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Ana María Matute: "En la literatura, como en la vida, se entra con dolor y lágrimas"

       
  • "El que no inventa, no vive" ha asegurado la escritora
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  • "Prefiero escribir tres novelas seguidas a pronunciar un discurso

El premio Cervantes en el archivo de RTVE

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Discurso Ana María Matute, Premio Cervantes 2010

Desde muy niña, quizá desde que oyó por primera vez la "mágica frase" de "érase una vez...", Ana María Matute supo que entregaría su vida a la Literatura, una pasión de la que habló este miércoles en su discurso de agradecimiento del Premio Cervantes, en el que evocó su infancia y sus comienzos como escritora.

"La Literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas", decía esta gran novelista tras recibir de manos del rey el galardón más importante de las letras hispánicas, un premio que ella considera "como el reconocimiento, ya que no a un mérito, al menos a la voluntad y al amor" que la han llevado a entregar toda su vida "a esta dedicación".

Fue un discurso intimista, sincero y emotivo, muy distinto al de otros galardonados, en parte porque, como ella confesó, no se le da bien este tipo de intervenciones y prefiere "escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a tener que pronunciar un discurso", y también porque el estilo de Matute es único y hoy no tenía que demostrar nada: ahí están su obra y su inmensa capacidad de fabulación.

"¿Por qué tenemos miedo de la palabra felicidad?"

Matute, que no ocultaba hoy su felicidad -"¿por qué tenemos tanto miedo de esa palabra?"-, no subió a la cátedra a leer su intervención, sino que lo hizo abajo, sentada en su silla de ruedas y junto al público.

En más de una ocasión hizo reír a los asistentes con sus palabras, pero sobre todo los emocionó.

Apenas hubo en su intervención referencias a Cervantes, aunque sí aludió, sin nombrarlo, al Quijote, ese "hombre bueno, solitario, triste y soñador", que "creía en el honor y la valentía, e inventaba la vida".

Aquel soñador "convertía en gigantes las aspas de un molino, igual que convertía en la delicada Dulcinea a una cerril Aldonza. Inventó sensibilidad, inteligencia y acaso bondad -'el don más raro de este mundo'- en una criatura carente de todos esos atributos. ¿Y quién no ha convertido alguna vez a un Aldonzo o Aldonza de mucho cuidado en Dulcineo o Dulcinea...?, se preguntó con humor la autora de "Paraíso inhabitado".

"El que no ama está muerto"

Parafraseando a San Juan -"el que no ama está muerto"-, Matute cree que "el que no inventa, no vive". Ella empezó a inventar en "un tiempo muy niño y muy frágil", en el que se sentía distinta: era tartamuda, "más por miedo que por un defecto físico", y las niñas de aquel tiempo, "mujeres recortadas, poco o nada tenían que ver" con ella.

Esa niña solitaria que fue Matute solo tenía un amigo, su muñeco Gorogó, que su padre le trajo de Londres a los cinco años.

Gorogó está presente en Primera memoria, una de las novelas con las que esta escritora se siente "más identificada", y la acompañó también en sus primeros "inventos" literarios. Hasta que la autora supo que "en la Literatura -en grande-, como en la vida, se entra con dolor y lágrimas".

La escritora evocó cuando con "la timidez, el asombro y la audacia" de sus "casi veinte años" se asomó "al mundo editorial".

Escribió su primera novela a los 17 años

Con aspecto "más aniñado del normal" (llevaba calcetines), Matute iba cada día a la editorial Destino con su primera novela, Pequeño teatro, escrita a los diecisiete años, "a mano, en un cuaderno escolar, cuadriculado, con las tapas de hule negro".

Un empleado se apiadó de ella y le consiguió "una entrevista con el director", el novelista Ignacio Agustí, quien con "infinita paciencia", le explicó que debía "pasarlo a máquina".

Le contrataron el libro y envió su segunda novela, Los Abel, al Premio Nadal. En aquella edición lo ganó "el gran Miguel Delibes", pero Matute tiene "aún la satisfacción y acaso orgullo" de que su obra "quedó en tercer lugar".

Su Bautizo de entrada al mundo editorial

Con Pequeño teatro ganó el Premio Planeta en 1954 y ese fue su "verdadero bautizo de entrada en el mundo editorial". Empezó a conocer a escritores y continuó "inventando invenciones", entre ellas "arzadú", una palabra que creó para designar el nombre de una flor inexistente.

En la parte final de su discurso, la galardonada hizo una encendida defensa del cuento y arremetió contra quienes "mutilan, bajo pretextos inanes de corrección política", "la famosa crueldad de los cuentos de hadas".

Matute llama a los de su generación la de "los niños asombrados", porque así se sintieron cuando estalló la Guerra Civil española. El mundo "se había vuelto del revés" y por primera vez vio "la muerte, cara a cara, en toda su devastadora magnitud".

Ese asombro también lo sintió cuando, "en cierta ocasión", vio surgir, "al partir un terrón de azúcar en la oscuridad, una chispita azul", algo que le reveló que ella sería escritora. "Aquella lucecita azul, aquel virus no me abandonó nunca", aseguró.

La escritora ha demostrado su sentido del humor

"He venido pronto, no vaya a ser que le den el premio a otro", bromeaba la galardonada, antes de la ceremonia y con un grupo de periodistas, mientras degustaba un gin tonic en la cafetería de la universidad -"el motor, sin gasolina, no funciona", ha explicado-, acompañada por su hijo y por el director general del Libro, Rogelio Blanco.

Poco antes, la escritora ha visitado una exposición sobre la censura sufrida por su obra durante el franquismo. "No sabéis lo que decían de mí. Me llamaban irreverente, inmoral, lo tergiversaban todo", ha explicado a los periodistas.

"El día de hoy lo disfrutaré luego, porque todas las cosas buenas que me han pasado las guardo en mi cabeza, como una película, y las recuerdo luego", ha dicho la escritora barcelonesa.

Muy bien acompañada

La autora de Olvidado rey Gudú ha estado acompañada en la ceremonia por numerosas escritoras, como Ana María Moix, Carmen Riera, Soledad Puértolas y Ángeles Caso, quien ha dicho: "estamos felices, porque venimos a ver a la reina madre", ha dicho-.

Ana María Matute es la tercera mujer que recibe el Cervantes en más de tres décadas de la historia de este premio, tras la filósofa española María Zambrano y la poeta cubana Dulce María Loyanaz.

El acto de entrega del máximo galardón de las letras hispanas ha sido presidido por los Reyes y ha contado con la asistencia del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado por su esposa, Sonsoles Espinosa; la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel.

El rey elogia el "deslumbrante universo imaginativo" de Ana María Matute

El rey ha valorado hoy la "excelencia literaria" y el "deslumbrante universo imaginativo" de Ana María Matute al hacer entrega del Premio Cervantes a la escritora catalana, a quien ha elogiado como "una de las narradoras más destacadas y brillantes de habla hispana".

En su discurso de clausura de la ceremonia, don Juan Carlos ha dedicado asimismo unas palabras de homenaje a Gonzalo Rojas, fallecido el pasado lunes, de quien ha recordado el "encendido elogio de la palabra" que el propio poeta chileno dedicó a Cervantes en ese mismo lugar hace seis años, al recibir el premio más importante de las letras en español.

Tras destacar el "inconfundible sello cervantino" que caracteriza toda la obra de Ana María Matute, el rey ha rememorado la trayectoria vital de la premiada y ha subrayado que la tragedia de la guerra civil dejó "una huella imborrable en su alma infantil y juvenil", que ha quedado grabada en gran parte de su producción "moldeada desde el prisma de la niñez".

En este contexto, ha llamado la atención sobre el hecho de que la autora catalana considere la literatura como "una forma de extraer de uno mismo el malestar del mundo, una suerte de rebelión íntima" convertida en "un estado natural que ayuda a trascender las etapas de soledad por las que, tantas veces, transita la vida".

González-Sinde destaca la literatura de lo invisible e inexplicable de Matute.

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha destacado hoy que la escritora Ana María Matute es una mujer "valiente" e "intrépida", que forma parte de una clase de autores "privilegiados", porque pueden escribir sobre lo inexplicable y lo invisible.

Estos escritores, ha dicho la ministra en su discurso en el acto de entrega a Matute del Premio Cervantes, "pueden hablar de otras cosas que no ocurren ni sobre la tierra que pisamos ni tampoco en nuestras mentes. Son los privilegiados porque pueden escribir sobre lo inexplicable".

González-Sinde se mostró satisfecha de compartir el día con la Premio Cervantes como ministra de Cultura y, "al menos hoy por un rato, como ministra de lo invisible y lo inexplicable".

La titular de Cultura ha destacado la valentía de Ana María Matute por una obra a la que se va "por voluntad y con deseo" y que pretende hacer visibles asuntos invisibles como la incomunicación, la soledad, el amor y el odio entre hermanos, la crueldad o la desigualdad.

En opinión de la ministra, la literatura de Matute enseña que "narrar es el primer recurso para abandonar la barbarie".

La titular de Cultura también ha calificado a la autora de Olvidado Rey Gudú como "una mujer intrépida que dice y hace cosas audaces" como no tener que esperar a conquistar el título de escritora y "osada porque sabe reconocer la alegría".

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