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Las urnas van a abrir o cerrar en las próximas horas uno más de los inacabables capítulos de la historia de los Balcanes. Con independencia, tras la guerra de la exYugoslavia, con idioma, con bandera, pero sin un nombre internacionalmente reconocido, la Antigua República Yugoslava de Macedonia no se llama así en su Constitución, sino República de Macedonia.

El problema es que Macedonia es el nombre que en la Grecia Clásica tomaba una amplia región que incluía una pequeña parte de las actuales Bulgaria, Albania y Serbia, la totalidad de la república exyugoslava y, su mayor parte, la hoy región griega de Macedonia. Y Atenas ha vetado el reconocimiento de ese nombre temiendo, además, reivindicaciones territoriales de los nacionalistas.

Preconizan el no en el referéndum quienes se niegan al apellido "del Norte" a su República de Macedonia. Según las encuestas, solo el 22%. El problema es que la consulta no será válida si la participación no alcanza el 50% y las encuestan dicen que votará entre el 43% y el 49%.

Los que no lo harán -y han llamado al boicot- será porque aunque quieran la integración en las instituciones europeas no aceptan el cambio de nombre impuesto o porque desean la entrada en la UE, pero no en la OTAN. El primer ministro asegura que renunciará y dejará el cargo si hay más noes que síes, pero no ha aclarado qué hará si no se alcanza la mitad más uno en este referéndum no vinculante.

Tres años desde que estallara la crisis de los refugiados en Europa que saturó a la isla griega de Lesbos, la situación de los 17.000 migrantes irregulares que aguardan la resolución de sus solicitudes de asilo continúa empeorando. Un ejemplo es el campo de refugiados de Moria, que tiene capacidad para 2.000 personas y que ahora alberga a 10.000. Ahmed, que trabajaba para la ONU en Afganistán y huyó de la violencia, explica a TVE la vida en el campamento. 

  • Los 288.700 millones de los tres rescates que ha recibido suponen el mayor rescate económico de la historia
  • El tamaño de su economía se ha reducido un cuarto y su deuda pública aún equivale al 180% de su PIB
  • Deberá rendir cuentas a la UE y el FMI cada tres meses, en lugar de la revisión semestral de otros países rescatados

Antonio Machado dijo: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura."
En cada zona de conflicto o crísis humanitaria hay gigantes que se encargan de dar sentido a esta frase. Empezamos en Moria, en el campamento de refugiados de la isla griega de Lesbos, donde Idoia Moreno coordina la clínica pediátrica de Médicos sin Fronteras. En una nueva entrega de nuestra serie #EstadoCrítico, denuncia las condiciones infrahumanas en las que viven más de 8.000 personas que ocupan un kilómetro cuadrado destinado a 3.000. Seguimos con nuestra corresponsal en Próximo Oriente, Cristina Sánchez, que nos cuenta qué ha dado de sí el cierre de la última ronda de conversaciones sobre la paz siria en Sochi. Cristina nos habla también de los presos muertos y desaparecidos durante la guerra y de cómo muchos familiares están recibiendo sus certificados de defunción años después de su muerte. Después Santiago Barnuevo nos cuenta cómo el presidente estadounidense Donald Trump amenaza con provocar un nuevo cierre administrativo o 'shutdown' si los demócratas no aprueban más dinero para el muro de México en el Congreso. Terminamos con Esther Ferrero en la frontera de México con Guatemala, en Tenosique, en el hogar refugio La 72, donde llegan los migrantes y refugiados centroamericanos que viajan hacia el norte.

El barro y las heces inundan el campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos, donde se hacina casi el triple de gente que admite un recinto diseñado para acoger a 3.000 personas. Las pésimas condiciones de salubridad y violencia hacen que la salud física y la mental de 1.500 niños y 7.000 adultos estén rozando el abismo. Uno de los efectos más alarmantes es el registro de casos de intentos de suicidio en niños de 4, 6 u 8 años. Personas como Idoia Moreno, coordinadora de la clínica pediátrica que Médicos Sin Fronteras tiene en el exterior del campo de Moria, se dedican a velar como pueden por la salud de estas personas. Idoia nos explica cuáles son las condiciones del campo y hace una única petición urgente y determinante: que la Unión saque a esas personas de allí cuanto antes.