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ENTREVISTA

Cristina Lizarraga, cantante de Belako: "Con el amor romántico se justifican tantas barbaridades que nos olvidamos de nosotras mismas"

  • La artista publica un fanzine con relatos de maltrato psicológico y memes de Culomala
  • "De vez en cuando está bien permitirte estar mal y tener momentos de desorden y caos"
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 Cristina Lizarraga, cantante de Belako y autora de "Quítame la culpa"
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Cristina Lizarraga lleva años sumergida en su trayectoria musical al frente de Belako. La cantante y teclista estudió Bellas Artes en la Universidad de Bilbao, su ciudad natal, y con tan solo 28 años ha dado el salto al mundo editorial tras publicar Quítame la culpa, un fanzine que recoge testimonios de maltrato psicológico desde un punto de vista crítico, emocional y cercano. Culomala, por quien confiesa sentir un vínculo especial, también forma parte del proyecto al poner la nota disonante con sus ilustraciones. 

"Este año nos ha obligado a hacer una introspección y casi todas hemos revisitado nuestras experiencias pasadas desde un punto de vista más crítico. Quizás haya llegado el punto donde nos hemos dado cuenta de que las cosas que habíamos dado por válidas, realmente estaban minando nuestra autoestima poco a poco". Bajo esta premisa nació un proyecto que va por la quinta edición y que promete ser el altavoz de multitud de experiencias que muchos de nosotros, seguramente, hayamos sufrido en algún momento de nuestras vidas.

"Me tiemblan las manos, no estoy cómoda, porque tengo tantas cosas que decir que rebosan. Son muchas las mujeres que llevan este exceso encima. Y eso justamente demuestra que su vida no es como debería ser. Y creo que es muy importante decirlo, porque es lo que yo padezco en este preciso instante y porque me parece que, como mujer, querría que se supiera que soy consciente de ello, y que sé que muchas mujeres comparten esto conmigo". Delphine Seyrig, 1972.

"Con el amor romántico se justifican tantas barbaridades que nos olvidamos de nosotras mismas"

“Cuando la historia es nuestra justificamos a los demás todo el rato. Pero cuando es ajena y empatizas, lo ves todo tan claro...”. Esta es una de las frases del libro. ¿Cuántas veces te ha pasado esto?

"Varias. Ceder y no poner límites es lo que hace que, sin ser conscientes, nos estemos haciendo de menos a nosotras mismas.Poco a poco esa lucha, que al principio es externa en una relación con otra persona, empieza a ser interna porque tú misma te estás poniendo piedras en el camino. De repente, aunque esa relación se haya acabado, deja un poso en ti de automaltrato y automachaque. Al final es un poco intentar dar luz a estas situaciones para que de ahora en adelante, cuando nos planteemos relacionarnos con alguien, pongamos límites y los tengamos claros".

"El problema es que con el amor romántico se justifican tantísimas barbaridades en cuanto a la codependencia que nos olvidamos de nosotras mismas y de lo que necesitamos. De alguna manera, nos ciegan un poco con todas estas lecciones tan bien aprendidas que tenemos. Está bien también saber que por mucho que te leas Quítame la culpa o que veas un montón de memes como los de Culomala, los entiendas y asimiles, todas seguimos aprendiendo. Se trata un poco también de desjerarquizar el amor respecto a otros afectos. Si no está en esa posición tan alta, dejará de tener el poder de destruirnos y el camino se hará más llevadero".

¿Crees que tenemos miedo a caer en el mismo error dos veces y que por eso maquillamos muchas de las situaciones por las que pasamos? ¿Para hacernos creer que no se parecen cuando realmente son idénticas?

"A mí me ha pasado tal cual. En mi relato dentro del fanzine lo cuento un poco por encima, pero básicamente es eso. Pasaron como unos tres años más o menos desde que salí de una relación de maltrato psicológico y me di cuenta de que me estaba metiendo en otra relación muy parecida. Por el carácter virtual yo no la estaba validando como tal y pensaba que era una cosa de WhatsApp. Pero en realidad, y esto también lo hablamos en el fanzine, es igual de válida -aunque sea por cualquier chat-, porque al final es un contacto casi siempre 24/7 y codependiente. Los silencios son violencia, el ghosting te crea unas inseguridades terribles, tienes una sensación de vacío... Cuando has pasado por algo anteriormente, piensas que no te va a volver a pasar. A la hora de contarlo, la culpa también está ahí porque te da miedo que te juzguen por ello. A veces ni tú misma eres consciente de que las situaciones son las mismas, aunque intentes por todos los medios repetirte que no se parecen en nada".

"Si normalizas las dinámicas de poder y sumisión, puedes estar reproduciéndolas sin darte cuenta"

¿Crees que las mujeres seguimos siendo juzgadas de “demasiado sensibles”, “demasiado intensas” o de “exageradas” cuando mostramos nuestros sentimientos?

"Sí, sigue habiendo una connotación en cuanto a la sensibilidad y a ser como muy dramáticas. Pero también creo que es un arma que estamos utilizando y que al final, lo que se está poniendo sobre la mesa es que esto no deja de ser madurez emocional. Sinceramente, me alegro de estar del lado de las intensas y las dramáticas, porque por lo menos estoy intentando ser mejor y no reproducir eso con otras personas, que puede que sea el peligro de todo esto: si tú normalizas las dinámicas de poder y sumisión en las relaciones, puedes estar reproduciéndolas sin darte cuenta. ¿Cuánta gente que ejerce violencia psicológica ha sido previamente maltratada?".

En el fanzine hablas mucho sobre “darse cuenta” de experiencias pasadas que quizás no se valoran correctamente hasta que no coges cierta perspectiva. ¿Crees que a veces no somos capaces de asimilar lo que nos ocurre y que por eso somos incapaces de subsanar el error y de empezar a querernos como debemos?

"Algo que me parece importante es intentar extrapolar estas vivencias a todas las relaciones, no solo a las sexoafectivas o a las románticas. Es decir, tenemos que intentar aplicar este aprendizaje y que nos ayude a observarlo todo desde otra perspectiva. Por mucho que estemos haciendo ejercicios de introspección y terapia, es normal que no seamos capaces de observarnos a nosotras mismas con esa especie de imparcialidad científica. Es que no se puede. Está bien ser parcial sobre tu propia vida y permitirte momentos de desorden y de caos. Justo ahora tenemos que ser especialmente permisivas con eso. No debemos ponernos en una situación de indefensión, sino covertirlo en un arma y herramienta todo lo que nos está pasando".

"Me parece sano que la ruptura no sea un tabú"

¿Crees que los vínculos ahora mismo son más volátiles que hace unos años? ¿Vivimos las relaciones –de todo tipo- de manera diferente?

"Creo que ahora sí que se viven de manera diferente. La generación de nuestros padres no se planteaba tanto ni que su carrera no fuese a ser su profesión durante toda la vida, ni que su pareja no fuera a durar para siempre. Era como que se daba todo por sentado con una durabilidad. Ahora por lo menos vivimos más en el "bueno, puedo estar estudiando esto ahora pero quizás llegue a trabajar de otra cosa". Y con las parejas me parece sano el hecho de que la ruptura no sea un tabú. Al mismo tiempo, cuando llegas a un punto de mucha comodidad o compenetración, es difícil asumir que eso se pueda acabar. Da mucho pánico y vértigo. Con cualquier relación pasa eso, ¿no? Al final, la ansiedad es eso: pensar en un eventual futuro catastrófico".

"Personalmente, tengo un montón de cambios existenciales y me contradigo un montón. Entonces, siendo así, me parecería imposible estar con una persona para toda la vida. Pero hay gente también que se esfuerza y trabaja los vínculos partiendo de ahí. Sobre todo, hay que considerar que cuando una relación se acaba no es un fracaso. Es lógico y legítimo estar mal y estar triste, pero no porque lo hayamos hecho mal o porque estemos puestos en duda, sino porque hemos sentido algo que es real y que ha llegado a su fin. En el momento en el que vivimos, los duelos se extienden porque no tienes la sensación de avanzar".

"El permitirse estar triste es un ejercicio que debemos hacer todas de vez en cuando"

Entre la población, sobre todo joven, siempre ha existido el tabú a la hora de contar públicamente que se acude a un psicólogo. ¿Crees que poco a poco está dejando de ser así y que estamos empezando a normalizarlo?

"Creo que es generacional. Aún así, observo a bastantes personas a mi alrededor que están esperando demasiado tiempo para dar ese paso y buscar ayuda. Todas hacemos cualquier cosa para mantenernos en forma, pero la terapia es un poco como el pilates o el yoga mental: se trata de aprender a relajar los músculos que usas demasiado y fortalecer los que tienes más adormilados. Yo empecé yendo por el duelo de mi abuela cuando falleció, pero fui a un profesional que no me ayudó demasiado. En realidad, yo lo que necesitaba era ayuda por lo que estaba viviendo en ese momento, que era el maltrato psicológico. Como no era capaz de identificarlo, no lo supe a tiempo. Todo lo que vas acumulando, si no lo tratas, también pueden desarrollarte -como me ha pasado a mí- problemas como un TCA. Es algo que no deja de ser un indicador de emociones que no estás sabiendo gestionar. Aunque no creo que haya que tener una patología grave para decidir acudir a terapia. De hecho, ojalá hubiera podido ir antes y no haber caído en esas".

¿Qué conclusión sacas tras haber leído tantos testimonios después de lanzar el tuyo?

"Me queda una sensación como de que todas las historias son un poco la misma. A raíz de sacar el fanzine me ha escrito un montón de gente. Es súper positivo hacer el ejercicio de sacarlo todo hacia fuera. Es muy importante porque, de alguna manera, forma parte del proceso de curación. Ya no es como una nube gris que me acompaña y que no identifico, sino que le estoy poniendo palabras y un comienzo y un final. No significa que eso ya no forme parte de tu vida, sino que ya no es lo que te define tampoco. Los ritmos son muy importantes, porque vivimos en un mundo de la inmediatez y de lo quiero para ayer. Nos transmitimos esa exigencia a nosotras mismas y no puede ser. Creo que no nos dejamos estar mal, y a veces es necesario. El permitirse estar triste es un ejercicio que debemos hacer todas de vez en cuando".

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