Enlaces accesibilidad
Aquí la Tierra

La desertificación y sequía en España, ¿qué hay detrás?

  • Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía
  • La desertificación se define como una degradación del suelo en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas como resultado de diversos factores
  • Isabel Moreno, de Aquí la Tierra, nos cuenta cómo se vive este fenómeno en España

Por
¿Cómo nos afecta la sequía en España?
En Aquí la tierra hablamos sobre ello.

Si pensamos en un mapamundi, nos daremos cuenta de que hay ciertas franjas donde los desiertos se colocan preferentemente (basta con imaginar la banda donde se ubica el desierto del Sáhara etc.). Por otro lado, sabemos que las sequías han ocurrido en distintos lugares a lo largo de la historia y tenemos memoria de algunas de ellas en España.

Efectivamente, existen ciertos patrones y variaciones naturales que favorecen que estos eventos se produzcan cada cierto tiempo. No obstante, comienza a haber estudios que apuntan a que la influencia de las actividades del ser humano ha afectado al riesgo de sequías a nivel global desde comienzos del siglo XX y que están alterándose las zonas desérticas. Os contamos algunos de los factores que entran en juego en estos procesos

La influencia del clima

Además del aumento de temperaturas, el cambio climático incentiva el ciclo hidrológico. ¿Qué significa esto? El clima tiende a ser más extremo: en los lugares del planeta donde habitualmente llueve mucho, lloverá más y las zonas que son secas, lo serán cada vez más. ¿En qué categoría está España? En la segunda. Nuestro país es, en líneas generales, seco y cada vez lo está siendo más.

Desde mediados del siglo pasado, las áreas con clima semiárido han aumentado en más de 30.000 km², lo que supone un 6% de la superficie de España. Y para el futuro no esperamos una situación mejor; se estima que en torno al 75% del territorio español está en riesgo de desertificación para finales de siglo. Las proyecciones de cambio climático muestran una tendencia a tener menos precipitaciones y a un aumento de la intensidad de éstas cuando se produzcan en algunas zonas.

En otras palabras: lloverá menos y, cuando lo haga, lo hará peor. Aunque nos pueda parecer sorprendente, las lluvias torrenciales también favorecen procesos de desertificación. La clave está en la erosión que producen en el terreno cuando ocurren. En este caso, estamos hablando de una degradación del terreno como consecuencia de un fenómeno meteorológico... pero los seres humanos también estamos contribuyendo con nuestras actividades directamente.

La influencia humana directa

Se estima que un cuarto de la superficie terrestre libre de hielo está sujeta a la degradación por las actividades del ser humano. Precisamente, la alteración de los usos de suelo puede ayudar a la desertificación. La velocidad a la que estamos erosionando la tierra para la agricultura es más elevada de la que necesita el suelo para regenerarse.

Además, encontramos otros factores como la pérdida de masa forestal por incendios o, directamente, su tala. Cabe destacar en este punto que la pérdida de cubierta vegetal favorece mayor evaporación del agua que hay en el suelo, por lo que se retroalimentará el proceso de desertificación.

La Mancha húmeda es un conjunto de 76 lagunas y humedales. Casi todas son estacionales , es decir, en verano se secan. Pero en esta época del año deberían ser un oasis a mitad de recorrido de muchas de las rutas migratorias. Desgraciadamente, con la sequía no es así. Pero el maestro Luis Miguel Domínguez nos va a demostrar, una vez más, que por muy duras que sean las condiciones siempre hay quien se aferra a la vida.

En este caso, el agua se elimina del suelo de forma natural, pero también la podemos extraer directamente a través de recursos como los acuíferos, lo que supone un problema si se hace de forma insostenible. Y así entre un largo etcétera. Existen otras muchas actividades que favorecen la desertificación... pero, como podemos comprobar, son muchas las que podemos corregir para frenar estos procesos. La salud de nuestros suelos es la salud de nuestra especie y nuestra garantía para poder seguir viviendo en las condiciones que conocemos actualmente.