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'Kadanuumuu', el mono andarín

  • Encuentran un esqueleto anterior y mucho más grande que Lucy

  • Su cadera demuestra que caminaba erguido, sobre los dos pies

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Evolutivamente, Platón tenía razón cuando describió al ser humano como 'un bípedo implume'. Desde que Raymond Dart comenzara a descubrir australopitecos en Sudáfrica en los años 20 del pasado siglo sabemos que existieron primates muy cercanos a nuestra especie caracterizados por cabezas muy similares a la de un chimpancé sobre un cuerpo erecto capaz de caminar sobre dos pies.

Pero hasta que no se descubrió a Lucy, el primer Australopithecus afarensis, no quedó confirmado que nuestros propios antepasados eran así; simios bípedos, chimpancés que caminaban erguidos. Un nuevo descubrimiento en la región de Afar refuerza esta idea, al proporcionarnos pruebas de que A. afarensis era, en verdad, capaz de caminar como usted o como yo.

La paleontología decimonónica mantuvo durante décadas un fuerte prejuicio a favor de que nuestra privilegiada inteligencia había evolucionado antes que el andar bípedo; un prejuicio ayudado por la escasez de fósiles.

Esta obsesión, con tintes imperialistas, era de tal calibre que cuando Dart descubrió en África a los autralopitecos no sólo fue despreciado, sino que paleoantropólogos eminentes arruinaron sus carreras perpetrando falsificaciones (el hombre de Piltdown) para demostrarla.

La idea del 'cerebro primero' duró mucho tiempo

La idea del 'cerebro primero' duró mucho tiempo, e incluso algunos de los miembros de la saga Leakey pensaban en su fuero interno que todos los autralopitecos pertenecen a una rama lateral, y que nuestros antepasados reales (de grandes cerebros) aún no han sido descubiertos. Todavía es posible que un nuevo descubrimiento revolucione nuestra comprensión de la evolución humana; es la grandeza de la paleontología. Pero descubrimientos como el de Kadanuumuu lo hacen cada vez más improbable.

El gran hombre

Kadanuumuu ('gran hombre', en lenguaje local) es el apodo que los paleoantropólogos le han puesto a un esqueleto descubierto a menos de 50 kilómetros de donde apareció Lucy, en el Triángulo de Afar (Etiopía).

Kadanuumuu es mucho más grade que Lucy

Se trata de una treintena de restos de diversas partes del esqueleto (excepto la cabeza) de un hominino hallados en estratos algo más antiguos (3,6 millones de años) que los que albergaban a los primeros A. afarensis descubiertos. Kadanuumuu no sólo es más antiguo que Lucy, sino que es mucho más grande; entre 1,50 y 1,80 de estatura frente al escaso 1,10 del anterior espécimen. El tamaño y ciertos rasgos de los huesos de la cadera conservados indican a los investigadores que se trataba de un varón.

La cadera no sólo nos proporciona el sexo, sino que nos indica con precisión el modo de locomoción de un animal. Lo cual es importante en la evolución humana, ya que desconocemos con certeza cuándo se produjo la transición entre el andar cuadrúpedo al estilo de los chimpancés y gorilas (que les permite dar apenas unos pasos a dos patas) y el bipedalismo que exhibimos hoy, y que ya tenían los autralopitecos.

La cadera de Kadanuumuu es así clave, sobre todo porque despeja dudas que había provocado Lucy. Al ser muy pequeña, y hembra por añadidura, la configuración de su cadera no era completamente clara: podía interpretarse como un bípedo perfecto o como un cuadrúpedo con tendencias bípedas. Por otro lado no se habían hallado escápulas de Lucy (los huesos que hay en la espalda, detrás de los hombros), lo que abría la posibilidad de que se tratase de un mono arbóreo que se desplazara con los brazos y ocasionalmente caminara por el suelo.

El tatara-tatarabuelo de Lucy no vivía en los árboles, sino en el suelo

El nuevo esqueleto despeja por completo estas dudas. Kadanuumuu era grande y varón, por lo que ninguna característica especial complica su análisis, y su cadera es la de un bípedo tan perfecto como nosotros mismos. Incluso las inserciones musculares, las marcas que dejan los músculos en los huesos, tienen una posición que indica bipedalismo. Además, se conserva una escápula adulta (y buena parte del pecho), cuyo análisis ha despejado cualquier querencia arbórea. El tatara-tatarabuelo de Lucy no vivía en los árboles, sino en el suelo. No era un saltarín acrobático, sino un caminante a dos pies. Como nosotros.

La única duda la ha expresado otro grupo de antropólogos que trabaja en la zona, al aclarar que la ausencia del cráneo o de dientes impide confirmar con certeza que Kadanuumuu pertenezca a la especie Australopithecus afarensis. Dado que sabemos que en la época había otras especies de homininos (al menos dos podrían haber vivido al mismo tiempo), no podemos estar seguros de su adscripción taxonómica. Siendo cierto que en este tipo de fósiles lo más importante para conocer la especie es el análisis del cráneo, se conocen bastantes restos poscraneales de A. afarensis como para realizar un análisis comparado.

Y de todas formas la existencia de Kadanuumuu nos demuestra que, con el nombre que sea, al menos una especie de nuestros antecesores era un bípedo perfecto hace ya más de tres millones y medio de años. Al menos millón y medio de años antes de que aparecieran las primeras herramientas o el cráneo empezara a mostrar un gran desarrollo del cerebro. Verdaderamente durante la mayor parte de nuestra evolución no fuimos la especie inteligente, sino el bípedo implume. Qué grandes eran los griegos.

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