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Los cinco males de una Unión Europea "enferma"

  • La crisis económica y la desafección ciudadana van de la mano
  • La encuesta Pew califica a la Unión Europea de "hombre enfermo"

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La desafección ciudadana hacia la Unión Europea va en aumento a medida que la crisis económica no se soluciona.
La desafección ciudadana hacia la Unión Europea va en aumento a medida que la crisis económica no se soluciona. REUTERS REUTERS/Bogdan Cristel

Encuesta Pew Research Center

La encuesta se realizó entre el 2 y 27 de marzo pasados entre 7.646 personas en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, España, Grecia, Polonia y la República Checa, ocho de las 27 naciones de la UE.

"Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho". Es la frase de uno de los padres fundadores de la Unión Europea. La cita del ministro francés de Exteriores, Robert Schuman, recogida en la declaración embrionaria de la Comunidad del Acero y el Carbón (CECA).

Pero 63 años después, esa solidaridad se ha resquebrajado. Los rescates de Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre, y la ayuda al sector bancario español, han puesto de manifiesto las diferencias entre un norte harto de pagar los “pecados” de los “despilfarradores” del sur. Y esa “solidaridad” ha tenido un precio que los ciudadanos de los países deudores pagan en forma de recortes y ajustes, cada vez más insoportables.

El Centro de Investigación Pew ha calificado a la Unión Europea de "hombre enfermo", una etiqueta originalmente atribuida al zar ruso Nicolás I al describir al Imperio Otomano a mediados del siglo XIX, y que se ha aplicado en distintas ocasiones en los últimos 15 años a Alemania, Italia, Portugal, Grecia y Francia. Estos son los cinco achaques de un diagnóstico preocupante.

1. Crisis estabilizada, dentro de la gravedad

No se habla como hace un año de la ruptura de la moneda común. El acoso de los mercados a los eslabones más débiles de la eurozona ha disminuido y los países con problemas de déficit están estabilizando sus cuentas, pero el crecimiento y el empleo no llegan.

Las perspectivas económicas de los organismos internacionales sobre la zona euro son desalentadoras. Las propias previsiones de primavera de la Comisión señalan que la eurozona se contraerá un 0,4% este año -en lugar del 0,3% anteriormente previsto-, mientras que la UE caerá un 0,1% -frente al crecimiento del 0,1% que se calculaba en febrero-, debido al alto paro y al desendeudamiento de empresas y hogares tras la crisis financiera. Habla de recuperación de la actividad económica a finales de 2013, pero será "demasiado lenta" para reducir el nivel de desempleo. El paro alcanzará el 11% en la UE y el 12% en la eurozona en 2013 -en marzo marcó récord en el 12,1%-.

“La supervivencia del euro no parece ahora tan amenazada como hace un par de años pero el coste ha sido alto: el desafecto ciudadano”, señala el corresponsal de RNE en Bruselas, Antonio Delgado.

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2. Desilusión por el proyecto europeo

Un sondeo del Eurobarómetro de finales del año pasado reveló que el 57 % de los europeos desconfían de la UE, un porcentaje que alcanza el 72 % en el caso de España. Asimismo, el 64 % piensa que su voz no cuenta en la UE y el 45 % no está satisfecho con cómo funciona la democracia en la Unión.

Cada vez son más los europeos que expresan sus dudas sobre la legitimidad democrática y la rendición de cuentas de la UE y sus instituciones ante los ciudadanos. Y ese malestar se está haciendo patente, además, en países tradicionalmente europeístas. Una encuesta divulgada este martes por el Centro de Investigación Pew revela que siete de cada diez ciudadanos de España, Italia y Grecia desaprueban el manejo de la crisis económica por parte de sus líderes.

El máximo exponente del euroescepticismo siempre ha sido Reino Unido que, ahora, se ha atrevido a dar un paso más. El primer ministro conservador, David Cameron, ha planteado la celebración de un referéndum sobre la pertenencia del país en la UE si vuelve a ganar las elecciones en 2015. Y, este mismo martes se hará público un anteproyecto de ley que recoge los detalles de esa convocatoria para calmar el motín de su grupo político. Dos ministros 'tories' dijeron abiertamente este fin de semana que votarían a favor de una salida del club de los Veintisiete.

3. Brecha entre el Norte y el Sur

La división entre norte y sur y entre los defensores de la austeridad y del crecimiento, junto a los efectos de los ajustes sobre la sociedad con niveles récord de desempleo han acrecentado las críticas de una Europa a dos velocidades.

La encuesta de Pew señala que la prolongada crisis económica ha creado "fuerzas centrífugas que están dividiendo a la opinión pública europea”. Esto se refleja en las divergencias entre Francia y Alemania, mientras que países como España, Italia y Grecia "están cada vez distanciados, como ha quedado demostrado con su frustración con Bruselas, Berlín y lo que se percibe como la injusticia del sistema económico”.

El sondeo Pew indica que, en general, las opiniones positivas sobre la UE se encuentran en su punto más bajo, o cerca de ese punto, en la mayoría de los países encuestados, incluso entre los más jóvenes, y que sólo en Alemania al menos la mitad apoya dar más autoridad a Bruselas para bregar con la crisis económica actual.

Así, el 75 % de los alemanes dijo estar contento con el estado de su economía, mientras que sólo el 9 % de los franceses, el 4 % de los españoles, el 3 % de los italianos, y el 1 % de los griegos consideraron que las economías en sus respectivos países están "bien".

El sondeo señala que España, Italia y Grecia han "sufrido enormemente" la desaceleración económica, lo que ha afectado severamente a la opinión pública en esos países del sur del continente: el 79 % de los españoles y el 72 % de los griegos creen que las condiciones económicas son "muy malas", en comparación con la media del 28 % para el resto de Europa.

Además, el 94 % de los griegos, el 84 % de los italianos, y el 69 % de los españoles se quejan de que la inflación también supone un reto "muy grande", en comparación con la media del 58 % en el resto del bloque.

4. Ascenso de los partidos antieuropeístas

En ese clima de fatiga ciudadana ha resurgido la amenaza del "nacionalismo" y "populismo". "En las instituciones europeas se mira con preocupación a las elecciones a la Eurocámara del próximo año. Los resultados podrían arrojar un Parlamento ingobernable o incluso dominado por partidos contrarios a la integración", apunta el corresponsal de RNE. 

“Europa será abierta y democrática o no será; los partidos tradicionales europeos deben tomar la iniciativa para no doblar la rodilla ante los euroescépticos y los antieuropeos”, advirtió la pasada semana el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso.

A medida que crece la desconfianza en el proyecto europeo, los grupos antieuropeístas encuentran terreno abonado para que sus tesis penetren con más facilidad. Se mueven en dos ejes. Los partidos de ultraizquierda, contrarios a la política de austeridad de Bruselas, y los de ultraderecha, que defienden plantemientos nacionalistas y de control de la inmigración.

De esta forma, hemos visto por un lado el éxito del antisistema Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo en las elecciones italianas y, por el otro, el ascenso de los neonazis griegos Amanecer Dorado.  Otros casos se encuentra en Holanda, Bélgica o Finlandia, donde hay entre un 10 y un 20% de apoyo para grupos extremistas.

5. El motor franco-alemán, gripado

Y, entre tanto, el 'Merkollande' no funciona. La canciller alemana y el presidente francés no se entienden. Donde una dice responsabilidad, él otro entiende solidaridad, que no es lo mismo. La unión bancaria, el gran pilar para que el euro pueda sobrevivir con buena salud y menos sobresalto, es un dolor de cabeza para Berlín, que retrasa y retrasa su puesta en marcha.

La obsesión de Alemania por el control de la inflación y una política de control presupuestario que algunos califican de austericidio ha unido a los países más damnificados por la crisis. Sin embargo, aún no se vislumbra una alianza poderosa entre Italia y Francia. España se ha desmarcado de cualquier "frente común" contra su socia conservadora.

Hasta ahora, en su más de medio siglo de historia, la UE no ha funcionado bien sin el arrastre del motor franco-alemán. Y, por el momento, sigue siendo impensable avanzar sin la locomotora de Europa.

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