"Solo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza". El Papa Francisco reflejó con esas palabras la mezcla de rabia, indignación y dolor del mundo hace diez años tras el naufragio de Lampedusa, que dejó 368 personas muertas en una de las mayores tragedias que se recuerdan en el Mediterráneo.
Una década después, el fenómeno no solo no se ha detenido, sino que continúa entre políticas errantes y titubeos. Desde entonces, la isla ha quedado marcada por la palabra migración.