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Imperio Argentina, del éxito al olvido

  • La actriz triunfó en el cine español en los años 30, incluso durante la guerra civil
  • Emigró a Alemania y actuó en películas para Hitler, en español y alemán
  • Volvió a España pero nunca recuperó el éxito de antaño

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Hace exactamente 10 años, el 22 de agosto de 2003, falleció Imperio Argentina. Tenía solo 17 años cuando saltó a la fama en España. Su carrera cinematográfica se consagró en una de las épocas más fértiles de nuestro cine, los años 30, en los que se rodaron películas de gran éxito popular. La actriz conquistó por su talento, simpatía e inconfundible voz cantando coplas. Durante la guerra civil emigró para continuar su carrera y  actuó en largometrajes para la Alemania nazi. Al volver a España, su fama fue diluyéndose poco a poco.

Música en sus genes

Magdalena Nile del Río nació en Argentina en 1910. Fue hija de dos artistas: un guitarrista de Gilbraltar y una bailarina malagueña. Pasó su infancia en San Telmo (Buenos Aires) y a los cinco años comenzó a recibir clases de danza. En sus actuaciones la llamaban La Petite Imperio. Fue apadrinada por Jacinto Benavente, que la rebautizó como Imperio Argentina y, tras una gira por Latinoamérica, llegó a Madrid en los años 20.

Su primera prueba de cámara la hizo en Argentina, cuando era muy niña, y más tarde realizó otra para Malvaloca. En ninguna de ellas se reconoció su potencial y fue rechazada muchas veces como artista de cine, pues su cara, con un mentón muy pronunciado, no la favorecía frente a la cámara. Imperio actuó en teatros de variedades hasta que Florián Rey la eligió como protagonista de la versión muda de La hermana San Sulpicio (1927).

Éxito en España

“Fue la primera actriz de cine español que tuvo fama internacional”, aseguraba el director Javier Aguirre en el programa de TVE Imprescindibles. Tras su debut con Florián Rey, Imperio trabajó en los estudios de la Paramount en Joinville, cerca de París. Allí formó duetos en igualdad de condiciones con artistas de la talla de Carlos Gardel y Maurice Chevalier, algo que ningún español había conseguido antes.

De regreso a España se casó con Florián Rey, que volvió a dirigirla en sus dos películas más destacadas: Nobleza baturra (1935) y Morena Clara (1936). En ellas demostró su gran capacidad para adaptarse a cualquier tipo de música, ya fueran coplas o jotas. Florián e Imperio eran para Gerardo Vera, según contaba en el programa Imprescindibles, “ideológicamente muy conservadores, pero artísticamente una gente con una necesidad enorme de experimentar”.

Imperio llegó a todos los públicos, tanto los más cultos como los más populares. Incluso tras el estallido de la guerra civil, personas de uno y otro bando iban al cine a ver sus películas y las preferían a las de Hollywood. Su película Morena Clara se estrenó poco antes del alzamiento militar de 1936 y, cuando llegó la guerra civil, continuó exhibiéndose con llenos diarios en ambos bandos.

Rodaje en la Alemania nazi

Durante la guerra civil, el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels invitó a Imperio y a su marido a trabajar en Berlín. Hitler había visto Nobleza Baturra y se había interesado por Magdalena para interpretar a Lola Montes en una película propagandística. Como la contienda en España hacía difícil rodar, el matrimonio aceptó, y, aunque no se hizo la película deseada por Hitler, Imperio rodó Carmen la de Triana en versión española y alemana. La actriz estudió alemán únicamente para versionar las canciones y, según contó a Documentos RNE, “estuve 25 días con mi profesora y me aprendí exactamente el texto de la película”.

Durante el rodaje se enamoró del actor Rafael Rivelles y se separó de su marido. La carrera profesional de los dos no volvió a ser la misma. Cuando Imperio regresó a España, ya habían aparecido actrices como Conchita Piquer, Sara Montiel o Juanita Reina, que la eclipsaron. Sus películas fueron mucho menos conocidas y quienes fueron a verla lo hicieron por el recuerdo de la mítica Imperio durante la República.

Aunque continuó haciendo películas, entre finales de los 40 y bien entrados los 60, desapareció durante largos periodos del mundo de la farándula, exceptuando puntuales conciertos musicales. En 1952 dio dos recitales en el Carnegie Hall de Nueva York, donde fue bien recibida por una parte del público pero muy criticada por el resto debido a su simpatía y colaboración con el régimen nazi. “Su significación política le ha quitado, posiblemente, parte del reconocimiento que ella habría podido tener en algún momento”, reflexionaba Pedro Villora, escritor, en Imprescindibles.

Su vida tras la Transición

Continuó trabajando, de forma muy esporádica, hasta el final de su vida con directores como Mario Camus, José Luis Borau y Javier Aguirre. Pese a ser olvidada durante sus últimos años y pasarlos en soledad, su optimismo era tal que, pocos meses antes de fallecer, con 92 años, quería montar una compañía porque no entendía que nadie la contratara.

La vida de Imperio no fue fácil. Siempre recibió el apoyo incondicional de su hermana Chon, que sacrificó su vida profesional y personal para apoyar a Imperio. Tras separarse de su marido, volvió a casarse con el Conde de las Cabezuelas, pero su gran amor fue Rivelles. Su mayor tragedia fue la pérdida de dos de sus hijos. El primero se suicidó con 23 años y la relación con su hija Alejandra fue tensa, con altibajos, hasta que falleció repentinamente a los 49 años. Esto la hizo reflexionar, y la actriz contaba a sus amigos cercanos que había triunfado como artista pero fracasado como persona.