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El 'abuelo' de Atapuerca era asistido por su comunidad y usaba bastón

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Entrevista a Alejandro Bonmati, investigador de Atapuerca

A hombros de gigantes

Programa de divulgación científica. Es un espacio pegado a la actualidad con los hallazgos más recientes, las últimas noticias publicadas en las principales revistas científicas, y las voces de sus protagonistas. Pero también es un tiempo de radio dedicado a nuestros centros de investigación, al trabajo que llevan a cabo y su repercusión en nuestra esperanza y calidad de vida. Los sábados de 01:00 a 02:00

El equipo de Atapuerca ha descubierto los restos de un anciano que vivió en la sierra burgalesa hace medio millón de años. Sufría graves lesiones de espalda que le causarían grandes dolores y le harían caminar encorvado, impidiéndole participar en la caza, algo importante para sobrevivir en aquella sociedad prehistórica.

El director del estudio, Alejandro Bonmatí, nos explica en el programa 'A hombros de gigantes' que aquel individuo tuvo que recibir el cuidado de la comunidad.

El equipo científico, formado por investigadores del Centro UCM-ISCIII (Universidad Complutense de Madrid - Instituto de Salud Carlos III) de evolución y comportamiento humanos de Madrid, recuperó los restos fósiles de este individuo a lo largo de cinco intensas campañas de excavación en la Sima de los Huesos.

Los restos de la pelvis (la famosa 'Elvis') fueron objeto de un estudio previo publicado en el año 1999. Desde entonces, el trabajo en el laboratorio ha permitido reconstruir y asociar a esta pelvis, su columna lumbar.

La investigación publicada el pasado viernes en la revista PNAS revela que este esqueleto parcial, perteneciente a un varón de gran corpulencia física de la especie Homo heidelbergensis (antepasada de los neandertales), padecía importantes enfermedades degenerativas desde mucho antes de morir, con cerca de 50 años de edad.

El 'abuelo' de Atapuerca usaba bastón

Estas enfermedades tendrían manifestaciones posturales y dolorosas en las zonas lumbar y pélvica, que según los autores del estudio, obligarían al individuo a adoptar una posición encorvada y, quizás, a usar un báculo para mantenerse erguido.

Por ello, este individuo probablemente estaría impedido para cazar, entre otras actividades. Su supervivencia durante largo tiempo con estas discapacidades, hace suponer a los autores que el grupo social nómada del que formaba parte este individuo, tendría una atención "especial" con sus "mayores".

Las conclusiones de este estudio no se restringen sólo a este individuo patológico; el equipo ha encontrado también en la Sima de los Huesos los restos de otras personas que no tenían deformidades en la columna vertebral ni en la pelvis.

Gracias a ellos, los científicos han descubierto que esta población, al igual que los neandertales, poseía una columna vertebral con curvaturas menos marcadas que las que recorren nuestra espalda. Es más, la forma característica de sus vértebras y su pelvis demuestra que sus cuerpos estaban diseñados, como los nuestros, para minimizar el gasto de energía necesario para mantenerse perfectamente erguidos.

Parir o no parir: la diferencia entre mujeres y hombres

En nuestra especie, la pelvis presenta un diseño adaptado a una postura erguida y una locomoción bípeda. Estas adaptaciones "compiten" en las mujeres con la necesidad de dar a luz.

Estas circunstancias, junto con el elevado tamaño encefálico de los recién nacidos, convierten el parto en un proceso complicado en nuestra especie. En consecuencia, la forma del conducto pélvico de las mujeres presenta modificaciones que habilitan el paso del feto a término en el momento del alumbramiento.

Ya había diferencias pélvicas entre hombres y mujeres

Retrocediendo en el tiempo, los científicos de este estudio han comparado también el conducto pélvico del anciano de la Sima de los Huesos, con el de otras pelvis humanas fósiles de sexo femenino encontradas en otros yacimientos del mundo.

Los resultados publicados señalan que las diferencias entre los sexos de los individuos fósiles se asemejan a aquellas encontradas entre los hombres y las mujeres actuales.

Este hallazgo ha permitido a los investigadores de Atapuerca sostener la hipótesis de que las mujeres de estos humanos extintos sufrirían presiones obstétricas, es decir, alumbramientos difíciles.

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