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GEN Z TOPICS

Unas llaves como última trinchera: el problema de los jóvenes para acceder a la vivienda

GEN PLAYZ  

  • La mayoría de los jóvenes se enfrentan a la imposibilidad de emanciparse, lastrados por un sistema que no ofrece posibilidades ni futuro
  • Gen Z Topics, artículos escritos por jóvenes de la generación Z para la generación Z

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Vecinos de Barcelona exigen que se paralicen todos los desahucios
Vecinos de Barcelona exigen que se paralicen todos los desahucios cropper

Hace apenas una semana se suicidaba un hombre en Barcelona cuando iba a ser desahuciado, y tres días después sucedía lo mismo con otro hombre en Fuerteventura. Mientras tanto, en las noticias se habla del recurso de Gobierno ante el Tribunal Constitucional contra la ley catalana que regula los precios del alquiler (una regulación que funciona y que no se suspenderá), y de la futura Ley de Vivienda, que incluirá la congelación de los precios del alquiler en la zonas tensionadas. Además, siguen en vigor las medidas antidesahucio del Gobierno durante la crisis del covid que no parecen haber sido del todo efectivas, con decenas de casos de desahucios cada día. La vivienda no sólo es un asunto de actualidad sino que se ha convertido en una una batalla política clave, que se libra entre los bancos y fondos buitre, los Gobiernos y los movimientos sociales.

Arrastramos una crisis social que ha expandido de forma implacable la precariedad, que emerge en lo laboral pero afecta a todas las esferas de nuestras vidas, incluida la vivienda. Ésta es un eje fundamental para el desarrollo vital de los jóvenes, que es sobre quienes más incide la precariedad. El dato respecto a nuestros salarios y alquileres es demoledor: el precio de un alquiler supone, de media, el 94% del salario neto que percibimos. Y sólo si tienes la suerte de encontrar un empleo: el dato de paro juvenil, que es del 37.7% de parados en menores de 25 años, duplica la media de paro juvenil de la eurozona. Las generaciones más jóvenes quedan así excluidas de la posibilidad de emanciparse, lastradas por un sistema que no ofrece posibilidades ni futuro.

Una prioridad política

Desde la crisis del año 2008 se han llevado a cabo más de medio millón de desalojos. Una información que cuesta comprender si nos fijamos en el número de casas vacías existentes en España: 3.5 millones según el INE en el año 2011 (dato que el Instituto debería haber actualizado en 2021, si no hubieran ‘cambiado el criterio’); o en la subida constante del precio de los alquileres (supera el 40% desde 2013). Los constantes desalojos sin alternativa habitacional o la exponencial subida de los precios del alquiler son consecuencias directas de la especulación urbanística. El negocio de los fondos buitre se expande por los barrios, invirtiendo en viviendas de donde más tarde expulsa a los vecinos para enriquecerse con ellas, fundamentalmente en grandes ciudades y zonas gentrificadas. El turismo es un elemento muy importante en este sentido, ya que muchos de estos pisos adquiridos por los fondos buitre acaban siendo remodelados para ser convertidos en pisos turísticos. Casi ninguno de nuestros gobiernos está tratando de imponer límites claros ni regulaciones serias a estos fondos, sólo el movimiento por la vivienda, que trabaja cada día paralizando desalojos y recuperando pisos para las familias.

Mientras atravesábamos los meses más complicados de la crisis del coronavirus, los fondos buitre aprovecharon la situación del Estado de Alarma para emplear una estrategia encaminada a desahuciar a quienes aún habitaban las viviendas de su propiedad, devolviéndoles el dinero a los inquilinos para más tarde asegurar en los juzgados que no habían pagado el alquiler y solicitar el desalojo. Llevaron adelante esta estrategia, por ejemplo, en el caso de Torrejón de Ardoz, donde pretendían desalojar 50 viviendas que habían comprado allí sin permitirles a los vecinos el pago del alquiler ni ofrecerles alternativa habitacional. El de la pelea con los fondos buitre es, también, de los bloques 49 y 51 de la Calle Túria de València, que han sido comprados por un fondo francés para montar pisos turísticos en el barrio del Carmen. Los vecinos se niegan a marcharse y están luchando por renovar su contrato junto a los colectivos de vivienda de la ciudad, que ya están cerca de conseguir que la Generalitat adquiera las viviendas para evitar la expulsión de los vecinos del bloque. Casos como el de Torrejón o el del barrio del Carmen en València se multiplican alrededor de todo el país, generando situaciones de emergencia social que, parece claro, deberían ser tratadas como una prioridad política.

Autoorganización juvenil

A pesar de la atención y las horas que le dedican los programas de las mañanas en televisión a charlar sobre los okupas o a infundir miedo en los anuncios de empresas de seguridad y videovigilancia, las viviendas habituales ocupadas sólo representan un 0.02% de los casos en Madrid. Una información que confirman jueces como Joaquim Bosch: "En 16 años como juez instructor no he tenido una sola ocupación de 1ª vivienda. Todas han sido de inmuebles vacíos, sobre todo de bancos y otras entidades". Una herramienta colectiva que algunos jóvenes han utilizado para emanciparse, sobre todo organizados políticamente o en colectivos juveniles, ya que la precariedad estructural y la crisis de vivienda agudizada entre los jóvenes no se lo permite. La autoorganización juvenil en los procesos de ocupación también genera lazos con los vecinos y enriquece la vida del barrio, reforzando a las estructuras populares y a los colectivos de vivienda.

Pudimos ver de forma muy clara la importancia de este tipo de lazos vecinales con el papel de las redes de apoyo mutuo (alimentación, cuidados, …) durante el confinamiento y los momentos más duros de la crisis de la Covid-19. Un buen ejemplo es el grupo de apoyo mutuo Somos Tribu Vallekas, que ha recibido el Premio Ciudadano Europeo 2020, concedido por la Eurocámara, por su labor para tejer redes solidarias en tiempos difíciles. Cuando alguien se acerca a una red de apoyo vecinal o a una asamblea de vivienda preocupado por un problema concreto, este problema pasa a adquirir una dimensión colectiva, y quienes acuden buscando soluciones individuales acaban integrándose en la vida de la comunidad. Una referencia en este sentido es el barrio del Raval en Barcelona, donde ha habido grandes demostraciones de fuerza vecinal como la campaña #RavalvsBlackstone. El Sindicat Habitatge Raval ganó el pulso de una fecha abierta al fondo buitre Blackstone, que quería desalojar un bloque de familias de la c/Hospital 99. El Sindicat sigue parando desahucios, recuperando pisos en el Raval o centros sociales como la Massana y organizándose en base al apoyo mutuo.

Para todos los públicos Crónicas - La tribu de Vallecas - Ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Me avisó la semana pasada

diciéndome que tenía cuatro días para abandonar la vivienda.

(Música)

Somos Tribu son los que me facilitan alimentación.

Ahora mismo, no tengo absolutamente nada,

cero euros.

(Música)

Es maravilloso ver cómo gente del barrio

nos reunimos para ayudarnos,

siempre sin ánimo de lucro, claro, por supuesto.

Y desde luego, claro que somos una familia.

Tribu es una familia.

(Música)

Es muy habitual que las empresas de trabajo temporal

te contraten solo por un día.

Llega un momento que dije:

"No controlo mi vida, cualquier día puedo hacer una tontería".

Llegué a pensar, pues eso, en quitarme la vida.

Somos Tribu es especial porque nació de puerta a puerta.

Las vecinas ponían sábanas en las ventanas, te decía:

"Si necesitas que te haga la compra, este es mi número, yo voy".

(Aplausos)

Jamás hemos pedido ayuda,

jamás nos hemos visto en esa necesidad,

pero ahora sí por culpa de esta pandemia,

por culpa de la situación que tenemos.

Yo empecé a trabajar con 15 años

fregando platos en una sala de bingo y, bueno,

durante varios años he estado asistiendo a la Casa Real de dos,

tres a cinco veces por semana.

Nosotros éramos los que les asistíamos en comida,

desayunos, cenas, eventos, cócteles.

Hace nueve años sufrí un ictus.

Nos hunde por completo porque el único puesto fijo

en ese momento era el mío.

Claro, te ves en la incapacidad de no poder mover tu lado izquierdo

ni tu brazo ni tu pierna ni hablar.

Lo paso mal, mal, bastante mal, sobre todo, por el tema de hipoteca.

-Hola, gordi. -Hola, mami.

Mi hipoteca no baja de 900 euros.

Como nunca llegábamos a pagar el íntegro de la hipoteca,

no llegaba a ningún sitio, eso era...

Se iban intereses de demora,

estamos intentando negociar

porque no queremos perder nuestra vivienda

después de tanto tiempo.

Pero me parece vergonzoso que después de 13 años

que estoy en mi casa, siga debiendo más,

mucho más de lo que yo la compré.

Es duro, es duro el ver que llevas una clase media de vida y,

de repente, todo se va abajo.

El día que nos llamaron y nos amenazaron,

porque nos amenazó la misma sucursal,

lo de contencioso,

yo llegué a decirle un día:

"Vale, el día que usted venga,

mis hijos saldrán y mi mujer saldrá,

pero a mí me van a tener que llevar por delante".

-Venga, pues dime. -Mira, 62,88.

Mi mujer se vuelve loca cada día, cada día, de hecho,

nos levantamos por la mañana,

ya he llegado a quitarle el cuaderno y el boli

porque no hace nada más que hacer cuentas.

-Pero no me los mezcles. -No, no te los mezclo.

-Vale.

Me duele, me duele levantarme por las mañanas,

sentarme con mi mujer a tomarme un café

y ver que hay mañanas que llora.

Hay mañanas que se viene abajo.

En Vallecas ha habido centenares de desahucios en lo que va de año,

pero sin lugar a dudas.

Tú siempre vas a poder paralizar un desahucio con este Real Decreto

si tienes un informe social

de servicios sociales de vulnerabilidad.

Muchas veces,

estos informes sociales son difíciles de conseguir

y es una situación de tensión y de presión que,

si ahora mismo lo estamos viviendo,

cuando la moratoria por los desahucios desaparezca

dentro de unos cuantos meses

vamos a tener un problema social de una gravedad,

que no sé cómo las instituciones las van a hacer frente.

¿Qué pasa, cariño?

Qué de gente, a ver, venga.

Aquí en casa somos cinco, Gonzalo, mi marido; mis tres hijos y yo.

Bueno, a día de hoy el tema de solicitar alguna ayuda

me está siendo un poco imposible

porque a efectos de los organismos, al tener ya más de 18 años,

como que no cuentan que están conmigo.

Y realmente ellos dependen de mí,

ninguno está trabajando a razón de la pandemia,

todos trabajamos en la hostelería y estamos todos ahora mismo parados.

Los únicos que nos han ayudado ha sido Somos Tribu

que para ellos les da igual que tengan un niño de tres años

que uno de 22.

Generamos un grupo de WhatsApp

el 12 de marzo porque sobre todo al principio

lo que queríamos era hacer recados entre la población de Vallecas

que tenía algún tipo de necesidad

y ahí se vuelve a volcar otra vez las vecinas y los vecinos

poniendo sábanas en el balcón con el número de teléfono,

se hace una organización para recorrernos los supermercados

y las farmacias para poner ahí los carteles

con los números de teléfono y con los tipos de contactos

para contactar con Somos Tribu Vallecas.

Y a partir de ahí,

empieza a surgir la red vecinal que se ha consolidado ahora.

Yo me dedico a coordinar en Somos Tribu,

me dedico a coordinar toda la parte de empleo.

Y busco ofertas de empleo

para todas las personas que componen los grupos

y que están ahora mismo desempleados y desempleadas.

He estado trabajando de coordinadora en el Museo Reina Sofía

y en diferentes salas de exposiciones y en teatros.

Por ejemplo,

en el musical "Anastasia" estuve de coordinadora

en el Coliseum, pero bueno,

con el tema del confinamiento y la pandemia

todo esto también se ha ido al carajo

y entonces,

me despidieron justo al principio de la pandemia en marzo

y ahí me quedé sin trabajo.

Las ayudas que hay son para menores de 35 años

o para mayores de 65.

Entonces, si no estás dentro de ese rango de edad,

no te dan ningún tipo de ayuda si no tienes hijos a tu cargo,

que tampoco es mi caso, no tengo familia,

no tengo absolutamente nada, me rechazan todo tipo de ayudas.

Incluso me han rechazado también la renta mínima vital

porque en el año 2019 yo trabajé.

Entonces, mi situación ahora mismo es que llevo

desde el mes de agosto sin poder pagar el alquiler

y mis caseros me han dicho que me vaya.

Yo no me puedo comprometer en una casa el decir:

"Venga, alquílame una habitación",

no puedo ni pagar ni 100 euros, no tengo nada.

No tengo ni para comer que me tienen que dar Somos Tribu

son los que me facilitan la alimentación.

Entonces, ¿qué ocurre?

Ahora con esta situación se me ha desbordado,

el pico ha sido muy alto, entonces,

me han entrado muchas crisis de ansiedad,

incluso se me ha pasado por la cabeza el suicidio,

muchas cosas.

Es realmente que yo intento ser fuerte, perdón,

porque justo ahora en este momento...

Entonces, he pedido ayuda a nivel psicológico,

que está también fatal porque lo pides

y te dan cita para dentro de cuatro meses y entonces, en cuatro meses,

dices: "Vale, si no me he suicidado ya, qué ayuda voy a tener".

(Música)

Servicios Sociales en Vallecas y en otros municipios de Madrid

no han funcionado correctamente y nunca han funcionado bien

y derechos tan básicos como la alimentación

y la vivienda no están garantizados.

No hemos nacido para sustituir a Servicios Sociales

ni somos un recurso que puedan utilizar, pero sí que es verdad

que hay cosas que la administración no llega y nosotras sí llegamos.

El problema es que Somos Tribu nació de una necesidad puntual

que pensamos en un principio que esto iba a ser

durante una temporada corta,

pero visto lo visto, estamos viendo que ahora

están empezando a surgir los grandes problemas

porque había mucha gente que tenía algún ahorro,

que tenía un poquito de dinero y eso ya ha desaparecido.

-Para cuatro con dos niños.

-Estamos agotados, la verdad, llevamos un año muy intenso,

muy muy intenso.

¿Qué tal? Cuéntame, ¿qué tal estás?

Bien, bien.

Estuve en las entrevistas que me mandaste.

Y la verdad que muy bien.

Mi situación actual profesional es precaria,

es un contrato precario y poco a poco voy trabajando

y buscándome la vida como puedo.

Se nota el bajón de trabajo y prescindían de ti,

te contrataban por cuatro días y el último que tuve hace dos

o tres semanas de un día.

Es muy habitual que las empresas de trabajo temporal

de contraten por un día, dos días o tres días.

Date cuenta que, sobre todo,

cuando trabajas en esta empresa de trabajo temporal

te captan, saben cuál es tu situación socioeconómica.

Con ese dato, la empresa de trabajo temporal juega,

tienen técnicos ellos de Recursos Humanos

como para saber en qué situación y si aceptarías o no aceptarías.

Y bueno, en este caso la necesidad está a la orden del día.

Otra cosa que también juegan las empresas

es que vas a las entrevistas

y creo que te intentan tomar el pelo,

que te toman por tonto,

creen que no eres consciente de tus derechos laborales.

Otra cosa es que callas para intentar conseguir el trabajo

y poder contratar.

Pero las empresas piensan que engañan a las personas, o sea,

se piensan que pueden aprovecharse.

Creo que todos tenemos derecho a una vida digna,

no a que unos vivan a costa de otros.

-Hola, José. -Buenos días.

-¿Cómo vamos? -¿Cómo estáis?

Mira, hoy os damos unos chicharritos.

-Qué buena pinta.

-Qué bien, qué contentos se van a poner.

-La semana que viene más.

-Vale, hasta luego, muchas gracias. -Muchas gracias.

Normalmente todas las semanas donamos

a Somos Tribu de cinco a siete kilos de pescado.

Más o menos llevamos como un año donándoles.

Cuando empezó todo esto, la pandemia,

vinieron a este mercado a pedir ayuda y, por supuesto,

todo lo que sea alimento para la gente necesitada,

no tenemos problema en hacerlo.

Hola, buenos días. -Buenos días, ¿cómo estamos?

-Bien, vosotros, ¿cómo vamos? -Bien.

Les hemos puesto esta semana magro de cerdo.

-Magro de cerdo. -Sí, y unos huesos

para que aprovechéis también, para hacer cocido.

-Sí, eso lo usa mucho.

Vale.

-Muchas gracias. -Gracias.

-Hasta luego.

La verdad es que hay muchísima gente que se ha volcado.

La gente se queda alucinando y por norma general,

no todos los sitios donde reparten alimentos dan cosas frescas.

Normalmente, son productos, lo típico, la leche, el aceite,

el arroz, la pasta, galletas,

pero yo creo que somos de las pocas despensas

que en todas las cestas siempre hay algo de pescado y algo de carne.

Yo pongo el transporte,

cuando haya que ir a cualquier pueblo a recoger alimentos, voy.

Por ejemplo, los niños,

cómo se le caen las lágrimas cuando ven un yogur o unas galletas,

pues eso es muy satisfactorio.

Hola, buenos días, Ana. ¿Qué tal?

¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?

-Bueno, de a poco.

-Bueno, está bien, está bien. -Está bien.

-De momento vamos llenando de a poquito.

-Sí, pero está bien. -Todas las semanas un poquito.

-Todas las semanas vamos poquito a poco.

-Poquito a poco. -Para llenar la despensa.

Yo llevo un año, cuando el confinamiento,

en donaciones desde casa,

llamando a empresas y solicitando de lo que puedan darnos

y cuando se consigue que una empresa te diga:

"Sí, os vamos a donar esto" es una satisfacción enorme.

Estaba metido en el mundo del arte, soy escultor,

sigo haciendo cosas, vamos.

Y ahora estoy preparando una exposición

y he estado muchos años, casi 20, dando clases en la facultad,

en Salamanca y luego estuve en la Complutense en Aranjuez.

Y estaba ya un poco frito con el tema de la universidad

y decidí dejarlo

y como lo que me gustan son los bichos y el campo,

empecé a montar esto poco a poco como aficionado,

nunca pensé que llegaría a convertirse en un negocio,

la verdad.

Pero si puedes echar una mano y ayudar a la gente, pues mira,

y luego nos gusta mucho que estos huevos que, en teoría,

son de una calidad estupenda y se los puede permitir

quién se los puede permitir porque son costosos de hacer,

se los han comido también en Vallecas,

nos hace muchísima ilusión, la verdad.

Justicia divina, un poco.

Esta valla hay que repasarla porque por aquí abajo

empieza a haber aquí muchos agujeros.

Estamos aquí porque tenemos la suerte de estar donde estamos,

pero mañana estamos al otro lado.

Todos somos parte de lo mismo

y cuando tenemos la suerte de estar en esta parte,

qué menos que colaborar y ayudar.

Buenos días, chicos. -¿Qué tal?

¿Cómo estás?

¿Qué tenemos hoy, Curro? -Pues aquí tienes.

Te las llevamos.

Que pesa. -Soy una chica fuerte.

Pues yo con Tribu llevo colaborando cerca de un año

desde que empezó la pandemia y, bueno,

en principio me ofrecí a llevar las cestas

a las personas más necesitadas

que no podían salir de casa, y ahora estoy en transportes.

¡Chicos, venid a por las cosas!

En esta casa vivimos siete personas,

que somos yo con mis cuatro hijos,

mi padre y mi hermano el más pequeño.

La vida con tantas personas en una casa tan pequeña es difícil

porque no tenemos intimidad ninguno, de hecho,

yo y mis hijos dormimos todos entre dos habitaciones que hay,

a mi padre le tenemos en el salón,

no tiene ninguna intimidad y un poco "apiñados".

Los padres de los niños no están,

no están en la ostentación de hacerse cargo de los niños

puesto que no aparecen por aquí, yo tampoco les le molesto a ellos,

pero no pasa ningún tipo de pensión ni nada.

Yo he estado trabajando en casas,

he estado trabajando de limpieza en portales,

pero todo en negro.

Nunca he cotizado a la Seguridad Social.

De hecho, llevaré ocho meses cotizados en toda mi vida.

Desde el año pasado no encuentro nada.

Buen día...

Somos Tribu me facilita la cesta de alimentos,

pero también hay otras opciones que me facilita,

porque los colchones los tengo gracias a Tribu.

Uuna tablet que tengo para la niña,

la tengo gracias a Tribu.

Lo que pasa es que no tenemos internet.

Yo, lo que más me angustia de ahora mismo

es el no llegar a las básicas necesidades,

porque, ya te digo, el agua, la luz me lo está pagando mi padre,

pero es que la comida, no.

Entonces, a mi lo que me da miedo es el no tener nada de nada.

Si yo no tuviera a Tribu,

¿qué haría yo?

Es que es lo que me da miedo.

Si Tribu se acaba, ¿yo qué ayuda tendría? Ninguna.

Ninguna, es que no tendría ni para un cartón de leche.

(Música)

En Vallecas llevamos años de abandono institucional,

o sea, hemos estado 40 años con falta de inversiones,

falta de inversión urbanística, falta de inversión en servicios.

Tenemos la tasa más alta de desempleo,

la tasa más alta de violencia de género,

el número más alto de perceptores de renta mínima de Madrid.

O sea, tenemos como lo mejor de cada casa,

pero no se ha invertido.

Entonces, cuando llega una crisis como esta,

no hay que ser muy inteligente para saber qué te va a desbordar.

Hemos visto la necesidad de dignificar la situación

que están pasando muchas familias.

No lo hacemos en una caridad

de yo te doy alimentos y tú me das las gracias.

No, estamos creando una red en la que generar vínculos

y nexo de unión con tu población.

Te refuerzas a la hora de empoderarte

y sacar tu familia, tus hijos adelante.

Nosotros siempre defendemos eso,

que al final quien a quien saca las cosas somos las vecinas.

O sea, solo el pueblo salva al pueblo

no es una frase hecha.

En este caso, es que es una realidad.

(Música)

De vez en cuando recibimos donaciones importantes.

Todas estas donaciones se reparten con las tribus,

con todas las tribus.

-Así lo repartimos mejor y todo.

Son 30.000 pañales y 2.000 chupetes.

Esto no nos lo ha donado

una empresa que se dedica a hacer los típicos regalitos

para recién nacidos en clínicas privadas.

Ellos han cambiado de espónsor,

entonces esta marca ya no la podían usar.

El otro día nos donaron 6 palés de leche,

pero de leche de avena.

Pero bueno, era leche con cacao. Todos los niños tuvieron ColaCao.

Sí, no nos podemos quejar.

-Vamos, jefe.

-¡Buenas! -Buenos días, chicos.

-¡Esa gente buena! -¿De qué tribu venís vosotros?

-De Palomera. -Palomera.

Una más de chupetes también para Palomera.

Venga.

-Chicos. -Pues muchas gracias por todo.

-Muy amables. -A vosotros.

-Ya nos vemos. -Venga.

-Gracias. -Hasta luego.

-Hasta luego.

Bueno, pues este era el negocio que montamos con mucha ilusión.

Era una cafetería-restaurante,

sobre todo, para "brunches", meriendas

y todo productos veganos.

Lo montamos en febrero del año pasado,

intentamos salir adelante como pudimos.

Vino la pandemia, la cuarentena.

Cerramos un mes, cerramos dos meses,

perdimos todo lo que invertimos,

y nada, hubo que dejarlo,

hubo que cerrar permanentemente.

Yo invertí todos mis ahorros.

Mi socio pidió un préstamo.

Entre los dos sumamos aproximadamente

casi 100.000 euros.

Hay rachas buenas y rachas malas.

Y la mala nos llegó en el peor momento.

No tengo miedo.

Es una cosa en la que no pierdo la ilusión,

yo sigo con mi idea de, en un futuro, montar lo mío

y sacar a mi familia adelante

con lo que produzca yo.

Te estás comiendo entera.

Te estás comiendo las manos.

La búsqueda de empleo ha sido

prácticamente imposible

y me he visto en la necesidad de...

de improvisar, de innovar,

anunciándome en páginas de compraventa,

en Milanuncios...

Anunciándome, que hago reparaciones

de todo tipo de cacharros, de móviles,

consolas, ordenadores...

He terminado convirtiendo mi hobby en profesión.

Dentro de las reparaciones que hago,

yo intento informarme de la situación de las personas,

ya sabiendo si tienen unos ingresos,

yo les hago reparaciones sin coste.

No le puedo cobrar 35 euros a una persona

que no tiene para comprarse la comida del mes.

He trabajado con Chicote,

he trabajado en locales gestionados por Berasategui...

Y de nada sirve.

Puedes tener un currículum impecable,

un historial brutal,

que es muy difícil, muy difícil que te contraten.

En situaciones así, yo creo que la gente también busca

pagar lo justito, y si te ves muy preparado dicen:

"Buf, vamos a buscar otro al que le paguemos menos,

que este nos va a pedir mucho pan".

Cuando empezó lo de la pandemia, y recién perdido el negocio,

Somos Tribu colaboró con nosotros de lleno.

Para mí, Somos Tribu es familia.

Son familias que conviven, que se apoyan entre ellas

y que no dejan que uno le falte de nada,

y al otro, pues lo mismo.

-Está claro que la situación no ha mejorado.

O sea, estamos hablando de una crisis sanitaria

que ha derivado en una crisis social.

En barrios obreros como Vallecas,

donde la población se dedica al sector servicios,

se dedica al empleo del hogar, a la construcción, hostelería,

son los que se han visto más afectados,

primero porque ya estaban afectados por contratos precarios,

y ahora no tienen derecho a prestación

o es un prestación muy pequeña, las prestaciones no llegan...

-Apuntadlo.

Las plachas, ¿eh? -Sí.

-Hay que estar pendiente, eh? Imagínate.

¡Hola! ¿Qué tal? Buenos días.

-Buenos días, chicos. ¿Qué tal? -¿Cómo está?

-¿Cómo estamos?

-Vinimos a ver qué tenemos en la hucha.

A ver en qué invertimos contigo.

-Necesitamos algo de material.

Entonces, pues vamos a ver. -El acto de apertura.

-A ver qué sorpresas tenemos, qué cariño nos tienen los vecinos.

(RÍE)

Bueno, ¡no está mal! -Ahí vamos.

-Os tienen cariño, sí.

-Necesitaríamos cuadernillos, gomas de borrar,

colores para los chicos, "stickers", pegatinas...

Lo que se pueda con este dinero.

-Lo que entre en este dinero. -Ese es nuestro presupuesto.

La Tribu distribuye las huchas por distintos comercios.

Los clientes nos dejan sus donaciones en ellas.

Son comercios de diverso tipo.

Pueden ser droguerías,

puede ser una zapatería, puede ser una tienda de ropa.

Y el contenido lo tratamos de comprar en material.

Si es una zapatería, zapatos. O en este caso, por ejemplo,

la papelería, material escolar para los niños.

El dinero intentamos dejarlo en el comercio.

-Normalmente se recaudan entre 30 y 50 euros

en el tiempo que estimulamos de un mes

para poder recoger las huchas.

Hola.

-Hola, ¿qué tal? -Buenos días. ¿Cómo estás?

-Muy bien. ¿Y vosotros? -Muy bien.

Venimos a ver qué nos tienes por ahí.

Ya veo que está bastante lleno, -A ver lo que hay.

-Qué bueno.

Si queréis, os lo meto en una cajita.

Yo tengo una vitrina a la que antes poníamos aperitivos

y la hemos cambiado a despensa solidaria.

Lo que hacemos es pedirle a la gente que nos traiga tres kilos de comida

y a cambio le regalamos una cerveza, La Vallecana,

y podemos también colaborar con otra empresa del barrio

e intentar ayudar a todos los que podamos.

La semana que viene más. -Gracias. Hasta luego.

-Hasta luego, chicos.

(Música)

Todas las voluntarias que emprendimos

o pensamos en este grupo

hemos sido voluntarias de las despensas de Somos Tribu.

Por lo tanto, teníamos un trato directo

con las mujeres, porque un 99 % eran mujeres

las que llamaban a solicitar apoyo alimentario.

Y nos dimos cuenta de que, aparte de llenar la nevera,

estas mujeres necesitan otras cosas.

Y decidimos, pensando en ellas,

en encontrar un espacio donde poder sentirnos acompañadas.

Entonces, aquí se ha dado baile, se da meditación,

se da relajación...

Y luego talleres más de manualidades.

Somos Tribu Mujeres

se pensó o lo pensamos

para mujeres migrantes en exclusión,

pero a la vez descubrimos que todas necesitamos

Somos Tribu Mujeres,

porque todas estamos... no en el borde de la exclusión,

pero todas somos precarias, o la mayoría de nosotras.

-Voy a hacerme una redecilla.

(RÍEN)

Y empezamos a buscar gente

que nos ayudara a hacer talleres gratuitos.

Cada vez ha empezado a venir más gente.

luego decidimos hacer una despensa de higiene femenina.

-Pues hay una tienda en San Diego,

de un chino,

que ahí tienen de todos los colores, ¡más bonitos!

Te olvidas del COVID, de la pandemia,

de la falta de trabajo

o el mal trabajo que puedas tener.

Es una válvula de escape en todos los aspectos.

-Yo, por ejemplo, estoy en paro. Manuela también.

Y, entonces, al final estás en casa y estás a otras cosas.

Estás... yo qué sé, nerviosa,

pensando todo el rato en las mismas cosas.

Y aquí por lo menos nos relajamos.

Y luego lo que comentaba Manuela, a lo mejor si lo tienes que pagar,

si no puedes, porque no tienes unos ingresos ahora mismo,

como para tener un hobby

que tengas que pagar, como un gimnasio.

El 80 % de la gente que viene aquí

son de otros países y no tienen a nadie.

Entonces lo que sí que pretendemos es crear redes

y que entre ellas se puedan ayudar,

se conozca...

Compartimos con ellas desayunos, meriendas,

porque nos hemos dado cuenta de que, de las mujeres que vienen,

la mayoría no desayuna ni merienda

porque ese vaso de leche lo guardan para sus niños.

(RÍE)

-Tiempo, sí. -¿Cómo que no?

Mi abuela, ¿sabe lo que dice? Que no está mayor, está usada.

"Estoy muy usada".

-Es verdad. -Pues ya está, abuela.

Las cosas que se usan se van envejeciendo, ¿verdad?

-Es todo lo viejo feo.

-No, para nada, mujer.

Al contrario. -La ropa, los cacharros, todo.

-Nada. Si no damos gracias a lo viejo,

¿con lo que tenemos ahora qué hacemos?

Si no, no lo tendríamos.

-Bueno, ¿y qué tenemos?

-Poquito, muy poquito.

-¡Ya voy! -Vamos ya.

-¿Qué pasa, Marina? -Gonzalo, ¿qué tal?

-Muy bien. Muy contento.

-¿El trabajo va bien? -Nos renuevan.

-¡Qué guay! ¿Eh?

Muy bien, tío.

-Por fin salimos.

-Claro que se sale, hombre. -Claro que sí.

-Cuando se está abajo, no se ve.

-Bueno, chavales. -Gracias.

-Sobre todo ColaCao, que no tenemos,

productos de higiene

y papel del váter. Es primordial.

-Vale. A ver, chicos...

Mira, no tiene.

Al Aldi van Dani, Jota y Silvia, ¿vale?

Al Mercadona de Villa de Vallecas vamos a ir Patri, Jero y yo.

Hemos tenido donaciones de todo, desde lo más pequeño hasta, una vez,

nos dieron un carro entero, y la compra superaba los 300 euros.

-Muchas gracias.

-Creemos que es importante que la juventud se vea implicada,

porque es algo que le toca muy de cerca al barrio

y creemos que somos el siguiente relevo.

(Música)

Estoy en ERTE desde el 12 de marzo de 2020.

Trabajo en un centro de mayores del Ayuntamiento.

Hasta junio no cobré.

Y luego, en diciembre, tampoco cobré por un tema de una revalorización.

Y, bueno, son meses.

Hemos sobrevivido tirando de los pocos ahorrillos

que teníamos, que hemos generado en cinco años

con un sueldo.

De ahí hemos tirado, nos los hemos comido, prácticamente.

Entonces, los gastos superfluos han ido fuera.

Y los imprevistos ha habido que dilatarlos en el tiempo.

Y, por ejemplo, a mi mujer

se le cayó un implante que tenía

y hemos tardado como cuatro meses en poder ir al dentista.

También nos hemos tirado tres meses con la puerta de la casa rota,

que para salir a la calle se tenía que quedar alguien dentro.

Después de pagar hipoteca, luz, agua, gas,

que son los gastos más...

se me queda en unos 150 o 170, dependiendo si me cae agua o no,

o gas, que me he cae también por dos meses también, o no.

Básicamente, pongo en ERTE mi vida también,

y todos mis pagos y todo lo tengo que poner en ERTE.

Y elegir qué pago y qué no pago.

Y qué compro y qué no compro.

Mi hijo me pregunta muchas veces: "Papá, ¿por qué no vas a trabajar?",

y yo le digo que estoy de vacaciones o de permiso, que estoy de permiso.

He llorado mucho.

Pero bueno, ya está hecho, ya está llorado.

Ahora nos toca otra cosa.

(Música)

Cuando nos encontremos en ese escenario

de una precariedad superior a la que tenemos,

el fin de los ERTE, de los ERE

y fin de la suspensión temporal de los desahucios,

lo único que nos quedará es lo que tuvimos

cuando sacamos Somos Tribu,

que son nuestras relaciones vecinales,

nuestro apoyo mutuo y nuestra capacidad de trabajar

nuestros problemas no como problemas individuales,

sino como colectivos.

El futuro se avecina,

en el mejor de los casos, como ahora.

En el peor de los casos... O sea, va a más,

porque ahora lo que viene es una crisis económica.

(Música)

Hola.

-Hola Sandra. -¿Qué tal?

-¿Qué tal, maja? -Bien, pues aquí,

dándome todo el viaje desde Aranjuez hasta aquí.

-Pongo aquí la maleta, chica.

Azúcar...

-A mí, Somos Tribu me ha quitado años de encima,

porque yo antes, vamos, pero es que ya he llegado a una edad

en que ya lo tengo todo hecho.

Y, oye, que me sentaba en la televisión y me sentía triste,

pero es que ahora yo estoy encantada.

Yo antes trabajaba de empleada de hogar.

Llevaba muchísimos años en la casa...

Bueno, pues como se trabajaba antes.

Que es una pena, la verdad.

Porque ahora, todo el mundo me dice:

"Estoy trabajando por hora",

"No, no, asegurada, que luego tengas una pensión".

¿No me veis mí? No tengo nada.

Yo nací en el Pozo, en la chabola,

Nací en mi casa.

Había un señor que te vendía un terreno,

pero sin papeles ni nada.

Te lo vendía, tú hacía la casa y había un tal señor,

que no se me olvida, que se llamaba Piqueras,

que era algo del Ayuntamiento, que venía y decía: "Esa casa fuera",

y todos los vecinos la levantaban por la noche.

Hasta que ya el hombre se cansaba y decía: "Venga, que siga adelante".

-Vallecas es un barrio donde se han luchado la farolas,

se ha luchado el asfalto de las calles,

se he luchado la electricidad, la vivienda...

Históricamente, un movimiento asociativo vecinal

en Vallecas, en el barrio,

que construye la propia identidad del barrio,

que luego se ha ido, a lo largo de la historia,

yo creo, reproduciendo.

-Aarón. -Mamá.

-¿Vale? -¡Dile "gracias"!

-Gracias.

-Mira, de dragones.

¡Hala, cómo mola!

¿Te gusta?

-Me llamó mucho la atención, sobre todo como madre,

una mamá que vino con un niño de cinco años.

Le pregunté qué desayunaba el niño

y ella me dijo que su niño desayunaba todos los días

este poquito de leche en un vaso

y que le rellenaba con agua ese vaso.

Una mamá que llevaba tres días sin comer

porque los vecinos la estaban ayudando con alimentos

para sus niñas, y para que sus niñas comieran

ella no comía...

Tenemos casos muy sangrantes.

A nosotros nos ha venido mucha gente con la cabeza agachada

porque les daba vergüenza, porque no se han visto en otra.

Entonces, siempre lo que intentamos es establecer

una relación de vecino con vecino.

Yo no te estoy dando caridad, yo te estoy ayudando.

De hecho, los citamos por horarios,

porque lo que no queremos es que se formen colas.

No queremos que sean las famosas colas del hambre.

queremos que ellos se sientan bien,

porque hoy son ellos y mañana puedo ser yo.

En Vallecas llevo con esta farmacia desde hace 15 años.

La situación en esta zona siempre ha sido complicada,

especialmente desde que empezó la crisis del 2008.

Ha sido una crisis que, en este barrio,

realmente no se ha notado su desaparición.

¿Y qué es lo que ha sucedido?

Pues que hemos solapado una crisis con la otra.

Y hay muchísima gente que tiene que priorizar:

O como o tomo mi medicación habitual.

Desgraciadamente, esa es la realidad que estamos sufriendo.

El otro día tuvimos un ejemplo de una persona que nos dijo

que todo lo que tenía en la cuenta eran tres euros

y su medicación eran nueve euros.

-Buenos días, ¿tiene Estatina?

-Nosotros tenemos que estar bastante alerta,

porque ellos te dicen: "De toda esta medicación,

¿qué me cuesta cada medicamento?".

Y ellos suelen escoger en función del precio.

Y entonces nos vemos obligados nosotros un poco a aconsejar

en función de la necesidad.

-Tiene una lista muy larga. -Voy a mirar.

-Buenos días, Mari Ángeles. -Buenos días.

-Hola. Vengo por lo que tengo.

-¿Cómo vas con la infección de la boca?

-Pues bien. Se me ha bajado la inflamación.

-Bueno. -Te recuerdo que te debo 20 euros,

que ya te los daré cuando pueda. -No te preocupes.

-Ahora mismo, las circunstancias son criminales.

No puedo. -No te preocupes.

Me llamo Carmen. Soy una de las supervivientes,

como muchas personas, en el Puente de Vallecas,

que se busquen la vida cuando las ayudas sociales

no ayudan a las personas que estamos solas.

Habrá días en que puedes pagar la luz.

Habrá días en que puedas pagar el teléfono.

Habrá meses en que no puedes pagar nada,

porque los gastos vienen doblados.

La primera parte de la pandemia

tenía dos vecinas que no tenían comida.

Se quedaron paradas, eran de la hostelería.

Yo compraba comida del 50%

y yo las ayudaba.

Si había que comprar un pollo,

se compraba un pollo o dos pollos y se llevaba una parte a ellos.

Hoy en día es difícil ayudar a una persona

cuando tú tienes 551 euros de pensión.

El que recibe tiene que dar.

Y eso se llama supervivencia de las personas.

-Buenos días. -¡Buenos días, Carmen!

-¿Qué tal el día? -Bien, ahí vamos.

-¿Tienes algo de pan para dejarme? -Ayer me sobró algo de pan.

Vale, dame algo, anda, porfa,

-Sí, mujer. -Que no tengo para comprarlo.

-Esto es lo que te puedo dar. -Muchísimas gracias.

Buenos días. -Hola, buenos días.

-¿Tienes avíos que vayas a tirar?

-Sí, para ti siempre hay algo, claro que sí.

-Yo no me escondo, a mí no me da vergüenza salir adelante.

Vergüenza es cometer un delito.

-Yo tengo aquí, por ejemplo, clientes que vienen

y me piden un saco de patatas fiado.

Ya me lo va a pagar cuando pueden, a las dos o tres semanas.

Yo tampoco es que pueda mucho, pero bueno,

intentamos hacerlo por colaborar un poco.

-Vamos, yo lucho del peligro.

También hay momentos en que tiras la toalla,

pero, como no te queda otro remedio, tienes que cogerlo.

Si quieres vivir, claro.

Yo tuve dos hijos.

Mi marido, con 33 años,

se mató con un coche que no era suyo siquiera.

Y a los dos años siguientes de matarse él,

me mataron un hijo con 12 años.

Y aquí sigo.

Ahora tengo un nieto precioso.

una luchadora.

Todavía queda mucha faena para luchar.

Que no te creas que me da miedo absolutamente nada.

El miedo lo perdí.

Tengo la mala uva de una mujer y la mala leche de un tío.

Pero soy buena gente.

(Música)

"Es gente honesta, gente humilde,

gente que realmente valora lo que cuesta el día a día."

"Hay muchas Vallecas también,

hay muchos barrios dentro de nuestro distrito,

muchos barrios dentro del Gran Vallecas.

Pueden tener sus peculiaridades en algún punto

o diferencias urbanísticas."

"Para mí, Vallecas es un barrio muy pueblo,

donde la gente se saludaba por la mañana mientras pasean,

se conoce todo el mundo."

"Es un barrio obrero.

Quizá uno de los barrios obreros más grandes de Madrid.

Para nada peligroso, ni muchísimo menos, para nada."

"También tiene sus cosas malas, porque no todo es bueno en Vallecas,

pero tiene mucha más mala fama realmente de lo que es."

"Lo que me sorprende mucho

es que estamos a cinco minutos del centro de Madrid.

¿Y cómo pude haber tanta pobreza?"

"Vallecas es Vallecas.

Como Vallecas no hay dos.

Porque lo llevas en la sangre."

"La gente de Vallecas ha decidido

que ningún vecino se va a quedar fuera,

por eso Vallecas tan especial, porque cuando toca estamos todos."

(Aplausos)

"Que te dé un premio al Parlamento Europeo...

Llega en un momento en que nos da un impulso

que haya un reconocimiento tan importante.

Nos da un empujón a la hora de que, sí, que se reconoce la labor

que estamos haciendo

y no solo lo reconocen las propias vecinas,

sino que lo reconoce el Parlamento Europeo.

Somos feminismo. Somos artesanas.

Somos centros sociales, somos cultura,

somos apoyo a la maternidad

"Mientras en casa a los movimientos vecinales

se les están quitando espacios,

se les está poniendo piedras en el camino constantemente,

se nos está llamando chiringuitos...

O sea, justo en ese momento

en el que en casa te están un poco menos que apaleando,

te llega de fuera un reconocimiento que te está diciendo:

'No, lo estáis haciendo bien,

Las vecinas de Madrid lo están haciendo bien'."

-¡Viva Vallecas! -¡Viva!

# Mi barrio tiene, # tiene algo especial.

# Yo me quedo aquí. # Tengo lo fundamental:

# casa, trabajo, familia y amigos.

# Welcome to Vallecas, # el barrio donde crecimos.

# Mi barrio tiene algo diferente,

# se nota en las esquinas # en las calles y en su gente.

# Un barrio obrero # al sureste de Madrid.

# Aquí es donde nací. # Aquí quiero morir.

# Mi barrio tiene, # tiene algo especial.

# Yo me quedo aquí, # Tengo lo fundamental:

# casa, trabajo, familia y amigos.

# Welcome to Vallecas, # el barrio donde crecimos.

# Welcome, welcome. #

(Música)

Crónicas - La tribu de Vallecas - Ver ahora

¿Son medidas insuficientes?

Actualmente, el movimiento por la vivienda está coordinado a nivel estatal en campañas como #PlanSareb, exigiendo que las viviendas del banco malo pasen a ser vivienda pública y que se paralicen sus desahucios, o #GuerraACerberus (‘un movimiento contra la bestia’), un fondo dedicado a la especulación. Estas campañas suponen una apuesta por pasar a la ofensiva, superando la lógica de la organización local y señalando directamente a los responsables. Además, el objetivo es lograr, a través de la presión, negociar cara a cara con las entidades e imponerles convenios que defiendan el derecho a tener casas dignas y cumplan puntos más ambiciosos que los planteados por los gobiernos progresistas o los contemplados en la legalidad vigente.

Hace escasos días se alcanzaba finalmente un acuerdo entre los socios del Gobierno de coalición al respecto de los alquileres. Se decide imponer a los mercados una regulación de alquileres que es, en realidad, una congelación de precios. Funcionará en las zonas de mercado tensionado, deteniendo la subida de los precios. No obstante, Unidas Podemos ha advertido de que esta regulación que propone el departamento de Ábalos "no permitiría bajadas de los precios del alquiler, tal y como recoge el acuerdo entre ambas formaciones" formalizado en octubre de 2020. El movimiento que más ha presionado por estas regulaciones de alquileres es el Sindicato de Inquilinos, organización impulsora de la regulación catalana y que han ejercido, también, de interlocutor con partidos y Gobierno en esta negociación de una regulación estatal. Desde el Sindicato de Inquilinos consideran la medida completamente insuficiente, y defienden el exitoso funcionamiento de la regulación de alquileres catalana: incluso el desplome de la oferta que pronosticaba la patronal inmobiliaria no ha sido tal, con un aumento de los nuevos contratos respecto a otros años. La pelea continúa día a día y el derecho a la vivienda necesita valentía y firmeza en las decisiones políticas, si se quiere que dejen de obedecer únicamente a los intereses económicos de los especuladores. Y precisamente porque quienes siempre presionan a los gobiernos son los poderes económicos es tan relevante y valioso que la gente normal se junte para defender sus familias y sus casas.

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David Ortiz (Valencia, 2001) es estudiante de Antropología en la UCM y miembro del espacio de comunicación política El Observatorio.

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