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De vocación, cura rural

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Antonio Arroyo habla con unas vecinas de Valtajeros

Cuando Antonio Arroyo fue nombrado párroco le encargaron atender a 56 pueblos. De ellos, 32 tienen todavía algún habitante. Casi 40 años después sigue en el mismo sitio, en San Pedro Manrique, al norte de la provincia de Soria.

Su historia es la de un niño de El Burgo de Osma que estudió en el seminario, influenciado por el buen ejemplo de un par de curas que le enseñaron el verdadero sentido de la vocación sacerdotal.

Esta ha sido y sigue siendo la tierra encargada pastoralmente a Antonio: la comarca de Tierras Altas. Desde el puerto de Oncala, los molinos de viento que desafían la aspereza del clima soriano parecen el único elemento moderno en estos lugares donde el tiempo pareció detenerse. La falta de horizontes laborales ha provocado un paulatino proceso de despoblación. Estamos hablando de la insólita cifra de un habitante por kilómetro cuadrado.

Hemos compartido el día a día con este cura: en el coche, en sus visitas a los pueblos, de romería… incluso un entierro. En ese tiempo, Antonio ha compartido con el equipo del programa sus pensamientos y reflexiones.