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Nadal gobierna como un césar en el Foro

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El Masters de Roma habla español

'Veni, vidi, vinci', rezaba la pancarta de una aficionada de Rafa Nadal en el Foro Itálico. Gracias al extraordinario nivel que está demostrando Nadal en este tramo de la temporada, ha dado un paso más en busca de su quinto título en Roma, tras ganar en cuartos al suizo Stanislas Wawrinka (6-4 y 6-1) [Todos los datos y estadísticas del Nadal-Wawrinka].

En semifinales se enfrentará al letón Gulbis, que impidió unas semifinales españolas, ya que, además del propio Nadal, por el otro lado del cuadro, Fernando Verdasco y David Ferrer garantizan ya la presencia de un español en la final del Masters de Roma de este domingo.

En la arena de Roma no se está viendo al Nadal meramente gladiador, resistente en el fondo de la pista que mueve y desespera a sus rivales contrarrestando todo tipo de golpes. Es también un emperador, dominador del juego, que, aunque defiende como difíciles todos los partidos, da la sensación de que puede devorar a sus rivales cada vez que aprieta y con cada "¡Vamos!" que brama de vez en cuando. Como en los buenos tiempos.

La gran fiabilidad de Wawrinka, siempre un rival correoso, en los puntos ganados con su saque, le permitió mantener el pulso ante Nadal donde todos los rivales anteriores del manacorense habían fallado. De esta manera, los puntos discurrieron más o menos reñidos al principio y con mayor fluidez según avanzaba el primer parcial, sin ninguna bola de 'break' que llevarse a la raqueta.

Sin embargo, llegó el momento en el décimo juego. A pesar de que Wawrinka no permitía a Nadal ganar más de una bola cada vez que él llevaba el mando, cometió un par de errores cruciales. Y ahí se abalanzó Nadal sobre él, que no desaprovechó la segunda de las dos ocasiones de que dispuso para llevarse el primer set.

Wawrinka encajó mal el golpe. En el segundo set, prefirió no cambiar la estrategia y seguir apostando por sus armas, aunque con menos eficacia y la fe menguante en sus posibilidades. Siguió combativo, pero Nadal no tuvo piedad en la siguiente ocasión que se le presentó y consiguió una rotura más tempranera en el segundo juego.

Tan fuerte en lo físico como en lo psicológico, sin un ápice de relajación, Nadal ya tenía la batalla ganada. Fuerte en la derecha, listo con la volea, dominaba la pista y elegía muy bien los golpes, dejando huellas de sus raquetazos por todos los rincones de la pista del suizo.

Fuera del partido y consciente de que el partido se le iba, prácticamente se encogió de hombros e hincó la rodilla para rendir pleitesía a un Rafa Nadal que parece imparable sin otros 'top' como Murray, Federer o Djokovic a la vista. Roma parece una ciudad a punto de ser conquistada por el tenis español.