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Las praderas oceánicas se mueren por el cambio climático

  • La mortalidad de la posidonia aumenta un 3% por cada grado

  • Esta planta  podría desaparecer tres veces más rápido a finales de siglo

Praderas milenarias

Debido a su lento crecimiento y reproducción, la Posidonia oceánica necesita siglos o milenios para desarrollar las praderas y recolonizar áreas que han perdido la vegetación. Una gran parte de las praderas de posidonia del Mediterráneo se encuentra afectada por impactos locales (vertidos de materia orgánica con nitrógeno y fósforo, alteraciones de la línea de costa, anclas de embarcaciones e invasiones biológicas). La Posidonia oceanica es una planta marina endémica del Mediterráneo, que forma extensas praderas milenarias, entre los cero y los 40 metros de profundidad. Estos hábitats protegidos constituyen sumideros de CO2 fundamentales, protegen la línea costera de la erosión y son importantes para la biodiversidad.

 La mortalidad de la posidonia oceánica aumenta un 3 % por cada grado que sube la temperatura máxima del Mediterráneo y la planta podría desaparecer tres veces más rápido a finales del siglo XXI si el mar alcanza la temperatura que prevé el grupo internacional de cambio climático de la ONU (IPCC).

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) acaba de publicar este hallazgo tras haber realizado un estudio, entre los años 2002 y 2007, en el Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera (Islas Baleares).

La mortalidad aumenta al superarse el umbral de temperatura de 28 º C

La investigadora del CSIC Núria Marbà, una de las autoras del trabajo, explica que "el calentamiento del mar Mediterráneo no provoca cambios apreciables en la aparición de nuevas plantas, pero sí una pérdida neta de plantas y la regresión de la pradera. La mortalidad aumenta tanto al superarse el umbral de temperatura de 28 ºC, por encima del cual se dispara la mortalidad de las praderas de posidonia, como al aumentar la duración de los periodos de temperaturas anómalamente cálidas".

Los investigadores midieron durante cinco años de forma continua la temperatura del agua de mar a 17 metros de profundidad (fondo promedio al que se encontraban las praderas estudiadas). Cada año se registraron tanto la tasa de mortalidad como los nacimientos de la planta.

Durante el periodo de estudio, la temperatura máxima anual del agua fue, en promedio, 1 ºC superior a la que se había registrado durante la década de los años 90 en la zona costera estudiada.

Entre los años 2002 y 2007 se registraron dos olas de calor, una en el verano del año 2003 y otra, de menor intensidad, en el verano de 2006, en los que la temperatura del agua marina superó los 28,5 ºC, dos grados por encima de la máxima característica de los años 90.

Las praderas más afectadas fueron las más profundas, que continuaron experimentando pérdidas en los años siguientes a los de las olas de calor.
Los modelos climáticos existentes, según los escenarios de emisiones proyectados por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), predicen para finales del siglo XXI un aumento de la temperatura del mar Mediterráneo de 4º C.

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