Lucía Dominguín recuerda a Bimba Bosé: "Nunca se sana, pero sí aprendes cosas"
- La artista conversa con Mercedes Milá sobre el amor, la vejez, su familia y la pérdida de su hija
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Este episodio con Lucía Dominguín empieza de una forma inesperada. Scott, el perro de Mercedes Milá, no está bien y tiene que llevarlo al veterinario, donde le comunican que necesita una operación urgente. Este hecho marca el tono de una entrega de Me meto en un jardín, atravesada por la fragilidad, el paso del tiempo y la manera en que los seres humanos vamos afrontando los obstáculos que la vida nos pone delante.
A partir de ahí, la conversación con Lucía Dominguín se mueve entre la memoria familiar, el humor y su particular forma de mirar la vida. La artista recuerda a su padre, el torero Luis Miguel Dominguín, a partir de una entrevista mítica que Mercedes le hizo junto a Miguel Bosé. Habla de él con cariño, pero también con perspectiva. "Yo es que lo adoraba", reconoce, aunque admite que no siempre fue fácil entenderse con un hombre educado en otra época.
También habla de su madre, Lucía Bosé, definiéndola como una mujer original, adelantada a su tiempo y fuerte, pero también como una madre complicada de la que aprendió cómo no hacer las cosas cuando tuviera a sus hijos.
La vejez y el amor
En una anécdota sobre la altura, Mercedes cuenta que acaba de descubrir que ya no mide 1,70, sino 1,68. Ha "menguado". Lucía responde con humor y el tema queda ahí, pero resume bien algo que recorre el episodio: el cuerpo cambia, el tiempo pasa y toca ir asimilándolo.
El amor también es parte central de su conversación. Para Dominguín, no se puede prescindir del amor, aunque sí del sexo, de la pareja o de tener a alguien al lado. El amor, dice, está en las personas que la rodean, en sus amigas, en lo que ocurre en ese momento. Y es lo que le hace crecer, no el sexo.
Identidad y memoria
Lucía cuenta también por qué empezó a ponerse flores en la cabeza. Dice que, por su altura y su mirada, sentía que daba miedo. Las flores aparecieron como una forma de "crear una sonrisa". Con el tiempo, esa imagen se convirtió en una firma propia: "Soy la loca de las flores en la cabeza".
El momento más íntimo llega cuando Mercedes menciona a su hija, Bimba Bosé. Lucía responde que no puede hablar de ella todavía. Tan solo han pasado siete años desde el fallecimiento de la modelo y cantante. La respuesta de Lucía es breve, pero lo dice todo: "Nunca se sana, pero sí aprendes cosas".
El episodio también se detiene en otra pérdida: la de Félix Rodríguez de la Fuente. En una conversación con su hija, Leticia Rodríguez de la Fuente, recuerda que murió el día de su cumpleaños y cómo lo vivió su familia. Mercedes define la muerte del naturalista español como "una herida en el alma de España".
En este episodio, Mercedes Milá y Lucía Dominguín hablan del paso del tiempo y de lo que queda después de la pérdida, y todo acaba apuntando a lo mismo: vivir también es aprender a seguir con lo que cambia, con lo que falta y con lo que todavía nos sostiene.