El Real Madrid se había marcado como mayor objetivo esta temporada la Champions por dos razones: ya eran seis años sin pasar de octavos y que la final se iba a disputar en el coliseo blanco, el Santiago Bernabéu. 56 millones de inversión, ocho fichajes (CR9, Kaká, Granero, Xabi Alonso, Garay, Albiol, Arbeloa y Benzema), nuevo entrenador (Pellegrini), nuevo Presidente (Florentino Pérez), nuevo director general (Jorge Valdano) nuevo director técnico (Pardeza) y mismos vicios. Un equipo hecho a base de cartera tampoco sirvió para remontar el vuelo en una competición que ha sido la fuente de inspiración del conjunto blanco a lo largo de sus 108 años de historia. La 'bestia negra' fue el Olympique de Lyon, equipo al que los de Pellegrini fueron incapaces de ganar, ni en Gerland, ni en el mismísimo Bernabéu. Tras el 1-0 de la ida, el equipo francés arrancó un 1-1 que echó a los madridistas de la máxima competición continental.
Si lo de Alcorcón afectó al entrenador, la eliminación europea posicionó a Pellegrini en un abismo del que sólo la buena marcha que el equipo llevaba en Liga le mantuvo en el puesto.