Con la ventaja de la ida, el partido se presentaba a pedir de boca para el Barcelona. El 0-2 obligaba al Madrid a atacar, y para ello se necesita la pelota. Por tanto, la misión era tan clara como 'fácil' para este Barcelona: defender con ella, aprovechar los espacios que el Madrid estaba obligado a dejar y atacar con prudencia para no conceder contras. Messi y Pedro se intercalaron en la línea de medios para presionar y tocar siempre en superioridad, ofreciendo posibilidad de pase, tirando paredes y participando del primer toque de Xavi, Iniesta y Busquets, que controlaron el tempo del partido aportando calma, pero también entrega cuando el Madrid intentó achuchar, sobre todo tras el tanto de Marcelo. El Barça, siempre dinámico con y sin balón, perdonó en el primer tiempo, pero tuvo paciencia y supo esperar su ocasión hasta que Pedro puso el punto y final. Jugó con inteligencia y contuvo al contrario haciéndole correr. El dato es claro: el Madrid más atrevido solo generó dos ocasiones.