arriba Ir arriba

El corazón de África está acostumbrado a vivir tragedias. La pobreza eterna, la falta de oportunidades y los conflictos armados han perpetrado tragedias humanitarias tan largas, que muchos no conocen otra cosa. Hoy, los cuatro países que comparten las aguas del lago Chad, Níger, Nigeria Camerún y Chad, viven una de las mayores crisis del planeta. Combinada con la sequía que ha azotado en los últimos meses la región se ha convertido en la tormenta perfecta.

Hay más de siete millones de personas en situación crítica, que necesitan ayuda según las agencias de las Naciones Unidas. Entre Nigeria, Níger, Chad y Camerún hay más de 2,4 millones de personas desplazadas en su propio país, o refugiadas más allá de sus fronteras.

Érika Reija, corresponsal de TVE en Marruecos.- El movimiento de protesta que desde hace meses sacude la región del Rif, en el norte de Marruecos, se extiende en las calles y en las redes sociales. Se piden mejoras sociales para la región y también la liberación de los activistas detenidos, como Nasser Zefzafi.

Los activistas publican así su versión de los hechos y también sitios electrónicos dirigidos por jóvenes de la zona.

"Los medios marroquíes no cuenta la realidad de lo que está pasando. Así que los ciudadanos se están informando principalmente a través de nosotros", nos dice el director de Rif Presse.

Su web, asegura, recibe 35 mil visitas al día y hasta dos millones en las jornadas más calientes de la protesta. Gran parte de su público está en la comunidad rifeña que ha emigrado
al exterior por falta de oportunidades.

"Nuestro trabajo - afirma Mohamed - molesta a las autoridades. Un compañero que publicaba vídeos de la protesta en directo está detenido y otro en busca y captura", relata.

Pero, a pesar de todo, añade Yassir, piensan seguir informando para que se sepa la verdad.

Las autoridades marroquíes, por su parte, hablan de una campaña de intoxicación en las redes sociales y aseguran que el movimiento del Rif está siendo instigado y financiado desde el exterior para perjudicar a Marruecos.

  • El gobierno marroquí ha pasado a la mano dura tras siete meses de protestas
  • El líder de la revuelta está detenido por “poner en riesgo la seguridad del Estado”
  • Las protestas comenzaron por la muerte de un vendedor de pescado ambulante
  • La región del Rif, de tradición rebelde, se siente abandonada por el Estado

Defender los derechos humanos es cada vez más difícil en el mundo. Los activistas, hombres y mujeres, se arriesgan a ser blanco de procesos judiciales, campañas de desprestigio, acoso, amenazas y, en los casos más extremos, desapariciones forzadas y asesinatos. En 2016, 281 activistas perdieron la vida, 125 más que el año anterior.

Amnistía Internacional (AI) considera que estos niveles de persecución, intimidación y violencia son inéditos, y por ello ha lanzado una campaña internacional con el lema "Valiente" para destacar el trabajo de estas personas y pedir su protección.

"Eritrea es una gran prisión", ha explicado Berekhet, quien tuvo que huir de Eritrea tras fundar una web informativa para denunciar la falta de libertad del régimen.

América Latina es especialmente peligrosa para los activistas que defienden los derechos de los indígenas a la tierra y el medio ambiente. El caso más conocido es el de la hondureña Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016.

Pascual Bernabé Velázquez representa al "gobierno plurinacional" de los indígenas mayas de la región de Huehuetenango, en Guatemala, que se oponen a las empresas hidroeléctricas. Los líderes indígenas han sido encarcelados y posteriormente puestos en libertad, y algunos asesinados.

"Defendemos el territorio, el agua, las montañas, los animales - ha asegurado durante el acto de AI - El Gobierno, con sus propias leyes, que son para los empresarios, está presionando a las personas".