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Hace diez años, las imágenes de los empleados de Lehman Brothers saliendo de la sede del cuarto banco de inversión de Estados Unidos con cajas de cartón en las que llevaban sus pertenencias dieron la vuelta al mundo. La mayor quiebra de la historia estadounidense -un agujero de más de 600.000 millones de dólares- dejó en la calle a 25.000 empleados y se convirtió en un símbolo, en el de la recesión más profunda que había vivido el mundo desde 1929, que solo aguantaron las economías emergentes (que recibieron los capitales que huyeron de EE.UU. y Europa) y de la que muchos aún hoy no se han recuperado.

El banco, uno de los más antiguos de Estados Unidos, se ha convertido en símbolo de la crisis financiera. Durante estos años, autoridades y reguladores han puesto en marcha medidas para evitar que la historia se repita, y que pasan entre otras cosas, por reforzar su capital o controlar más los riesgos que asumen las entidades.