Una batería lanzacohetes abre fuego en la zona del frente entre Zaporiyia y Donetsk. Bombardean las posiciones rusas por detrás de las líneas enemigas, pero disponen de sistemas antiguos, muy vulnerables. "Nuestra gente no son robots, los hieren y los matan", nos dice el comandante de esta unidad de artillería, que asegura que si tuvieran más apoyo aéreo, aviones occidentales o cazas, podrían proteger mejor sus ciudades y evitar muchas muertes. Como artilleros que son saben que los Himars o los 777 estadounidenses son muy superiores a sus viejos Grad soviéticos.
Son sistemas efectivos, pero muy antiguos, por eso los ucranianos piden a los aliados occidentales que les envíen armamento más moderno.