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De Tarragona y con 26 años, Adrián ha sido camarero desde los 16, los mismos que lleva soñando convertirse en un gran chef. Muy trabajador y muy humilde, virtud que aprendió de su madre también cocinera en un bar donde se sirven menús y tapas y que se ocupó de enseñarle la pasión por la Cocina, que a él le gustaría sublimar practicándola a un nivel mucho más elevado.

Sus mejores momentos
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