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Chucho Valdés e Irakere, un homenaje de ida y vuelta

  • El pianista cubano rinde homenaje a los 40 años de su banda en Madrid
  • Irakere visita la capital dentro del programa de los Veranos de la Villa
  • El latin jazz y bases afrocubanas siguen revolucionando la música desde 1973

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El pianista cubano Chucho Valdés saluda al público del Teatro Circo Price en Madrid donde ha actuado junto a la Orquesta Irakere dentro de los Veranos de la Villa.
El pianista cubano Chucho Valdés saluda al público del Teatro Circo Price en Madrid donde ha actuado junto a la Orquesta Irakere dentro de los Veranos de la Villa. J. G.

Una decena de canciones para resumir cuarenta años de historia. Así han planteado Chucho Valdés e Irakere su particular encuentro con el público madrileño en el Teatro Circo Price dentro del ciclo de conciertos de los Veranos de la Villa. Sin embargo, no han sido suficientes.

Sentado ante un piano de cola y vestido completamente de blanco, Valdés dominaba el escenario y atrapaba la vista del espectador para dirigir desde su taburete y con leves gestos de muñeca a toda una orquesta compuesta por músicos virtuosos de sus instrumentos que se agolpaban para arropar al maestro.

Sin embargo, esta noche el tributo era a la inversa. Chucho quería rendir homenaje a Irakerela orquesta que le ha visto crecer en el mundo de la música. Así, lo que este lunes se ha presenciado en Madrid ha sido mucho más que un concierto al uso. Un auténtico reencuentro de amigos que han compartido con el público de la capital su ilusión por la música y su complicidad sobre las tablas.

Historia viva del jazz latino

Revolucionarios de la música cubana y mundial tras el silencio impuesto en los primeros años de gobierno de Fidel Castro y predecesores de orquestas como Buenvista Social Club, que también pasará por los Veranos de la Villa; Irakere comenzó su andadura en 1973, un experimento que aún hoy sigue dando sus frutos.

De los arreglos modernos e instrumentos electrónicos que crearon el latin jazz, a las clásicas bases afrocubanas, Irakere ha arrancado el concierto con “Juana”, hasta llegar a uno de los múltiples clímax de la noche con “La misa negra”, un tema que, en palabras de Valdés, “cambió la historia del jazz latino”.

Pero la noche ha dado lugar también a temas más personales como “Tango”, dedicado a Lorena, la esposa del artista, en el que el piano sobresale por encima de todos los instrumentos y que Valdés ha definido entre risas como tango timbal blues.

Chucho Valdés dirige a la orquesta Irakere en el escenario del Teatro Circo Price de Madrid.

Chucho Valdés dirige a la orquesta Irakere en el escenario del Teatro Circo Price de Madrid. J. G.

Un virtuoso con sentido del humor

Nadie en Madrid ha querido perderse este acontecimiento. Desde parte de la numerosa comunidad cubana que hay en Madrid hasta jovencitos que veían, y hasta oían, por primera vez a Valdés. Ni tiros largos, ni bermudas, lo que menos han importado esta noche son las apariencias porque cuando la música es buena no entiende de procedencias, edades o clases sociales.

Chucho Valdés es un virtuoso y resulta complicado definir con palabras qué es eso. Ni tan siquiera una imagen puede describirlo. Hay que ver, y sobre todo oír, al pianista cubano pulsar las teclas sin esfuerzo y recorrerlas con destreza con sus dedos para comprender la magnitud de la figura que tenemos delante. Valdés toca el piano desde los tres años y a sus 73 aún presume de tener camino por recorrer.

Bromista de la antigua escuela, Valdés ha introducido con un humor característico de La Habana los distintos temas que han interpretado y ha logrado provocar en el público caras de asombro, incredulidad y absoluta felicidad.

“¡Viva Cuba!”, ha gritado un espectador en el momento de los bises, a lo que el músico ha contestado con un llano “y viva España también”.

Siempre Irakere

Finalmente, no han sido 10 sino 12 las canciones que Valdés y sus amigos han utilizado para contar su historia.

La nota calmada, para “bajar un poco la temperatura”, ha sido “Habanera”, una canción interpretada por el piano de Chucho y el chelo de Gastón Joya acompañada de leves notas de percusión que el músico ha dedicado al pueblo donde nació, Quivicán, y a su padre, el desaparecido Bebo Valdés, levantando una ovación cerrada del auditorio.

“Las dos caras” ha sido el tema encargado de cerrar el concierto. Sin embargo, tras un leve abandono del escenario, la banda ha interpretado su coreado “Bacalao con pan”. Aún así, el público pedía más, a lo que los músicos han contestado con una improvisada jam session que ha puesto al Price en pie al grito de “Siempre Irakere”.

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