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Dos mil quinientos kilómetros en silla de ruedas, desde Siria a Grecia. Como fardos, atados con correas a caballos para no caerse en la montaña, acarreados por la madre y los hermanos, que grabaron en vídeo la hazaña, avanzando en sus sillas de ruedas y luego en una precaria embarcación para cruzar el mar desde Turquía. Alan, de 30 años, y Gyan Mohamed, de 28, hermanos, profesores y minusválidos con distrofia muscular, lograron escapar del infierno de la guerra siria. "Sabéis lo difícil que es cruzar estas fronteras para una persona normal. Podéis imaginar lo que significa para un minusválido", explica Alan. Pero han llegado. Ahora, mientras su futuro se decide, Alan vuelve a dar clases a los niños refugiados en el campo que le acoge.

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha lanzado hoy el vídeo "Rescatemos #NuestroMediterráneo", junto al cantautor Joan Manuel Serrat, para pedir el fin de las muertes en el Mediterráneo. El vídeo, realizado por el Colectivo de Mujeres Cineastas y Medios Audiovisuales (CIMA), muestra a un grupo de espectadores que se paran en un parque a escuchar la actuación sorpresa de la Orquesta Filarmónica de España junto a la Fundación Música Maestro, interpretando la melodía de la canción "Mediterráneo", de Joan Manuel Serrat. En mitad de la canción, se van destapando poco a poco fotografías del "otro Mediterráneo" que viven los refugiados que llegan a Europa. Las imágenes son de los fotoperiodistas Javier Bauluz, Olmo Calvo, Juan Carlos Mohr y Santi Palacios.

Reemplazar el número sobre un cadáver por el nombre de la persona que dio vida a ese cuerpo es la ingente tarea de un grupo de expertos forenses en Grecia e Italia.

Los restos son los de cientos de migrantes y refugiados que murieron ahogados en la travesía hacia Europa. Marcas corporales, trazas de vestidos, cualquier detalle es fotografiado y registrado en una base de datos que permita a los familiares de los fallecidos en la travesía hacia Grecia identificar a sus seres queridos. Los forenses toman medidas de los restos, extraen muestras de ADN y los clasifican con la esperanza de rescatarlos del anonimato.

En la isla de Lesbos, un cementerio improvisado acumula lápidas blancas con un nñumero y una fecha a la espera de un nombre que otorgue entidad al humano sin vida que yace bajo esa tierra.