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Página 2 - Entrevistas - José Saramago

Un hombre honesto

  • Pocos como él han sabido conjugar la literatura y el compromiso social

  • Supo crecer como persona y escritor sin olvidar su procedencia

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Faltaban quince minutos para las dos de la tarde cuando el escritor portugués José Saramago, nacido en 1922 en Azinhaga, Ribatejo, a unos cien kilómetros de Lisboa, fallecía en su residencia de Tías, en Lanzarote.

El autor de libros imprescindibles como La balsa de piedra, Ensayo sobre la ceguera o El evangelio según Jesucristo, cuya polémica publicación le llevó a abandonar Portugal para instalarse en esta isla canaria, dejaba este mundo apropiándose para siempre de ese espacio que por derecho literario merece en el olimpo de los escogidos.

Pocos como él han sabido conjugar la literatura y el compromiso social con honestidad, con una talla intelectual y narrativa incuestionable. Probablemente porque pocos como él, han sabido crecer como escritor y persona sin olvidar su procedencia, sintiéndose permanentemente orgulloso de su condición de campesino, no visible en sus ropas ni en su forma de hablar, pero sí en el fondo de su alma.

Los orígenes siempre presentes

No había entrevista donde no apareciera algún recuerdo de su aldea, por la que caminó descalzo hasta los tres años, antes de emigrar con su familia a la gran ciudad, y tampoco faltaba la omnipresente figura de su abuelo analfabeto y filósofo en quien se veía reflejado.

Qué poco podía imaginar aquel chico triste, erguido, melancólico y contemplativo, que no tuvo habitación propia hasta que se casó a los 22 años, que conocería el mundo encerrado en la biblioteca de su barrio, y que tras publicar su primera y poco exitosa novela, Tierra de pecado, pasarían 30 años antes de que volviera a intentarlo con Manual de pintura y caligrafía, allá por 1977, para no abandonar el oficio de escritor nunca más.

Atrás quedarían su trabajo de cerrajero, administrativo, periodista, un divorcio y sus primeros poemarios, para que delante surgieran obras de obligada lectura, como El año de la muerte de Ricardo Reis, centrada en la figura del heterónimo de Fernando Pessoa, que supuso su consagración internacional, Todos los nombres o El viaje del Elefante.

Sin embargo, si alguien quiere saber cómo se gesta la figura de José Saramago, que lea Las pequeñas memorias, un delicioso libro autobiográfico donde encontrará las claves de su personalidad.

"Tiempo y vida"

Una personalidad poderosa y una mentalidad lúcida, siempre presentes en cada una de las entrevistas que tuve ocasión y el placer de hacerle en los últimos años, y donde demostraba una gran generosidad.

Saramago no se escondía tras eufemismos o respuestas imprecisas. Ni cuando se convirtió en el primer escritor en ganar el premio Nobel de literatura en lengua portuguesa en 1998, en competencia con otros ilustres colegas, como Jorge Amado o Lobo Antunes, se le vio desplegarse como un pavo real.

Hoy, a las 13:45, una hora menos en Lanzarote, el autor de Memorial del convento o la reciente Caín, que encontraba más placer en la lectura que en la escritura aunque en los últimos tiempos se había apuntado a la moda de tener un blog que alimentaba a diario, cerró los ojos sin poder satisfacer por más tiempo aquel deseo que expresó hace poco más de un año en Página 2.

Recuerdo que al preguntarle sobre su futuro tras superar una grave enfermedad me dijo que sólo pedía dos cosas: "Tiempo y vida". El tiempo se ha agotado. Dejemos paso a la vida eterna.

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