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'Los dientes de la eternidad', la versión más espectacular de los dioses nórdicos

  • Jorge García y Gustavo Rico recrean el Ragnarök, el fin de los dioses

  • Un cómic espectacular que han tardado más diez años en completar

  • Además nos avanzan su nuevo proyecto: Audun y el anillo del rey

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Hace cinco años, el guionista Jorge García (Salamanca, 1975) y el dibujante Gustavo Rico (Barcelona, 1977) publicaron Los dientes de la eternidad el primer capítulo de su díptico dedicado a narrar el Ragnarök, el ocaso de los dioses nórdicos. Una historia espectacular que han tardado diez años en completar y que ahora la editorial Norma publica en un tomo integral, con el mismo título.

“El escenario –asegura Jorge- es Noruega a principios del siglo IX. El protagonista es un viejo vikingo llamado Gylfi que vive retirado en una aldea remota. Antaño fue un guerrero legendario que luchó a favor de los poderes locales en la guerra contra el rey Harald del Hermoso Cabello (o Harald el Peludo, según sus enemigos). Aquellas guerras culminaron con la unificación de Noruega bajo la monarquía de Harald. Gylfi ha envejecido y dejado atrás su pasado. De repente, un viejo amigo reaparece en su vida. Para mantener sus privilegios en el pueblo, Gylfi se ve obligado a traicionarlo. Purgar esa traición lo obligará a emprender un viaje al Ásgard, reino de los míticos dioses escandinavos”.

Un cómic tan interesante como espectacular gracias al guión de Jorge y a los alucinantes dibujos de Gustavo Rico, que nos presentan unos dioses nórdicos muy distintos de los que Marvel ha popularizado con sus cómics y películas: “Yo bebí directamente de la fuente de Snorri Sturlusson y su Edda Menor, atendiendo a la recomendación previa de Jorge –confiesa Gustavo-. En las Eddas, Thor se presenta a la vez como un guerrero supremo y como una especie de protector del devenir universal. También influye en lo relacionado con los acontecimientos climatológicos, con todo lo que ello conlleva en los países nórdicos y su rigurosidad en este aspecto. En resumidas cuentas, el Thor que quise reflejar en Los Dientes de La Eternidad es una suerte de fuerza de la naturaleza, el único capaz de evitar el destino fatal de los dioses en el Ragnarök”.

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“Una historia de culpa y expiación”

El protagonista es Gylfi, un viejo vikingo que busca la inmortalidad y se encuentra con el fin del mundo. “Gylfi –asegura Jorge- es el cascarón podrido de un héroe. Es un viejo vikingo que abandonó la piratería y las armas hace diez o quince años. La historia lo presenta como alguien con poderes mágicos. Incluso se sugiere que en algún momento visitó al mismísimo Odín en su mansión de Valhalla. Al comienzo de la acción lo encontramos asentado en una aldea, viviendo una vida confortable y sin sobresaltos junto a una mujer a la que quiere (o a la que está acostumbrado). Como la mayoría de nosotros, Gylfi sólo quiere vivir en paz. Y entonces tropieza con un viejo amigo suyo que se encuentra en una situación apurada y a quien acaba traicionando. La traición, entre noruegos, era un asunto muy serio. Para Gylfi es un trago indigesto. Buscando una forma de redimirse, emprende un viaje al Ásgard, viaje que tiene mucho de ajuste de cuentas simbólico con su vivencia. En el reino de los dioses (que es también el reino de los muertos), se encuentra de nuevo al amigo que traicionó. También se tropieza con el mítico "Ragnarök", ese apocalipsis nórdico que podríamos traducir por "Destino (o Crepúsculo) de los Dioses".

“La historia de culpa y expiación de Gylfi-continúa Jorge- se perfila sobre un telón de fondo apocalíptico. Gustavo y yo intentamos que el decorado mítico confiriese a los actos de Gylfi un carácter legendario. Su conducta lo sitúa a veces a la altura de los seres mitológicos. Las últimas ocho páginas (que considero uno de mis mejores trabajos) nos devuelven a Gylfi restaurado. No es un dios ni un héroe. Es un ser humano que ha pagado muy caro el derecho a dejar atrás su pasado”.

A pesar de su excelente trabajo de documentación, Jorge asegura que: “No tengo particular interés en los mitos germánicos. Pero soy un lector sensible al encanto poético de su mitología. Cuando Gustavo Rico y yo empezamos a hablar hace once o doce años sobre la posibilidad de acometer juntos un proyecto más ambicioso que los que hasta entonces habíamos hecho, cayó en mis manos La alucinación de Gylfi, un texto del escritor y jurista islandés Snorri Sturluson (espléndidamente traducido por Jorge Luis Borges y María Kodama) que resumía en un centenar de páginas la mayoría de lo que actualmente sabemos sobre el panteón escandinavo. A mí me pareció que la estética de Gustavo —de formas rotundas y poderosas— podía dar la medida de sus posibilidades en un relato de corte mítico o legendario. Entonces se me ocurrió la idea de presentar a un viejo guerrero (un trasunto envejecido del Gylfi de Snorri Sturluson) volviendo al Ásgard. La idea original era que el anciano se propusiera robar a los dioses la fruta de la juventud. Pero, por un giro del destino, el viaje en busca de la vida se convierte en una odisea fúnebre al desencadenarse el Ragnarök. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve la inmortalidad si no tienes un mundo donde disfrutarla?

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“Una cosa llevó a la otra –continúa el guionista- y la lectura de Snorri me condujo a las sagas islandesas. Para los profanos, las sagas son biografías de hombres de Islandia escritas entre los siglos XII y XIV. En mis manos cayó la Saga de Egil-Skalla Grimsson, atribuida al propio Snorri y magníficamente traducida al castellano por Enrique Bernárdez (auténtica eminencia en el campo de la filología nórdica). Me impresionó la viveza de la acción, el colorido de la trama, la riqueza de los detalles, el laconismo de sus diálogos. Gylfi está cortado sobre el patrón de Egil. Es un personaje taciturno, amargo, dueño de unos poderes que lo emparentan con aquellos guerreros salvajes llamados "berserks" que combatían en estado de trance o bajo el influjo de alguna droga. Gylfi es más tierno que Egil. Más sentimental, acaso. Eso lo hace peor vikingo, pero mejor personaje de historieta”.

“A medida que escribía Los dientes de la eternidad, me di cuenta que estaba entrelazando dos tradiciones literarias distintas: de un lado, las sagas islandesas (con toda su carga de realidad); de otro, la mitología escandinava. Entonces surgió la idea de convertir el Ásgard en un territorio cuya solidez dependía de la fe de sus creyentes. Ante el ataque del cristianismo, el Ásgard pierde sus contornos y se difumina. De ahí que mostremos un paisaje casi irreal y unos dioses con unas figuras insólitas. En cierto modo, sucede con este Ásgard lo que ocurría con el territorio fantástico de La historia interminableCuando dejamos de creer en él, se diluye, se desmorona”.

Yo procuré ser lo más fiel posible a la mitología nórdica –añade Jorge-. Cotejé todas las traducciones disponibles de las Eddas (tanto la de Borges, como la de Luis Lerate o los textos mitológicos traducidos por Bernárdez). También releí todas las sagas que cayeron en mis manos (que no fueron muchas, dicho sea de paso). Pero quería darle un relieve mítico a los personajes, ir más allá de la imitación servil de un modelo muchas veces explotado. Por eso, para aprender cómo hacerlo, leí cuanta literatura cayó en mis manos que contuviera un tono mágico, mítico o legendario. De Borges a Carpentier, pasando por Conrad, Faulkner, Arguedas, Philip K. Dick, Poe, Dinesen, Lovecraft, La Biblia, el Shakespeare de Julio César y Sueño de noche de verano. También repasé los cuentos de Andersen, con esa prosa suya tan rica, tan bonita, tan literaria. Incluso recuerdo fragmentos de diálogo de La gata de Colette, tan alejada de los mitos germánicos como pueda estar una novela".

"Y, sobre todo, releí furiosamente a Stephen King. Apenas leo 'best-sellers', pero creo que King rompe el molde del género gracias a la cuidadosa arquitectura de sus historias y a la profundidad psicológica que imprime a sus personajes. Para el retrato de Loki, por ejemplo, que es una especie de demonio de la perversidad, aparte de la fuente original, me inspiré en un personaje llamado Randall Flag, que King concibió para su monumental novela Apocalipsis. Mi versión de Loki es fiel a la que aparece en las Eddas, pero he aprovechado las lecciones del escritor de Maine para ensombrecer aún más los rasgos luciferinos de esta divinidad perversa”.

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Una historia que tiene mucho que ver con el mundo actual

A pesar de que sea una historia fantástica, Los dientes de la eternidad tiene mucho que ver con el mundo que vivimos actualmente. “Hunde sus raíces en la campaña electoral que dio la victoria a José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones del 14 de marzo de 2004 –asegura Jorge-. Por entonces, yo frecuentaba a un amigo politólogo que estaba escribiendo una tesis sobre el comportamiento de los partidos de izquierda en el estado mexicano de Chihuahua. Él acostumbraba a escribir de madrugada y solía hacerse acompañar durante aquellas largas sesiones de escritura nocturna por el sonido de la radio. Acostumbraba a escuchar tertulias políticas y a cambiar de emisora cada noche para vacunarse contra el dogmatismo. No sé si recuerdas la campaña. Inicialmente, las encuestas daban una gran ventaja a Rajoy, pero Zapatero inició muy pronto la remontada. Supongo que unos vieron esa circunstancia como un signo de cambio y otros como una amenaza. Para el Partido Popular, sin ir más lejos, estaba en juego no tanto la victoria (que no se discutía) como la mayoría absoluta. De modo que las opiniones de los tertulianos se radicalizaron atendiendo a este juego de intereses cruzados. La tarde del 12 de marzo, al día siguiente del atentado de los trenes de Atocha, mi amigo me hizo la observación de que, según dónde situaba el dial, tenía la impresión de vivir en el paraíso o de asistir a la llegada del fin del mundo. Esta idea, la del apocalipsis como acto cotidiano (el apocalipsis de todos los días, por así decir), arraigó con fuerza en mi cerebro y acabó germinando —completamente desplazada por los personajes y la ambientación— en esta fantasía mitológica que es 'Los dientes de la eternidad'. Curiosamente, el primer volumen se publicó unos meses antes de que Mariano Rajoy alcanzara la presidencia en noviembre de 2011”.

“En cuanto a los diez años transcurridos desde el inicio de la obra –continúa el guionista- es evidente que han modificado sustancialmente el resultado. Originalmente, nuestra idea consistía en publicar un álbum de unas 48 ó 56 páginas. Pero como carecíamos de un plan previo de escritura, la obra excedió pronto esas dimensiones y alcanzó otras bastante más generosas. Aparte, el tono de la obra se volvió más tortuoso hacia 2008. Comencé a atravesar una situación personal y profesional muy delicada. Uno a uno, vi derrumbarse todos los proyectos que había concebido como guionista. Tampoco prosperaron mis incipientes aspiraciones como escritor de adaptaciones y de literatura juvenil. Encima, empecé a ser dolorosamente consciente de cómo iban desapareciendo o eran relegados al olvido algunos de los mejores exponentes de mi generación. Me plantee, incluso, dejar el medio yo mismo y concebí el tramo final de Los dientes como mi último saludo en el escenario de historieta. En una secuencia, Gylfi abre una zanja para sepultar un cadáver. Es difícil de explicar, pero tuve la sensación de esa tumba nos contenía a unos cuantos, que estaba dándole digna sepultura a los compañeros que habían abandonado el oficio recientemente o que parecía que no hubieran existido nunca. Se merecían, nos merecíamos, esa última muestra de respeto. Y yo necesitaba concluir el entierro para librarme de esa carga simbólica que había ido acumulando durante años”.

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Las influencias en el guion

En cuanto a sus influencias visuales y literarias, Jorge asegura que: “En el mundo de la historieta, soy devoto de guionistas como Carlos Sampayo, Felipe Hernández Cava y Giancarlo Berardi. Pero el influjo de este trío de autores no se deja sentir demasiado en Los dientes de la Eternidad. Una obra de estas características requería un tratamiento operístico y espectacular. Encontré los recursos que necesitaba en el género de superhéroes y, sobre todo, en la obra de Alan Moore (en títulos como La cosa del Pantano, Miracleman, Capitán Britania o, ríete, Spawn vs WildC.A.T.S.). También estudié los primeros tebeos de Frank Miller (Daredevil y Lobezno), que eran una lección magistral de ritmo narrativo. Aparte, releí a decenas de autores: McCay, Caniff, Breccia, Pratt, Hermann, Calatayud, Foster, Jaime Hernández, Keko, Kirby, Kane, el Fred de Historia del cuervo con bambas y un larguísimo etcétera. En algún momento he afirmado que Los dientes de la eternidad es, entre otras cosas, un catálogo de mis influencias como historietista. Quizá sólo sea eso, poco más”.

“Como aficionado a la literatura –continúa el guionista-, no tengo prejuicios y leo sin orden ni concierto. No soy ningún erudito, pero releo con gusto, sobre todo, a Faulkner y a Conrad. Y disfruto por igual de Onetti, Bolaño, André Gide, Sófocles, McCarthy, Kipling, Wells, Camus, Carlyle, Shirley Jackson, Malraux, Jim Thompson, Bradbury, Philip K. Dick, Ballard, Kapuscinski, Roberto Arlt, Juan Marsé, Cervantes, Hemingway, Cortázar, Barea, Moorcock, Tolstoi, Joyce o Stephen Crane. Lo que me echen, vamos”.

“Aparte de disfrutar con la literatura, soy un cinéfilo empedernido –añade Jorge-. Eso sí, reconozco que en los últimos años he perdido el pulso de la actualidad cinematográfica (salvo alguna curiosidad como Whiplash). Siento debilidad por Hitchcock, Godard, Melville, Siodmak, Camus, Coppola, Scorsese, Spielberg, Fernán Gómez, Ford, Lang, John Sayles, Boetticher, Douglas Sirk, Sydney Pollack, Keaton, Angelopoulos, Peckimpah, Billy Wilder, Anthony Mann, Campanella, el Nicholas Ray de Hombres errantesPasolini, Kurosawa, Ozu, Wenders, Carpenter, Brian de Palma, Hawks, Huston, Eastwood, Kubrick, Jack Arnold. La lista es fragmentaria e incompleta. No están todos los que son, pero son todos los que están”.

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Las influencias en el dibujo

En cuanto a las influencias del artista, Gustavo Rico confiesa que: “durante la realización de la obra y a medida que Jorge me iba pasando páginas de guion, la historia me iba llevando de una visión más expresionista a otra que, quizás a título personal, relaciono más con la cultura pop, pero que desde mi punto de vista no deja de ser interesante. Argumentalmente, la historia es una sucesión de elipsis y 'flashbacks', cada uno de ellos conforma un capítulo que leído sucesivamente puede crear la impresión en el lector de estar asistiendo a una alucinación. No en vano, el capítulo principal de la Edda Menor se titula La Alucinación de Gylfi. Dicho lo cual, creí conveniente trabajar bajo esta premisa. Ya conocía a autores que habían trabajado en este sentido, como Miguel Calatayud en Los doce trabajos de Hércules o Guy de Pellaert en Las Aventuras de Jodelle. También incorporé elementos estéticos tomados de cartelistas de los años 60 como Wes Wilson, Víctor Moscoso o Heinz Edelmann”.

“Por otro lado –continúa el dibujante- quería conservar el carácter primitivo, medieval y arcaico de los Dioses nórdicos. Evidentemente, aquí los creadores de iconos medievales juegan un papel determinante, véase la obra de Andrei Rublev o Teófanes el griego. Otras influencias más recurrentes son las de El Bosco, Brueghel o algunos artistas de las vanguardias históricas. Hablar de influencias podría ser infinito”.

“En cuanto al cine –finaliza Gustavo-, quería destacar el papel que el cineasta islandés Hrafn Gunnlaugsson y su trilogía vikinga jugó en cuanto a localizaciones y 'atrezzo' se refiere. En sus películas, Gunnlaugsson presenta a unos vikingos con un marcado carácter humano por encima del arquetípico de otras películas del mismo género, que creo que podrían tener cierto parentesco con los protagonistas de Los Dientes de la Eternidad. Recomiendo encarecidamente el visionado de Ojo por Ojo, La Sombra del Cuervo y Vikingo Blanco.

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Un artista excepcional

A pesar de todas esas influencias, Gustavo Rico nos regala un tebeo muy personal y tremendamente original, con imágenes realmente espectaculares. Y eso que han pasado diez años desde que comenzó el proyecto: “Durante tantos años de creación –nos confiesa-, el libro sufrió, de manera más inconsciente que consciente, un cambio estilístico.

“Uno –continúa el artista- va aprendiendo siempre cosas nuevas, incorporando, desechando... la evolución estilística para mí es un hecho bastante orgánico a la par que inevitable. No obstante, y de cara también al público que se hizo con el primer volumen de Los Dientes de la Eternidad publicado por Edicions de Ponent en 2011, quise ofrecer material nuevo en esta parte del volumen integral. Simultáneamente quise dar más cohesión gráfica a toda la obra, que la historia tuviese gráficamente un aspecto más compacto. Quizás en otra obra lo habría dejado todo tal cual, pero en Los Dientes de la Eternidad me pareció interesante transmitir la sensación de solidez de un retablo medieval”.

En cuanto a su forma de trabajar, Gustavo nos comenta que: “Mi proceso de trabajo parte de una base bastante tradicional. Jorge, además del guion escrito, me pasa unos 'story boards' que me dan una idea bastante clara de cómo va a ser cada viñeta. A partir de ahí empiezo con la realización de bocetos a lápiz, que una vez quedan lo suficientemente definidos, paso a tinta mediante pincel o 'rotring', dependiendo del tipo de línea que quiera conseguir”.

“Luego utilizo la mesa de luz para delimitar las zonas de claro y oscuro que quiero que tenga el dibujo, pues parto siempre de los medios tonos. Cada una de ellas en una hoja de papel aparte, como si fueran fotolitos. También en folio aparte, suelo crear texturas que incorporo al color, ya sea con acuarelas, ceras, acrílicos o cualquier textura fotográfica que pueda escanear posteriormente. El collage es una de mis técnicas favoritas, y aunque la empleo cada vez con más sutilidad, en Los Dientes de la Eternidad está muy presente”.

“Cuando tengo todas las hojas listas –concluye Gustavo, las paso por el escáner para su posterior montaje en Photoshop, que es la herramienta con la que, propiamente, aplico el color. Básicamente ese es mi proceso de trabajo, pero puede sufrir variaciones dependiendo del trabajo a realizar”.

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Los colores tienen un significado

Destacar el acabado final de las páginas y esos colores que nos recuerdan a las obras de arte primitivas: “El color ha ido ganando cada vez más importancia en mi obra –confiesa Gustavo-. Pasó de tener una presencia puramente testimonial a jugar un papel narrativo bastante importante. Sobre todo en Los Dientes de la Eternidad, donde cada color marca un ambiente espacio-temporal diferente".

“Por ejemplo –continúa el dibujante-, los tonos rosas y rojizos marcan zonas de tensión o son la representación de lo puramente maligno. Los tonos azulados o grisáceos sirven para representar el mundo real, que queda fuera del mundo mitológico. Es decir, para mostrar aquello que sucede en la Noruega del siglo IX. Mientras que los amarillentos o los verdosos sirven para delimitar el espacio mitológico. Procuré que el color no fuera sólo un elemento estético, que también. Es un diálogo narrativo cuya finalidad es orientar y situar al lector”.

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Su próximo cómic: ‘Audun y el anillo del rey’

Después de este cómic tan espectacular, nuestro deseo es que no tarden tanto tiempo en publicar el siguiente. “Hubo un tiempo en que imaginé 'Los dientes de la eternidad' como mi último proyecto en el mundo de la historieta –asegura Jorge-. Pero algunos amigos (especialmente Gustavo Rico, Pedro Rodríguez y Sagar Forniés) me han apoyado para que me quede un poco más. Para empezar, tengo dos proyectos con Gustavo encima de la mesa”.

“El primero es un álbum de 56 páginas titulado Audun y el anillo del rey para el que buscaremos financiación mediante crowfunding bajo el paraguas del sello editor Spaceman Project. Se presentará esta misma semana y es un proyecto muy delicado, una especie de cuento de aventuras que arranca en la Noruega del siglo XI. Esta obra nació como una especie de adaptación libre de una saga islandesa, Saga de Audun, que contaba la historia de un hombre pobre que, a fuerza de coraje y determinación, peregrinaba a Roma y se ganaba la confianza de dos monarcas enfrentados (los reyes de Noruega y Dinamarca). Esta fábula moral nos servía de sustrato argumental para emprender un proyecto distinto a Los dientes de la eternidad, tanto en extensión como en profundidad. Queríamos elaborar una obra rigurosa, con una ambientación histórica cuidada y exenta de elementos fantásticos. Pero, entonces, se me ocurrió la idea de imprimir un giro al argumento y de cambiar el viaje a Roma por una expedición fluvial hasta un río del África occidental. El viaje se convirtió entonces en una odisea fantástica. Y lo fue aún más cuando, casi como por capricho, decidimos incorporar gorilas en el desarrollo de la acción".

"Es un proyecto -continúa el guionista- que surgió de una forma casi improvisada y por el que siento un afecto especial. Mi intención es rendir homenaje a los clásicos de la literatura aventurera (especialmente a Kipling) y tratar de crear un héroe que no sea cínico, ni estúpido, ni posea esa clase de coraje que, en los tebeos, se expresa apretando los dientes y derribando a puñetazos a una víctima. Mi idea es crear un álbum similar a aquel que hice con el dibujante Pedro RodríguezLas aventuras imaginarias del joven Verne. Una especie de cuento moderno, seductor, sugerente, bellamente narrado y dibujado. Las primeras páginas son hermosas, de lo mejor que hemos hecho juntos Gustavo y yo. Creo que Sandro Mena —editor de Spaceman Project— está tan contento como nosotros con Audun y el anillo del rey. Y creo que lo estará aún más a medida que vaya viendo los resultados”.

“Es una especie de 'spin-off' de Los dientes de la Eternidad –puntualiza Gustavo-, pero con un tono y un formato bastante diferentes. Será una historia mucho más contenida y con un tono mucho más sosegado, aunque queremos cuidar mucho la ambientación y la descripción de los personajes”.

“Por otro lado –añade Jorge-, a más largo plazo, Gustavo y yo estamos preparando un proyecto que combina ciencia ficción y ciclo artúrico, inteligencias artificiales y novela de caballería, intrigas palaciegas y viajes en el tiempo, druidas celtas y 2001: una odisea del espacio. Esta obra lleva por título Myrddin y nuestro propósito es ponernos con ella en cuanto terminemos Audun y el anillo del rey. Espero que esto no suene muy pretencioso, pero —con esta obra— me gustaría responder a la pregunta de qué es lo que nos hace humanos”.

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Otros proyectos

“Aparte –continúa Jorge-, tengo proyectos paralelos con otros dibujantes. Quizá el más próximo en el tiempo sea el que estoy preparando junto al dibujante malagueño Kosta. Se titula El viento y la muerte, y es una obra de corte adulto, una especie de réquiem. Cuenta la historia de un periodista polaco (inspirado en la figura de Ryszard Kapuscinski) que recibe a un joven colega que está preparando un libro sobre el periodismo durante la época comunista. Es el inicio de una larga historia de amistad que —usando como elemento de enlace una leyenda judía sobre el gólem y el rabino Löw— nos permite a Kosta y a mí repasar alguno de los acontecimientos históricos más dramáticos de la segunda mitad del siglo XX. Kosta —que es un artista excepcional— está realizando un trabajo portentoso. A ver si, más pronto que tarde, podemos anunciar su lanzamiento”.

“En otro orden de cosas –concluye Jorge-, estoy colaborando con el dibujante Felipe H. Navarro en una serie de pequeñas historias para la revista La resistencia, de Dibbuks. Es un placer trabajar con Felipe, es un estilista con una gran sensibilidad para la línea y la creación de atmósferas poéticas. Confío en que podamos mantener durante mucho tiempo esta línea de colaboraciones e, incluso, plantearnos algún desafío un poco más ambicioso en cuanto a extensión. Y tengo un proyecto aparcado con Sagar Forniés y, también, quiero hacer algo con mi amigo Pedro Rodríguez. Ahora estamos tanteando la posibilidad de hacer un 'western' juntos. A ver si los astros nos son favorables y damos con un argumento que nos satisfaga a ambos”.

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