Se trata de aprovechar los cimientos, la estructura o la fachada de edificios que se caen a pedazos para darles una utilidad, una segunda vida. Que proyectos con futuro no se queden olvidados en un cajón y evitar que se conviertan en cicatrices urbanas.
El Palacio del Canto del Pico, finca de recreo de Franco, declarado Monumento Histórico-Artístico, también hace años que se cae a pedazos. Para él se hicieron muchos planes, pero ninguno salió adelante.
Por eso es fundamental, inciden los expertos, en que las ciudades estén atentas a estos espacios, ya sean públicos o privados.
Foto: Getty Images
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