La temporada ya tiene a su primer campeón. El Real Madrid se impuso al Barcelona (0-1) en una final de Copa que no defraudó a nadie. El choque más vibrante del año tuvo fútbol, bronca, prórroga, ocasiones y sobre todo intensidad. Por algo lo llaman, y con razón, el mejor partido del año. Barcelona y Real Madrid volvieron a protagonizar un encuentro extremadamente igualado que se ganó a los puntos, en un detalle. El primer tiempo fue para el Madrid, que perdonó varias ocasiones, palo incluido, y dejó al Barça sin tirar a puerta, mientras que el segundo, salvo los cinco minutos finales, fue de claro dominio blaugrana, con toque y llegada. Pero en la prórroga apareció Cristiano, representando esa fe que dio al Madrid un plus en el tiempo extra. Al portugués se le fichó para esto y, por fin, que dirán los madridistas, justificó todos los millones que costó su fichaje con un testarazo impecable que dio el título al más necesitado. Mourinho agranda su fama de cazatítulos y el Madrid, que vuelve a la Cibeles casi tres años después, gana de nuevo en Mestalla un trofeo que se le resistía desde el año 1993.