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Mónaco o cómo sobrevivir a los Grimaldi

  • El primer Grimaldi llegó a la Roca en el siglo XIII
  • La imagen del principado se asocia con el lujo y el glamour
  • En la lista de paraísos fiscales, Alberto ha tratado de regular sus finanzas

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Turistas pasan por un escaparate de Mónaco con fotos de la pareja real.
Turistas pasan por un escaparate de Mónaco con fotos de la pareja real. AFP AFP

Una mujer despampanante en biquini toma el sol sobre la cubierta de un yate que reposa en las aguas cristalinas de la Costa Azul. Un perfil escarpado de hoteles de cinco estrellas y un casino espectacular se asientan sobre una roca. En dos kilómetros cuadrados de superficie no puede caber más lujo, ni más población…Bienvenidos al Principado de Mónaco.

El segundo Estado más pequeño del mundo y feudo de la reinante familia Grimaldi es la imagen del glamour y la belleza, de la opulencia y la Formula 1, del juego y la evasión fiscal.

Empresa-principado

Plataforma de inversiones y refugio de fortunas, esta empresa-principado poco o nada tiene que ver con la Roca que conquistó en 1297 un guerrero y comerciante genovés disfrazado de monje franciscano que tenía como primer apellido Grimaldi.

Casi 300 años después, el pequeño peñón fortificado del Mediterráneo adquirió sus primeras dosis de soberanía, al estilo de las ciudades-Estado italianas y dos siglos más tarde, en 1612, Honorato II se autoproclamó príncipe en contra de los intereses de España y tras aliarse con Francia.

Pero no fue hasta 1861 cuando Mónaco logró convertirse en un Estado independiente bajo la tutela gala con Carlos III Grimaldi, el fundador de la famosa Sociedad de Baños del Mar (SBM), que construye el casino y la ópera que convirtieron a Mónaco en la joya turística de la Costa Azul, desbancando a Niza.

Alberto I, el explorador y cartógrafo siguió dándole brillo a la Roca y tras las dos guerras mundiales en las que el Principado cayó en manos de fascistas italianos y nazis alemanas, Rainiero III logró sacar al negocio familiar de la bancarrota y terminar de pulir la joya.

Del juego de la ruleta…

El golpe de gracia se llamó Grace Kelly y vino directamente desde Hollywood. La actriz estadounidense situó a Mónaco en el mapa de la alta sociedad y trajo consigo importantes inversiones americanas que sacaron a flote el peñón. Cerca de 30 millones de personas vieron el enlace en televisión en 1956, cuando apenas se empezaban a comercializar estos aparatos en Europa.

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El juego de la ruleta y el turismo dejaron de ser los motores de la economía para en favor de las actividades financieras e inmobiliarias. A comienzos de los 60, Mónaco ya estaba en la lista de paraísos fiscales y también en las primeras páginas del papel couché por los escándalos familiares de los Grimaldi.

Muertes trágicas, matrimonios fracasados y enredos sexuales han perseguido en los últimos 50 años a la familia soberana hasta la entronización de Alberto II como regente del Principado.

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“Quiero que la ética sea el valor central de mi reinado”, dijo el príncipe al inaugurar su mandato. Transparencia para luchar contra el blanqueo de dinero, y autoridad para poner orden en la vida de sus hermanas Carolina y Estefanía, y en la suya propia.

… al paraíso fiscal

Desde que asumió el mando, sus movimientos se han encaminado a dotar al principado de una imagen seria que garantice la permanencia de los Grimaldi y sus escasos 30.000 súbditos, de los que un 16% son monegascos -unos 7.000- casi un 50% franceses, unos 6.400 italianos y el resto proceden de más de un centenar de nacionalidades diferentes.

Su especial relación con Francia, no en vano es la encargada de defender sus fronteras, ha llevado a Mónaco a protagonizar algún sonado roce diplomático con España.

Uno de los últimos, en la sesión del Comité Olímpico Internacional que debía elegir la sede de los Juegos de 2012 en Singapur.

Alberto señaló a España como potencial objetivo de un ataque terroristas, desluciendo la brillante candidatura de nuestro país, con la clara intención de favorecer a París, aunque la ganadora fue finalmente Londres.

Meses después, la visita de Estado del príncipe monegasco al Elíseo se saldó con importantes concesiones del entonces presidente Jacques Chirac a la Roca.

La casa real española no mandó entonces ninguna representación a la entronización de Alberto con la excusa de problemas de agenda.

En su próximo enlace con la exnadadora Charlene Wittstock tampoco habrá ningún miembro de la familia real para felicitar en persona a los recién casados.

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