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Construyendo a Cézanne

  • El Thyssen dedica al pintor la primera retrospectiva en España en 30 años
  • Hasta el 18 de mayo pueden verse 58 pinturas del artista provenzal
Los paisajes de Cézanne vuelven a exponerse en España
SARA NÚÑEZ DE ARENAS

Un año y medio de trabajo, una inversión superior al millón de euros y sobre todo mucha pasión e interés por un artista para que éste pudiera volver a nuestro país después de treinta años de ausencia. Una difícil tarea que engloba entre otros retos reunir una serie de obras que hilvanen el discurso sobre un maestro de la pintura, Cézanne, que muestra variadas caras y ángulos como artista y como personaje.

La retrospectiva de Paul Cézanne que estos días acoge el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid es el plan perfecto para conocer de veras a de uno de los grandes maestros del siglo XIX y XX, considerado padre del movimiento cubista. Algo que a él, como nos decía Guillermo Solana, comisario de la muestra, “le hubiera sorprendido o a lo mejor se hubiera horrorizado. No se hubiera reconocido quizá en ello pero hubo una continuidad total desde el mismo momento en que Cézanne murió”.

¿Y cómo era Cézanne?

Parece que el pintor tremendamente elusivo y contradictorio. Y esas contradicciones, esas capas de su personalidad, es algo que esta exposición, Cézanne site / non-site nos deja entrever porque la manera de ser del artista, se refleja, como no podía ser de otra manera, en sus cuadros: Rostros desdibujados, pinturas ¿acabadas o inacabadas? Difícil encontrar su firma en los lienzos. El foco en los paisajes, Cézanne era un gran caminante pero sus senderos están bloqueados. Y el eje en torno al cual gira toda la muestra, su diálogo entre exterior e interior.

Juego de analogías

Maestro en conjugar el trabajo de estudio con la pintura al aire libre ocurre algo maravilloso en esa mímesis o contagio de un género a otro. Su forma de tratar las naturalezas muertas y los paisajes llama poderosamente la atención. Sus bodegones parecen paisajes y éstos tienen tan marcada la geometría que las casas, o los árboles, parecen piezas que pudieran cambiarse de sitio. Algo que salta a la vista cuando observamos uno de sus cuadros, con su amada montaña de la Santa Victoria, colgado junto a un bodegón cuyo mantel, cuyos pliegues, evocan la misma montaña.

Otra maravillosa analogía es la fusión entre los desnudos y los paisajes de árboles de Cézanne. Se confunden, se combinan, los bañistas parecen árboles y éstos figuras humanas.

Un total de 58 obras (49 óleos y 9 acuarelas) divididas en cinco secciones o apartados que nos invitan a caminar por los senderos de la pintura y personalidad de Cézanne. Un agradable paseo que desde ya recomiendo.