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Un niño incinerado hace 11.000 años en una "cápsula del tiempo" paleoindígena

  • Los restos han sido hallados en Alaska central
  • Arrojan luz sobre la forma cotidiana de estas tribus primitivas
  • Se cree que llegaron de Siberia hace unos 13.000 años

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 La fosa se ha encontrado en las ruinas de una casa de 11.500 años de antigüedad situada en Alaska central.
La fosa se ha encontrado en las ruinas de una casa de 11.500 años de antigüedad situada en Alaska central. BEN A. POTTER

En las ruinas de una casa de 11.500 años de antigüedad situada en Alaska central, los científicos han hallado un trozo de historia de los primeros pueblos que habitaron en la región. Allí han encontrado el esqueleto incinerado de un niño paleoindígena, como parte de una verdadera cápsula del tiempo que arroja luz sobre la forma de vida cotidiana de las tribus paleoindígenas.

El descubrimiento, llevado a cabo por el equipo de Ben Potter de la Universidad de Alaska, se publica en el último número de la revista Science.

"El lugar es verdaderamente espectacular en toda la extensión de la palabra", afirma Potter en declaraciones recogidas por la sociedad científica sin fines de lucro AAAS. "La incineración tiene un profundo significado, pero también es importante el contexto del hallazgo".

A diferencia de campamentos de caza temporales y otros lugares de trabajo encontrados anteriormente, esta casa parece haber sido una vivienda de verano para los miembros de esta población.

Según el equipo de Potter, sus habitantes, entre los cuales había mujeres y niños, cazaban en los alrededores pescado, aves y mamíferos pequeños.

"Antes de este hallazgo, sabíamos que se dedicaban a la caza mayor, de bisontes o alces, con armas sofisticadas. Aquí, sin embargo, había niños pequeños y mujeres. Por lo tanto, ésta es una pieza completa del sistema de asentamiento sobre la que prácticamente no teníamos ningún antecedente", explica.

La fosa en la que fueron encontrados los restos del niño estaba en el centro de la vivienda

Los investigadores creen que el niño fue incinerado en una fosa en el centro de la vivienda después de fallecer por motivos desconocidos. Esa fosa, de unos 45 centímetros de profundidad, se usaba para varios fines, entre ellos cocina y desecho de desperdicios.

Después de la incineración, la fosa fue sellada y la casa, abandonada.

El hallazgo del esqueleto supuso una gran sorpresa ya que en esta zona de Alaska nunca se había encontrado ningún resto mortal humano que tuviera más de varios cientos de años de antigüedad.

Junto al niño no había objetos funerarios. Según Potter, esta falta de objetos simbólicos es típica de una sociedad nómada de cazadores-recolectores y no debe interpretarse como señal de que la muerte del niño se tomó de manera indiferente.

"Todas las pruebas indican que hicieron bastante esfuerzo. La sepultura estaba dentro de la casa. Si lo piensa, la casa es el núcleo de muchas actividades residenciales: cocinar, comer y dormir; y el hecho que abandonaran la casa poco después de la incineración es prueba bastante convincente del trato delicado hacia la muerte del niño", dijo Potter.

Los investigadores creen que los primeros pueblos de norteamérica llegaron de Siberia a través del estrecho de Bering hace aproximadamente unos 13.000 años.

Lo constatan gracias a algunas herramientas, que junto con las estructuras de las viviendas, son similares a las utilizadas por los pueblos siberianos.

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