacrificar la libra por el euro, ni se habla.

Menos aún si se tiene en cuenta que Cameron debe su liderazgo al apoyo de las bases tories más 'eurofóbicas'. Una hipoteca que hace muy improbable el regreso de los conservadores británicos a la familia del Partido Popular Europeo, pese a los rumores recientes que apuntaban en esa dirección y al hecho evidente de que los eurodiputados 'tories' han perdido capacidad de influencia. 

La esperanza en Bruselas es que Cameron se modere con el tiempo y acabe más cerca de Winston Churchill -uno de los padres de la  Europa moderna- que de Margaret Thatcher -reina madre del 'euroescepticismo'-.

La continuidad de Brown sería un mal menor

Sobre todo,  si necesita el apoyo de Nick Clegg, el brillante líder liberal, genuino producto de la factoría de Bruselas, donde pasó 15 años como estudiante, funcionario de la Comisión y diputado europeo.

Clegg, como el resto de los liberales británicos, es un convencido europeísta. Aunque se haya cuidado mucho de exhibir tan peligrosa afición durante la campaña. Los 'eurócratas' no se atreven a soñar con su victoria, de puro temor a la felicidad.

La continuidad de Brown sería un mal menor a la victoria de Cameron. El actual 'premier' tampoco se ha distinguido por favorecer la idea europea, pero mantiene buen trato con el resto de líderes y no tiene las ataduras 'euroescéptica' de Cameron. Pero su victoria parece improbable. También desde Bruselas.