Las imágenes del asalto al Capitolio ya han recorrido el mundo, que miraba atónito y con cierta angustia. La mayor parte de los líderes mundiales han condenado los hechos. Desde la mesa del mundo del informativo 24 horas de RNE, con la corresponsal en Londres, Sara Alonso, el corresponsal en Berlín, Gabriel Herrero, el corresponsal en Roma, Jordi Barcia, y el corresponsal en la capital estadounidense, Fran Sevilla.
La ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, ha sostenido en 24 horas de RNE que, desde la comunidad internacional, se observa la situación estadounidense “con gran preocupación”, tanto por lo que se vive en Estados Unidos como por el peligro que constituyen estos actos para el resto de las democracias. “Quien pierde debe aceptarlo y marcharse”, ha sostenido y ha añadido que, con datos electorales en la mano, “no cabe hablar de fraude”. “Es muy importante proteger y trabajar por la democracia”, ha mantenido la Ministra que ha advertido del peligro de banalizar el racismo, la xenofobia, las mentiras o los populismos, porque, ha considerado que son el caldo de cultivo de situaciones como las ocurridas en el Capitolio en Washington.
La situación se complica en Francia, ha explicado el primer ministro Jean Castex. Los datos de contagios han empeorado en los últimos días y la presión aumenta en los hospitales. “No podemos bajar la guardia”, ha advertido y, por eso, el Ejecutivo mantendrá las restricciones ya en vigor. Los museos, cines, teatros y centros deportivos permanecerán cerrados hasta finales de enero. Para los bares y restaurantes, cerrados desde noviembre, no habrá reapertura antes de mediados de febrero. En los próximos días, se mantiene además el toque de queda entre las 20.00 y las 06.00 horas en gran parte del territorio francés, e incluso a partir de las 18.00 horas en algunos departamentos del este y del sur del país. También se mantiene, con excepciones, el cierre de la frontera entre Francia y Reino Unido. Informa Guillaume Bontoux.
La protesta terminó con el asedio al Capitolio de los manifestantes y enfrentamientos violentos con las fuerzas de seguridad, en los que han muerto cuatro personas, una de ellas alcanzada por un disparo de un policía dentro del edificio. La sesión del Congreso tuvo que suspenderse y los congresistas y el vicepresidente Pence fueron trasladados a un lugar seguro. Horas más tarde los congresistas volvieron a reunirse y certificaron la victoria de Joe Biden, por 306 votos electorales frente a los 232 conseguidos por Donald Trump.
La experta en Política internacional Carlota García Encina, investigadora principal de Estados Unidos y Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano, y profesora de Relaciones Internacionales ha sido entrevistada en la Tarde en 24 horas.
La analista ha afirmado que lo ocurrido con el asalto al Capitolio no sorprende si se estudia el contexto en el que ha ocurrido. "Trump llevaba tiempo mandando mensajes muy ambiguos" ha dicho Carlota. Además, ha resaltado lo extraño de lo ocurrido y la reacción de las fuerzas de seguridad en comparación con las manifestaciones ocurridas meses atrás con el movimiento Black Lives Matter.
La primera reacción de España tras conocerse que el capitolio estadounidense estaba siendo asaltado por simpatizantes de Trump fue de condena y preocupación, pero los políticos nacionales tardaron poco en usar lo que ocurría para atacarse mutuamente.
Desde el PP, comparan lo ocurrido con lo que pasó en España en las manifestaciones que rodearon el Congreso y en Cs aluden al ‘procés’ independentista.
La policía del Capitolio se vio claramente superada por los manifestantes y el apoyo de la Guardia Nacional llegó tarde, cuando ya los seguidores de Trump habían conseguido entrar en el edificio. Muchos se preguntan si esa falta de previsión en la seguridad fue o no intencionada.
La marcha estaba convocada desde hacía días y se esperaba a miles de manifestantes de distintos estados. Sin embargo, las primeras imágenes daban a entender que el número de policías era más bien escaso.
Las hordas de manifestantes descontentos con la derrota de Donald Trump en las elecciones de EE.UU. que asaltaron el Capitolio la noche del 6 de enero responsabilizan a grupos antifascistas. Sin embargo, estaban organizados mediante grupos de extrema derecha.
Miércoles 6 de enero a mediodía y miles de seguidores de Donald Trump le aplauden cuando dice esto: "Vamos a marchar sobre el Capitolio". Lo dice justo cuando los congresistas deben certificar su derrota en las elecciones. Dos horas después, los manifestantes irrumpen en el Congreso, rompiendo puertas y ventanas y la policía saca sus armas dentro de la cámara de representantes. Hay cuatro fallecidos.
La sociedad estadounidense está dividida. No hay que olvidar que tras cuatro años de mandato Trump consiguió 74 millones de votos procedentes de los estados menos poblados frente a la clara victoria de Biden en las ciudades. Aquellos que asaltaban ayer el Congreso azuzados por el presidente son sus seguidores más radicales, los que están convencidos de que hoy en Estados Unidos se vive algo parecido a una guerra civil, idea de la que Trump es responsable según la profesora de la Universidad Europea y miembro del Partido Demócrata, Alana Moceri. "Ha sido capaz de convencer a la gente, hay gente en el país que vive en otra versión de la realidad", explica.
La traca final a cuatro años de mandato ha sido la denuncia incesante y sin pruebas sobre el supuesto fraude electoral que Trump mantiene a día de hoy y que según Roberto Izurieta de la Universidad George Washington, demuestra que la teoría de la conspiración ha sido una herramienta util para hacer creer a sus seguidores que el sistema les ha robado.
Como país bipartidista, Estados Unidos siempre ha sido una sociedad polarizada, pero al menos, ordenada. Lo que está por ver ahora es si esa estructura tradicional de la sociedad salta por los aires, si los republicanos se quedan al lado de Trump o si el todavía presidente crea un movimiento al margen con esas bases formadas por millones de descontentos mezclados con grupos supremacistas, integristas o defensores a ultranza de la libertad para portar armas.