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Europa vende su alma a la tecnocracia para sobrevivir a la crisis de deuda

  • El colapso político de Grecia e Italia fuerza gobiernos tecnócratas de unidad
  • La salida genera dudas sobre la legitimidad democrática de sus decisiones
  • Todos los Gobiernos de los países periféricos del euro han caído por la crisis
  • La necesidad de una salida a nivel europeo se hace cada vez más urgente

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Los cambios hacia gobiernos técnicos despiertan recelos

"La formación de un Gobierno de unidad nacional es la única manera convincente de que Grecia vuelva a ganarse la confianza de las partes interesadas, incluidos sus socios europeos", decía el pasado lunes ante el Parlamento Europeo el comisario de Economía, Olli Rehn.

Tres días después y tras intensas negociaciones los líderes griegos llegaban a un acuerdo para formar un gobierno de unidad liderado por un tecnócrata que ha sido exvicepresidente del Banco Central Europeo, Lukás Papadimos.

"Italia necesita reformas, no elecciones", aseguraba el pasado viernes el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, en el acto de inauguración del curso en el Instituto Europeo de Florencia ante las protestas de los alumnos bajo un lema: "¿Democracia?".

Este fin de semana el excomisario europeo Mario Monti podría convertirse en primer ministro de un gobierno técnico tras recibir la bendición de los mercados, que hundieron a Silvio Berlusconi, que ha luchado hasta el final por convocar elecciones anticipadas. Finalmente ha dimitido este sábado.

¿Crisis de democracia?

Tanto la afirmación de Rehn como la de Van Rompuy han pasadfo relativamente desapercibidas en los medios de comunicación, pero simbolizan un salto cualitativo dentro de los efectos políticos de la crisis de deuda: por primera vez Bruselas no pide a los Gobiernos ajustes, sino que simple y llanamente se permite opinar sobre su futuro..., y se sale con la suya.

"Nos hemos estado quejando mucho tiempo de la falta de democracia en el ámbito europeo, pero pensábamos que los tecnócratas eran aceptables porque había democracia a nivel nacional... Ahora tenemos tecnócratas a ambos lados", resume la situación José Ignacio Torreblanca, director de la oficina en España del European Council of Foregn Relations (ECFR).

Torreblanca considera que la elección de Papadimos y Monti supone "la renuncia a gestionar la crisis desde la política" y advierte del riesgo enorme al que se enfrenta Europa si estos gobiernos técnicos fracasan.

"La democracia puede equivocarse porque es legítima; cambias a un partido por otro. La tecnocracia si fracasa te quedas sin nada", advierte el experto, que considera que la falta de resultados de estos ejecutivos tecnócratas podría abrir las puertas a líderes populistas.

Aunque la experiencia en ejecutivos tecnócratas está sobradamente acreditada en Italia -donde fueron populares y consiguieron llevar a cabo importantes reformas a mediados de los 90-, en Grecia son desconocidos y pueden desatar un problema de legitimidad.

"Los tecnócratas se verá que no tendrán ni siquiera un mandato popular, y serán etiquetados por una gran parte de la población como meros ejecutores del dictado de la Troika (los tres prestamistas internacionales de Grecia)", señala a reuters Pepe egger, director para Europa occidental de la consulta de riesgos políticos Exclusive Analysis.

Sin embargo, para el experto de Fride, Giovanni Grevi, lo que muestran las crisis políticas en Grecia e Italia es "la deficencia de los dirigentes en el pasado para adoptar políticas que puedan fomentar el crecimiento y la competencia".

De hecho, Grevi niega que el Gobierno formado en Atenas y el que está por formar en Roma sean ilegítimos, ya que cuentan con un amplio respaldo parlamentario.

"Los gobiernos tecnocrátas están apoyados por políticos, por lo que en mi opinión no se trata de una elección entre tecnocracia o democracia sino entre buenas o malas políticas", añade el experto basado en Bruselas, que considera que el problema de lo ocurrido en Grecia e Italia es, de hecho, más amplio.

Un problema europeo

Para el experto de Policy Newtork, Olaf Cramme, también el problema es más general, "una crisis de la democracia nacional al igual que de la democracia europea"."La confianza en los gobiernos nacionales es extremadamente baja", añade en declaraciones a Reuters.

Por eso, rechaza que Bruselas tenga un papel protagonista en la crisis de la democracia o en la pérdida de soberanía.

"Pretender ambas cosas malinterpreta el trasfondo del malestar popular y lleva a conclusiones totalmente equivocadas", advierte.

En la misma línea, Grevi considera que hay una crisis política generalizada y que se deriva del desequilibrio existente entre los mercados y estados que tienen poco o ningún margen de maniobra.

El experto de Fride propone que el conjunto de países de la UE reequilibren la relaciones entre mercados y estados, ya que en ese nivel sí que tendrían más capacidad de maniobra.

El problema es que a nivel europeo no hay ni mucho menos consenso sobre este asunto, tal y como se ha demostrado en los acontecimientos de las últimas semanas: los acuerdos del Consejo Europeo han fallado para dar una respuesta creíble a la ampliación del plan de rescate, a lo que siguió la propuesta de referéndum en Grecia y la negativa de los países del G-20 a poner dinero encima de la mesa hasta que la eurozona no resuelva sus problemas.

"Hemos dado varios pasos acercándonos al precipicio, lo que hace que se tengan que tomar decisiones sobre hacia donde ir: una unión fiscal o una ruptura del euro", resume el investigador principal de Economía Internacional del Real Instituto Elcano Federico Steinberg.

Choque de soberanías

En efecto, los casos de Grecia e Italia han abierto dos tabús: la posibilidad de que un país sea expulsado de la zona euro y, por ende, de la Unión Europea, y la posibilidad de que el euro se parta en dos, dejando dentro de la moneda única solo a los países cumplidores.

Para Steinberg, aunque a corto plazo los países de la periferia tienen que ajustarse en cinturón, el conjunto de la Eurozona tiene margen fiscal para un estímulo necesario para que las políticas de ajustes no fracasen y hundan a la UE en la recesión.

Sin embargo, en este caso sería necesario un estímulo monetario a través del BCE y otro fiscal de los países que pueden permitirselo. En ambos casos, el bloqueo se encuentra en Alemania.

La crisis ha puesto en cuestión el papel del BCE como guardián únicamente de la inflación

Y de nuevo aquí se vuelve a chocar entre legitimidad democrática y soberanía nacional. La mayoría de la opinión pública alemana está en contra de estas medidas y su Tribunal Constitucional tampoco lo avala.

La solución, según Torreblanca, estaría en que la partida se jugase en el propio Parlamento Europeo, la teórica sede de la soberanía europea.

"Que se disuelva el Parlamento Europeo y que los partidos políticos se pronuncien a nivel europeo si hay que salir de la crisis monetizando (a través del BCE) o no monetizando y todo el mundo tendría que retratarse", propone el experto del ECFR que, a renglón seguido reconoce que eso no va a pasar, porque "donde se juega la política es a nivel nacional".

Tanto es así que donde ha provocado dimisiones y crisis política la crisis del euro no ha sido en Bruselas -Barroso y Van Rompuy no han sido destituidos- ni en los centros de decisión -Merkel y Sarkozy siguen en sus cargos- sino en los países que más la han sufrido, los periféricos de la zona euro.

Efecto dominó

Hace ahora un año al Gobierno irlandés, liderado por aquel entonces por Brian Cowen, caía de forma abrupta víctima de una 'tormenta perfecta' que se ha repetido en todos los países de los denomiandos PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España).

Primero Cowen se vió obligado a pedir el rescate de la Unión Europea ante la presión de los mercados. Eso hizo que perdiera a sus socios parlamentarios y se viese obligado a convocar elecciones.

Tras aprobar las condiciones del rescate, el Parlamento de disolvió, se convocaron elecciones anticipadas y la oposición se hizo con el Gobierno.

Portugal vivió un caso similar. El primer ministro socialista Sócrates se vió obligado a dimitir tras negarse la oposición de centro-derecha a acordar un nuevo plan de ajuste impuesto por Bruselas. Entonces se produjo el rescate y la convocatoria de elecciones anticipadas donde arrasó la oposición de centro-derecha.

En España no se llegó a ese límite, pero el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tuvo que aprobar más ajustes y convocó elecciones anticipadas tras sufrir un gran batacazo en las municipales.

En los comicios, convocados para el próximo 20-N, la oposición de centro-derecha del PP está situada para conseguir una victoria arrolladora sobre el gobernante PSOE, según todas las encuestas.

Tras las elecciones, los nuevos gobiernos de Irlanda y Portugal han tenido que aprobar nuevos ajustes pese a haberse negado a dar luz verde a los de los anteriores ejecutivos.

"La ficción es que la solución está en el ámbito nacional; se puede poner a un tecnócrata que haga mejor los ajustes pero solo estamos hablando de consolidación fiscal...Cuando se habla de crear crecimiento las decisiones no se toman en un ámbito nacional", resume Torreblanca, que aún así ve una diferencia clave entre los casos de Grecie e Italia y los de España, Irlanda y Portugal.

"Estos últimos han dado la palabra a la gente", concluye.

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