arriba Ir arriba

Jordi es de Barcelona, tiene 50 años y a pesar de los años que dejó de practicarlo es el mismo chico que en los ochenta jugaba al fútbol americano. Un grandullón rudo y tierno, al que la alta competición le enseñó que antes que a ganas hay que aprender a perder y la importancia de la constancia en el triunfo.

Sus mejores momentos